En comparación con la segunda vuelta de las pasadas elecciones municipales, celebradas en plena pandemia de COVID-19, la participación en este proceso electoral ha sido notablemente superior. En 2020, la participación a las 12:00 horas fue de apenas el 15,29%, mientras que este año se ha registrado un incremento significativo. En 2014, la participación al mediodía alcanzó el 19,83%, y en 2008 fue aún mayor, con un 23,68%.
A pesar de este repunte en la participación, la primera vuelta de las elecciones municipales del pasado domingo terminó con la tasa de abstención más alta registrada en este tipo de comicios, superando el 40%, sin contar las elecciones de 2020 afectadas por la pandemia. Este dato subraya la falta de implicación política de una parte significativa de la población en el proceso electoral.
De los 48 millones de franceses con derecho a voto, 17 millones están llamados a las urnas en esta segunda vuelta, tras la constitución de las alcaldías de más del 90% de los 35.000 Ayuntamientos en la primera vuelta. Ahora, los focos se centran en las grandes ciudades, donde los resultados siguen siendo inciertos y las batallas entre los principales candidatos están más reñidas que nunca.
París y Marsella, claves para el futuro político
Las elecciones se juegan principalmente en las cinco grandes ciudades de Francia, que se perfilan como decisivas para determinar el rumbo político de los próximos años. En París, la ciudad que ha sido gobernada por los socialistas durante 25 años, la conservadora Rachida Dati se perfila como una de las principales contendientes con un 25,46% en la primera vuelta. Frente a ella, los candidatos de la izquierda están divididos, con Emmanuel Grégoire, el socialista, alcanzando el 38% y la radical Sophia Chikirou con 11,72%. La posibilidad de que Dati arrebate la alcaldía a la izquierda está cada vez más cercana.
En Marsella, la segunda ciudad del país, el actual alcalde socialista Benoît Payan mantiene el 36,70% frente al ultraderechista Franck Allisio (35%) y la conservadora Martine Vassal (12,41%). En este caso, la extrema derechaparece tener mayores posibilidades de influir en el resultado final.
Niza y la batalla por la extrema derecha
La ciudad de Niza también se perfila como un campo de batalla clave para la extrema derecha, con el candidato Éric Ciotti (43,43%) en una posición fuerte para derrotar al actual alcalde, Christian Estrosi (30,92%), en el cargo desde 2008. Esta ciudad, que históricamente ha sido un bastión de la derecha tradicional, podría convertirse en un feudo para el partido de Le Pen si Ciotti logra consolidar su apoyo en la segunda vuelta.
Alianzas de izquierda y resistencia ecologista
El ascenso de la extrema derecha ha forzado a la izquierda a formar alianzas en diversas ciudades, a pesar de las diferencias entre los partidos. El ejemplo más destacado de esta alianza de izquierda es Toulouse, aunque también se han producido acuerdos en otras ciudades clave como Nantes, Brest, Clermont-Ferrand y Limoges. Estas coaliciones podrían ser determinantes para el futuro político de estas localidades.
En Lyon, tercera ciudad de Francia, los ecologistas intentan consolidar su poder, tras el éxito de 2020. El actual alcalde, Grégory Doucet, está al frente con un 37,36%, aunque el empresario Jean-Michel Aulas, apoyado por la derecha y el centro, se perfila como su principal competidor, con 36,78%.
El reto de los ecologistas en otras ciudades
Sin embargo, los verdes tienen un reto importante en Burdeos, Estrasburgo y Grenoble, donde podrían perder el control tras su victoria en 2020. El futuro de estas ciudades será uno de los puntos clave de la segunda vuelta.
¿Qué pasará con los candidatos del Ejecutivo?
El comportamiento de los candidatos del partido del presidente Macron también es crucial en estas elecciones. En Le Havre, la candidatura de Édouard Philippe, ex primer ministro, se encuentra bajo una gran presión, ya que no lograr revalidar el cargo podría afectar sus aspiraciones presidenciales.
Este fin de semana, los ciudadanos franceses decidirán si las alianzas de izquierda prevalecerán o si la extrema derechaconseguirá imponerse en más ciudades. Lo que está claro es que las elecciones municipales de 2026 marcan una etapa crucial en la política francesa.