La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha salido de la derrota en el referéndum sobre la reforma constitucional de la magistratura con una crisis interna de alto voltaje que ha puesto a prueba su autoridad al frente del Gobierno.
Tras la votación que debilitó su posición, Meloni exigió la dimisión de varios altos cargos involucrados en investigaciones judiciales, entre ellos la ministra de Turismo, Daniela Santanchè, quien durante horas se negó a renunciar, enfrentándose públicamente a la jefa del Ejecutivo antes de finalmente ceder al final de la tarde.
Pulso político en el Palazzo Chigi
La tensión en el Palazzo Chigi, sede del Gobierno, alcanzó su punto álgido el martes y miércoles. Mientras Andrea Delmastro, subsecretario de Justicia, y Giusi Bartolozzi, jefa de gabinete del ministerio, presentaban sus renuncias tras verse implicados en casos judiciales —Delmastro por abrir un restaurante con un mafioso y Bartolozzi por la liberación del militar libio Osama Almasri, reclamado por crímenes contra la humanidad—, Santanchè mantuvo un pulso con Meloni, respaldándose en su historial político y en su reputación como figura influyente de la jet set italiana.
Santanchè desafía a Meloni
Durante la disputa, la ministra conocida como La Pitonessa emitió un breve comunicado indicando que permanecería en su despacho y que sus compromisos seguirían vigentes, un gesto que Meloni respondió con un órdago público, instando a Santanchè a seguir la misma línea que los otros funcionarios.
La ministra finalmente presentó su renuncia alrededor de las seis de la tarde, subrayando en su carta que su expediente judicial aún no cuenta con sentencia firme y que no deseaba convertirse en “chivo expiatorio de una derrota” atribuida al referéndum.
Una primera ministra debilitada
El conflicto puso de relieve la fragilidad de Meloni tras la votación, que evidenció un descontento del electorado con la estrategia del Ejecutivo y la constante confrontación con la magistratura. Santanchè, acostumbrada a lidiar con batallas políticas de alto nivel, defendió su postura citando incluso la Constitución italiana y enfatizando que su renuncia solo sería válida ante una solicitud explícita y pública de la primera ministra.
El episodio ha generado un clima de humillación política para Meloni, recordando un precedente similar ocurrido en 1995, cuando la intervención de la presidencia de la República fue necesaria para resolver una disputa ministerial. La situación también ha abierto especulaciones sobre unas elecciones anticipadas, que podrían celebrarse antes de lo previsto en 2027, en un contexto donde la oposición busca consolidar alianzas y definir candidatos, con nombres como Elly Schlein, Giuseppe Conte y Ernesto Maria Ruffini en juego.