Dos mujeres militares del Ejército israelí fueron acosadas este domingo por un numeroso grupo de ultraortodoxos en la ciudad de Bnei Brak, en las inmediaciones de Tel Aviv, y tuvieron que ser rescatadas por agentes de Policía, en un episodio que ha provocado una oleada de reproches en prácticamente todo el arco político de Israel.
Las soldados, integrantes del Cuerpo de Educación y Juventud, se habían desplazado a esta ciudad de mayoría ultraortodoxa en una visita cuando se produjo el incidente. Según se aprecia en un vídeo difundido en redes sociales, varias decenas de hombres comenzaron a correr hacia ellas, visiblemente alterados y gritando.
Durante los disturbios, los manifestantes volcaron papeleras, incendiaron una motocicleta y llegaron a dar la vuelta a un vehículo policial. Las fuerzas de seguridad han informado de que la zona se encuentra ya bajo control y que las dos militares fueron evacuadas del lugar.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha expresado su “contundente condena” a lo sucedido. “Es una minoría extremista que no representa a la comunidad haredí” o ultraortodoxa en su conjunto, ha señalado, según recogen los medios israelíes.
Netanyahu ha calificado lo ocurrido de “una cuestión grave” e “inaceptable”. “No vamos a permitir la anarquía. No vamos a tolerar ninguna agresión contra personal de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ni contra las fuerzas de seguridad que trabajan con dedicación y determinación”, ha insistido.
El Ejército israelí también ha expresado su rechazo y ha condenado “contundentemente” el asalto, recordando que las dos militares se encontraban “realizando una misión militar”. El jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ha recalcado que “una agresión de civiles contra soldados de las FDI es una línea roja y los responsables deben ser tratados con dureza”.
En términos similares se han pronunciado el ministro de Defensa, Israel Katz, y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, quien ha advertido de que los autores del “criminal e imperdonable” ataque “pagarán un alto precio”. No obstante, ha subrayado que no representan a la “vasta mayoría de los haredíes”. Ben Gvir ha informado de que un policía resultó herido y ha precisado que, por el momento, no se han practicado detenciones.
La oposición se ha sumado igualmente a las críticas y ha reclamado a los diputados ultraortodoxos que se pronuncien. El líder opositor, Yair Lapid, ha cuestionado: “¿De quién se preocupa más Netanyahu, de nuestros soldados o de sus socios de coalición?”.
Lapid ha reclamado medidas inmediatas: “Tiene que haber una oleada de detenciones en las próximas horas. No puede ser que en el Estado de Israel los soldados de las FDI y los policías sean atacados. Cualquiera que haya participado en el ataque contra nuestros soldados debe terminar el día en prisión. Basta de anarquía”.
El dirigente de Azul y Blanco, Benny Gantz, ha denunciado que los militares y agentes “eran atacados como si fuera Yenín”, algo que, a su juicio, refleja “un mínimo moral que no tiene nada que ver con el judaísmo”.
En la misma línea, el líder de Yisrael Beitenu, Avigdor Liberman, ha afirmado: “Hay una campaña contra las mujeres en la esfera pública (...). No son judíos. Son terroristas”. El ex primer ministro Naftali Bennett también ha censurado que “se ha cruzado una línea roja” y ha prometido “devolver el buen gobierno a Israel”.
Este estallido de tensión se produce en un momento de fuerte enfrentamiento entre la comunidad ultraortodoxa y el Gobierno por la propuesta de una nueva normativa que permita su incorporación al servicio militar obligatorio de dos años, del que hasta ahora estaban exentos por motivos religiosos. El rechazo es especialmente intenso respecto al alistamiento de mujeres, que choca con las tradiciones misóginas arraigadas en parte de este sector.