Para entender lo que está pasando en la economía, hay que mirar un mapa. En el extremo sur del Golfo Pérsico, entre la costa de Irán y la de Omán, existe un paso de unos 33 kilómetros de anchura en su punto más estrecho: el estrecho de Ormuz. Por allí circula, cada día, aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y una proporción similar de los envíos globales de gas natural licuado.
Cuando el tráfico a través del estrecho se detiene, los precios del petróleo podrían subir aún más si el tráfico permanece prácticamente detenido durante un período prolongado.
Irán ha disparado contra algunos barcos en el estrecho, y los ataques podrían hacer que operadores marítimos y aseguradoras decidan evitar la zona, lo que en la práctica detendría el tráfico o dispararía los costes del transporte. Ya ocurrió: la empresa naviera danesa Maersk suspendió todos sus cruces por el estrecho desde el primer día del conflicto.
La firma de inteligencia energética Kpler informó que el tránsito de petroleros por el estrecho había caído un 90% respecto a la semana anterior.
Los mercados ya han respondido
Los números son elocuentes. El barril de West Texas Intermediate subía un 7% hasta los 79 dólares, su nivel más alto en más de un año. El barril de Brent del Mar del Norte avanzaba hasta los 85 dólares. Desde el viernes anterior al inicio del conflicto, el Brent acumula una subida de más del 16%.
Las bolsas cayeron en cascada. Las acciones asiáticas se desplomaron, con una liquidación récord en Seúl: el Kospi de Corea del Sur retrocedió un 12%, el Nikkei japonés cerró con una baja del 3,6% y el TSEX 50 de Taiwán cayó un 4,1%.
El oro y el dólar actuaron como refugio. El índice del dólar subió un 0,95%, borrando sus pérdidas en lo que va del año y alcanzando su nivel más alto en cinco semanas.
Los bonos del Tesoro estadounidense reflejaron expectativas de más inflación: el bono a 10 años trepó al 4,13% desde el 3,97% previo al inicio de la guerra, lo que refleja una mayor expectativa de inflación y podría obligar a la Reserva Federal a mantener las tasas de interés elevadas por más tiempo.
El FMI avisa: demasiado pronto para medir el daño
El conflicto en expansión en Medio Oriente podría tener "un impacto muy grande en la economía global en una serie de métricas", como la inflación y el crecimiento económico, según Dan Katz, subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional. Antes de que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán, el FMI esperaba que la economía global creciera un saludable 3,3% este año.
El organismo no ha cambiado todavía su previsión oficial, argumentando que es "demasiado pronto" para evaluar el daño, pero sus propios portavoces ya hablan de impacto "muy grande".
Según los analistas, un escenario en el que el petróleo se negocie alrededor de los 80 dólares por barril y el conflicto sea relativamente breve tendría un impacto limitado en la economía global. Sin embargo, un escenario en el que el petróleo supere los 100 dólares sería "cualitativamente diferente", con impactos mucho mayores en la economía mundial.
Wells Fargo lo pone en términos directos: "Si los precios del petróleo escalan hasta los 100 dólares el barril y se mantienen ahí, podría ser demasiado para que la economía global lo soporte", advirtió el estratega Scott Wren.
El impacto en España: dos décimas de PIB y la inflación por encima del 3%
España no importa petróleo iraní directamente y solo una pequeña fracción de su abastecimiento transita por Ormuz. Pero eso no la protege: el precio que pagan los consumidores españoles es el precio internacional.
El conflicto en Oriente Medio podría ralentizar en dos décimas el crecimiento de la economía española y elevar la inflación por encima del 3% antes de este verano, según el análisis de Funcas. El cierre casi total del estrecho de Ormuz ha provocado un aumento inmediato en los precios energéticos, con el combustible registrando ya una subida de 10 céntimos por litro en apenas una semana y la electricidad encareciéndose un 13% respecto al mes anterior.
Funcas cifra que la suma de todos los canales de impacto -consumo, exportaciones, turismo e inversión- podría restar al PIB unas dos décimas de crecimiento en 2026, siempre que la contienda esté acotada a tres meses y los daños sobre las infraestructuras energéticas de la región no sean severos.
La comparación que da más contexto la ofrece Goldman Sachs: si los precios del petróleo se mantienen en los niveles actuales durante varios meses, la inflación de precios al consumidor en Estados Unidos podría subir del 2,4% en enero al 3% para finales de año. En España, la trayectoria sería similar o incluso más agresiva.
