El príncipe Felipe de Edimburgo convivió durante años con un cáncer de páncreas antes de su muerte

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El príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, convivió durante cerca de ocho años con un cáncer de páncreas antes de su fallecimiento en abril de 2021, según revela una nueva biografía que arroja luz sobre sus últimos años de vida.

La información procede del libro Queen Elizabeth II. A Personal History, del historiador y biógrafo Hugo Vickers, quien sostiene que el diagnóstico se produjo en junio de 2013, cuando el duque tenía 91 años. La enfermedad, además, habría sido inoperable desde el inicio, lo que hacía prever una evolución limitada.

Sin embargo, el desenlace contradijo los pronósticos iniciales. Felipe de Edimburgo prolongó su vida durante casi una década tras el diagnóstico, muy por encima de la media de supervivencia en este tipo de cáncer, una de las enfermedades oncológicas más agresivas.

Una vida pública que desafió el diagnóstico

Lejos de retirarse inmediatamente, el duque continuó desempeñando funciones institucionales durante varios años. Mantuvo su agenda oficial hasta 2017, cuando anunció su retirada definitiva de la vida pública, cuatro años antes de su muerte.

El propio Vickers subraya que el príncipe “burló a los pesimistas”, manteniendo su presencia en actos oficiales pese a las limitaciones de salud. Su resistencia se convirtió en un rasgo destacado de sus últimos años, marcados por una combinación de discreción y deber institucional.

El libro también reconstruye con detalle sus últimos momentos en el Castillo de Windsor. Según el relato, Felipe vivió sus últimos días con relativa autonomía y tranquilidad.

La noche previa a su fallecimiento, prescindió de asistencia médica, se desplazó por sí mismo y tomó una cerveza en el salón. A la mañana siguiente, tras levantarse y asearse, manifestó encontrarse mal y falleció en silencio, sin una agonía prolongada.

El autor destaca que el duque no deseaba alcanzar los 100 años, en parte por su rechazo a la exposición pública que conllevan este tipo de celebraciones.

Una despedida marcada por la pandemia

El fallecimiento del duque se produjo en plena pandemia, lo que condicionó su despedida. El funeral, celebrado con fuertes restricciones sanitarias, contó con apenas 30 asistentes.

La reina Isabel II, con quien estuvo casado durante más de siete décadas, no se encontraba presente en el momento de su muerte y asistió al funeral en solitario, una imagen que se convirtió en símbolo del impacto de la pandemia incluso en la familia real británica.

Según el biógrafo, el carácter reservado del duque hacía que una despedida íntima fuese coherente con su forma de entender la vida. Su figura, marcada por la disciplina y el sentido del deber, quedó así cerrada con una muerte discreta, acorde a su personalidad.