Las promesas de Trump sobre el fin de la guerra en Irán se dan de bruces con los constantes desmentidos de Teherán

Mientras Trump promete un fin “inminente” de la guerra en Irán, los hechos sobre el terreno y los desmentidos de Teherán evidencian un patrón de contradicciones

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El presidente de EEUU, Donald Trump, en una reunión de su gabinete en Washington.  Will Oliver - Pool via CNP / Zuma Press / Contacto

El presidente de EEUU, Donald Trump, en una reunión de su gabinete en Washington. Will Oliver - Pool via CNP / Zuma Press / Contacto

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Hay un patrón que se repite. Una secuencia que ha transcurrido de forma prácticamente milimétrica desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anuncia avances hacia el final de la guerra con Teherán que se deslizan entre supuestas ofertas de un alto el fuego, contactos o plazos concretos que el mandatario se saca de la manga. Y, pocas horas después, Teherán lo desmiente.

En sus ofensivas, Trump ha demostrado que se decanta por las operaciones relámpago. Lo vimos en Venezuela, con la captura exprés en enero del presidente Nicolás Maduro, pero también en Irán en junio del año pasado, cuando Whashington bombardeó tres instalaciones nucleares de la República Islámica en un ataque que marcó el final del conflicto armado entre el régimen de los ayatolás e Israel.

Por eso, parece que esta guerra se está prolongando demasiado, todavía más cuando sus socios europeos le han dado la espalda desde el inicio de la ofensiva. Aun así, el mandatario estadounidense lleva desde la primera semana de ataques anunciando un final inminente. El 10 de marzo, a dos semanas del inicio de la ofensiva, Trump aseguró que la guerra estaba "casi terminada" y tildó de “pequeña excursión” un ataque que, según él, iba “muy por delante de lo previsto”.

Pero, ese final anunciado ha sido más retórica que realidad, con una sucesión de plazos, cambios de discurso y desmentidos que, semana tras semana, han puesto en evidencia que lo que ocurre sobre el terreno y en el plano diplomático no coincide con la narrativa de la Casa Blanca. 

Esta madrugada, a las 21.00 hora local (3.00 hora peninsular), Trump ofrecerá un mensaje a la nación desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, el primero desde que empezó la guerra, y con el que se espera que el presidente estadounidense declare, una vez más, que la guerra en Irán está llegando a su fin.

Irán carga contra Trump por declaraciones "falsas e infundadas"

Desde los primeros días del conflicto, Trump vinculó el objetivo de la campaña a impedir que Irán tuviera armas nucleares y prometió una duración corta. Ya a principios de marzo, altos funcionarios de su administración hablaron de una campaña que podría durar solo semanas, frente a proyecciones más largas.

A lo largo de marzo, Trump y otros miembros de su gobierno hicieron repetidas declaraciones optimistas. A principios de mes dijo que los avances militares eran rápidos y que la campaña sería breve. El 19 de marzo afirmó que militarmente Irán estaba “casi derrotado” y que solo quedaba resolver la cuestión del estrecho de Ormuz. El 23 de marzo sugirió, incluso, que hubo días de “conversaciones productivas” con Irán.

Pero, incluso entonces, sus mensajes oscilaron entre “ya hemos ganadoy “aún falta trabajo por hacer”, lo que generó confusión y preguntas sobre si realmente existían negociaciones o simplemente se transmitían deseos

El que hasta ahora ha sido quizás el mensaje más concreto de Trump ha aterrizado este martes, cuando ha afirmado que Estados Unidos podría terminar su campaña militar en Irán “dentro de dos o tres semanas”. Según dijo, Washington podría retirarse sin necesidad de un acuerdo formal con Teherán, siempre y cuando se lograran los objetivos militares de desactivar la capacidad nuclear iraní.

Cruce de acusaciones

Lo más llamativo es que, horas más tarde, el presidente estadounidense aseguraba en su red social Truth que Irán había solicitado un alto el fuego, señalando que Washington lo consideraría “cuando el estrecho de Ormuz esté abierto, libre y claro”. “El nuevo presidente del régimen iraní, mucho menos radical y mucho más inteligente que sus predecesores, acaba de pedir un alto el fuego a Estados Unidos”.

Horas después, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha desmentido categóricamente la declaración, calificándola de “falsa e infundada”, dejando en evidencia la creciente desconexión entre las declaraciones presidenciales y los hechos sobre el terreno.

“Irán no ha presentado ninguna propuesta de alto el fuego”, ha señalado Araqchi en una intervención en la cadena pública IRIB, añadiendo que el supuesto plan de cinco puntos atribuido a Teherán son “especulaciones de los medios” de comunicación.

Y es que, lejos del relato presidencial, las autoridades iraníes han rechazado una y otra vez cualquier afirmación de negociaciones directas con Washington, reconociendo sin embargo que países amigos como Pakistan sí que mantienen contactos con la Administración Trump. “Por ahora nuestra política es seguir resistiendo y seguir defendiendo al país. En este momento no tenemos intención de negociar y no se han llevado a cabo negociaciones", señaló el propio Araqchi hace unos días.

La diplomacia iraní ha sido clara al negar tales versiones, reiterando su intención de continuar el conflicto hasta que considere satisfechas sus condiciones: un alto el fuego que garantice que EEUU no volverá a atacar la región.

 

Choque con Europa y amenaza a la OTAN

La inconsistencia del relato de Trump no solo impacta en el frente diplomático con Irán, sino también en sus relaciones con Europa. Trump ha elevado el tono contra sus aliados en el Viejo Continente, llegando a afirmar este miércoles en The Telegraph que está “más que considerando” la salida de Estados Unidos de la OTAN.

En su crítica, ha llegado a calificar a la Alianza de “tigre de papel”, reprochando a países como Alemania, Francia o Reino Unido no haber respaldado la ofensiva contra Irán. La brecha se ha ampliado aún más después de que países como España e Italia hayan vetado el uso de bases militares estadounidenses para operaciones vinculadas al conflicto.

Desde Washington, incluso el secretario de Estado, Marco Rubio, ha planteado “reevaluar el valor de la OTAN”, evidenciando que la crisis va más allá del escenario bélico.

Los ataques no cesan

La sucesión de anuncios, rectificaciones y desmentidos dibuja un patrón claro, Mientras Trump insiste en proyectar una imagen de control y de victoria inminente, los hechos sobre el terreno y las respuestas de Irán apuntan en la dirección contraria. 

Lejos de encaminarse hacia su final, la guerra mantiene su intensidad militar. Este mismo miércoles, Israel ha atacado Teherán y Beirut, causando al menos nueve muertos, mientras Irán ha respondido con ataques en Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Además, Teherán ha lanzado su mayor oleada de misiles contra Israel desde los primeros días de la guerra, en un momento especialmente simbólico, a las puertas de la festividad judía de Pesaj.

El balance humanitario sigue agravándose. En Líbano, los ataques israelíes han dejado ya más de 1.300 muertos y cerca de 4.000 heridos, entre ellos más de un centenar de niños, según datos oficiales. Y en ese escenario, el relato de Washington aparece cada vez más desconectado de una realidad que, por ahora, sigue marcada por la escalada.