El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha hecho públicas supuestas amenazas dirigidas contra él y sus familiares procedentes de Ucrania, en un momento de fuerte deterioro de las relaciones bilaterales por la invasión rusa y por la reparación del oleoducto Druzhba, dañado en el marco de la guerra y cuya restauración Budapest insiste en que debe asumir Kiev.
"Escucha, estoy seguro de que verás en las noticias que los ucranianos me han amenazado no sólo a mí, sino también a ti", ha advertido a su hija durante una conversación telefónica, que ha hecho pública a través de un vídeo en redes sociales.
En la grabación difundida en Internet, el dirigente magiar intenta tranquilizar a su hija y le pide "no tener miedo", aunque recalca que deben "tomarse en serio" las amenazas, sin aclarar en ningún momento qué tipo de intimidaciones habrían recibido él y su entorno.
En días recientes, Hryhoriy Omelchenko, exoficial del Servicio de Seguridad de Ucrania y antiguo parlamentario, envió un mensaje al jefe de Gobierno húngaro en plena polémica por su "postura anti-Ucrania" respecto al conflicto, recordándole que "el karma no perdona a nadie".
"Sabemos dónde vive, dónde duerme, dónde bebe vino, por dónde sale y con quién se encuentra", aseguró sobre Orbán, a quien calificó como "cómplice" en los crimenes de guerra del presidente de Rusia, Vladimir Putin.
Estas manifestaciones se suman a la advertencia velada lanzada la semana pasada por el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, cuando mencionó la posibilidad de facilitar el número de teléfono de Orbán a las Fuerzas Armadas de Ucrania para "comunicarse con él en su propio idioma", en referencia al bloqueo húngaro a los 90.000 millones de euros del paquete de ayuda de la Unión Europea.
El oleoducto Druzhba, eje del conflicto diplomático
Las ya complicadas relaciones entre Budapest y Kiev por la ofensiva rusa, con Hungría actuando como principal socio de Moscú dentro de la Unión Europea, se han convertido en un asunto central del debate político interno antes de las elecciones legislativas del próximo 12 de abril, en las que Orbán aspira a revalidar mandato en un escenario muy reñido.
El pulso se ha agravado por la interrupción del oleoducto Druzhba. Para el Gobierno húngaro, la responsabilidad de reparar esta infraestructura clave para el abastecimiento energético del país recae sobre Ucrania, que detuvo el flujo de crudo a través de la tubería tras un ataque ruso que afectó a las instalaciones, según la versión de Kiev.
El miércoles, Orbán envió una delegación a territorio ucraniano con el objetivo de comprobar sobre el terreno el estado del tramo situado en la región de Leópolis. Las autoridades ucranianas, sin embargo, han restado importancia a este desplazamiento y sostienen que no se trata de una misión oficial al no haber reuniones formales programadas.
A la disputa por el Druzhba se suma el requisamiento en Hungría de activos del banco estatal ucraniano Oschadbank, valorados en decenas de millones de euros, así como de nueve kilos de oro que portaban siete empleados de la entidad cuando atravesaban el país. Budapest ha condicionado la devolución de estos bienes al levantamiento del bloqueo sobre el oleoducto.