El vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y antiguo jefe del Kremlin, Dimitri Medvedev, ha afirmado este viernes que Estados Unidos está obligado a aceptar la “legitimidad” de la invasión de Ucrania después del ataque lanzado contra Venezuela el pasado 3 de enero, que terminó con la detención del presidente venezolano, Nicolás Maduro.
En una publicación difundida en redes sociales, Medvedev ha calificado de “grosería y vileza” la actuación de Washington en Caracas para apartar del poder a Maduro, y pone en duda que a la Administración estadounidense le interese escalar la operación en el país si las autoridades interinas se resisten a colaborar con Estados Unidos.
El dirigente ruso sostiene que, tras la operación militar en Venezuela, las élites de Estados Unidos deben “meter para siempre sus largas lenguas en sus traseros raquíticos” y “reconocer la legitimidad de las acciones de Rusia en el marco de la operación militar especial”, expresión con la que los responsables rusos describen la invasión de Ucrania.
Medvedev advierte además de que, si Washington decide intervenir de nuevo en Caracas en caso de falta de cooperación de las autoridades venezolanas para compartir el petróleo a largo plazo, se enfrentará a un escenario “mucho más sangriento”. “¿Acaso Trump iniciará realmente una operación terrestre? En ese caso, sin duda no podría prescindir del Congreso, y sería mucho más sangrienta que el descarado secuestro de Maduro”, ha señalado.
MADURO COMO UN “MANDELA LATINOAMERICANO”
En cualquier caso, Medvedev sostiene que, respecto al futuro de Maduro, solo queda que Washington lo libere “discretamente” y “bajo algún pretexto plausible”, o que el líder chavista termine convertido en “un nuevo Mandela latinoamericano”.
“Entonces su nombre será inscrito en las tablas de la historia sudamericana junto a Bolívar, Miranda y Chávez”, ha indicado, apuntando que, a su juicio, este es el desenlace más probable.
El exmandatario ruso considera que Maduro acabará recibiendo un indulto, ya sea por parte de Trump o de su sucesor en la Casa Blanca, cuando la presión de la opinión pública se vuelva insostenible.