Lo que el conflicto ya le está costando a las pensiones
El impacto de la inflación tiene una consecuencia directa para las arcas públicas que rara vez se menciona en los análisis de mercado. El aumento de la inflación implica que la Seguridad Social gastará al menos 7.000 millones de euros más en pensiones en 2026, debido a la revalorización automática.
El encarecimiento de la energía y los fertilizantes podría trasladarse a los precios de alimentos y otros productos, agravando el impacto económico.
Golfo Pérsico, fertilizantes y la cesta de la compra: el canal oculto
Hay un efecto que los análisis de primeras horas tienden a subestimar: el impacto sobre los fertilizantes y los alimentos. Los países del Golfo producen el 30% de los fertilizantes a escala mundial y también hacen una importante aportación al comercio del acero. Desde exportaciones de arroz atascadas en puertos de la India hasta picos en el precio de fertilizantes críticos para la producción de alimentos, ya hay señales de tensión a lo largo de las arterias del comercio global.
El impacto en la alimentación no llega de golpe, sino de forma progresiva: el gasóleo encarece el transporte de mercancías, el transporte encarece los alimentos y los alimentos elevan el IPC. La OCU ya ha estimado una subida de entre 8 y 10 céntimos por litro de combustible en las próximas semanas si el Brent se mantiene en la zona de los 80 dólares.
Lo que ya está subiendo en tu día a día
Gasolina:
En España los precios subieron 11 céntimos en dos días. Los más precavidos llenan los depósitos ante la sensación de que la subida va a ir a más. Las petroleras españolas aseguran que no hay riesgo de desabastecimiento, pero los números siguen subiendo.
Gas y electricidad:
El cierre de Ormuz y la decisión de Qatar de parar la producción -siendo responsable de una quinta parte del gas natural licuado mundial- provocaron una subida del 40% del precio del gas en un solo día, llegando a tocar los 62 euros por megavatio hora cuando el viernes anterior cerraba a 31. Cuatro Se estima que la factura de gas natural regulada por la Tarifa de Último Recurso podría encarecerse hasta un 100% en la revisión de abril.
Vuelos:
El ataque de Israel y EEUU a Irán ya ha tenido un efecto directo en el turismo, no solo por el cese de vuelos con el cierre del espacio aéreo, sino también por cómo ha afectado a las compañías aéreas con vuelos a destinos de Bahrein, Irán, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí.
Hipotecas:
Si la inflación sube y el BCE reacciona frenando los recortes de tipos previstos, quienes tienen hipotecas a tipo variable notarán el impacto en su cuota. Según un economista senior de Nomura, un cambio del 10% en los precios del crudo provoca un impacto de 0,4 puntos porcentuales en la inflación y un impacto aproximado de 0,2 puntos a través de otros componentes del IPC durante un periodo de hasta tres años.
Los dos escenarios: breve o prolongado
Todo depende de cuánto dure. Los analistas manejan dos escenarios con consecuencias muy distintas.
En el escenario favorable, una desescalada rápida devolvería el petróleo a niveles cercanos a los 65 dólares. El impacto inflacionario sería reducido, el golpe al crecimiento español quedaría en esas dos décimas de PIB que estima Funcas, y los precios en gasolineras normalizarían en semanas.
En el escenario adverso, si el estrecho se cierra y la infraestructura energética resulta dañada, el barril podría superar los 100 dólares durante un periodo prolongado. La inflación podría aumentar en torno a dos puntos porcentuales y Europa enfrentarse a una posible recesión. Para los hogares, esto implicaría gasolina mucho más cara, facturas energéticas elevadas y presión sobre las hipotecas.
La diferencia respecto a 2022: España llega mejor, pero no blindada
La referencia constante es Ucrania. En 2022, el gas llegó a superar los 300 euros por megavatio hora. Ahora ronda los 57-62 euros. España llega a este shock con una dependencia energética del Golfo más baja que entonces: en el caso de España, solo el 5% del petróleo y el 2% del gas natural licuado consumido transita por el estrecho de Ormuz, y sus principales proveedores de gas son Argelia (34,6%) y Estados Unidos (30%). Esto último abre un segundo escenario de incertidumbre por la tensión entre Madrid y Washington.
Eso amortigua, pero no elimina el riesgo. El precio de la energía en Europa se fija en mercados globales, y si esos mercados se tensionan, el recibo llega a todos por igual.