El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha acusado este viernes, a tan solo dos días de las elecciones legislativas, a actores extranjeros de orquestar una campaña para desacreditar los comicios y generar altercados durante la jornada electoral, tras insistir en que el “cambio es peligroso” y presentar a su partido, Fidesz, como la alternativa más segura.
En un mensaje difundido en redes sociales a escasas jornadas de la votación, el dirigente húngaro ha subrayado que el domingo se decide no solo quién gobierna, “sino el destino del país”. “Ahora el peligro es que podríamos perder todo lo que hemos construido juntos”, ha recalcado.
“Nuestros oponentes no se detendrán ante nada para llegar al poder, están confabulándose con servicios secretos extranjeros, amenazando a nuestros seguidores con violencia y ya están denunciando fraude electoral con acusaciones fabricadas antes de las elecciones”, ha denunciado el líder ultraconservador, que ha advertido además de que ya se han convocado “manifestaciones y disturbios” coincidiendo con la cita con las urnas.
Ha descrito estos movimientos como un “intento organizado de cuestionar la decisión del pueblo húngaro mediante el caos, la presión y el descrédito internacional”, en referencia al supuesto complot extranjero dirigido contra las elecciones en Hungría.
Orbán ha reiterado igualmente que “no es momento para la división, la ira ni el odio”, remarcando que el “cambio es peligroso” y que el país precisa ahora “cooperación, unidad y seguridad”.
Las legislativas húngaras se perfilan como las más reñidas en muchos años, con un Orbán desgastado por unos sondeos poco favorables y apelando al respaldo de una mayoría silenciosa ante el empuje del opositor y exintegrante de Fidesz, Peter Magyar, cuyo partido, Tisza, encabeza las encuestas.
La convocatoria electoral podría poner fin a los 16 años de mandato de Orbán, en un contexto marcado por el apoyo de Estados Unidos, cuyo vicepresidente, JD Vance, se ha desplazado esta misma semana a Budapest para mostrar su respaldo al dirigente ultraderechista frente a lo que ha calificado como “uno de los peores casos de injerencia extranjera”, aludiendo a la presunta campaña dentro de la Unión Europea para forzar la caída del primer ministro húngaro.