Durante tres décadas, Texas ha sido uno de los territorios más sólidos para el Partido Republicano. Ningún demócrata gana una elección estatal allí desde 1994 y Donald Trump se impuso en el estado por 14 puntos en las últimas presidenciales, pero el clima político empieza a cambiar. Según un análisis publicado por Newsweek, por primera vez en muchos años los republicanos texanos discuten abiertamente si podrán retener todo lo que controlan.
La señal más llamativa llegó el 8 de abril, cuando el vicegobernador de Texas, Dan Patrick, advirtió en público de que los republicanos van a tener “un tiempo difícil” para mantener la Cámara estatal. No fue una frase menor ni lanzada al aire: Patrick vinculó directamente ese riesgo a la guerra interna entre las distintas facciones republicanas en la carrera al Senado. La advertencia fue recogida tanto por Newsweek como por The Texas Tribune y otros medios texanos.
La pelea entre Cornyn y Paxton agrava el problema
El frente más delicado está en la carrera al Senado por el escaño de John Cornyn, en manos republicanas desde 1993. Cornyn y el fiscal general Ken Paxton se medirán en una segunda vuelta el 26 de mayo después de que ninguno superara el 50% en las primarias. Esa pelea interna ha abierto una grieta que los demócratas creen poder aprovechar en noviembre.
Según el análisis de Newsweek, el demócrata James Talarico llega a ese escenario con una imagen pública competitiva y con sondeos que muestran márgenes muy ajustados ante cualquiera de los dos posibles candidatos republicanos. La revista sostiene que ambos aspirantes del GOP arrastran debilidades serias para una elección general: Cornyn por desgaste político y Paxton por su elevada polarización y su historial judicial y de impeachment.
Hay datos que explican por qué salta la alarma
La alarma republicana no sale solo de una intuición. Hay varios datos recientes que apuntan en la misma dirección. En las primarias de marzo, la participación demócrata superó a la republicana en Texas por primera vez en un ciclo de midterms desde 2020, y fue el mejor dato demócrata de este tipo en muchos años. The Texas Tribune subrayó además que los votantes demócratas superaron a los republicanos en un contexto de máxima movilización en ambos partidos.
A eso se suma la sacudida de finales de enero en el distrito 9 del Senado estatal, en el condado de Tarrant. Allí, el demócrata Taylor Rehmet ganó una elección especial en un territorio que Trump había ganado por 17 puntos en 2024. El resultado fue interpretado dentro y fuera de Texas como una señal de advertencia para el GOP.
El fortín republicano sigue en pie, pero ya no parece blindado
El análisis de Newsweek no dice que Texas haya dejado de ser republicano, y ahí está la clave. Lo que plantea es algo más sutil y más peligroso para el GOP: que el estado ya no parece blindado. La Cámara estatal sigue bajo control republicano y la carrera a gobernador continúa siendo favorable para Greg Abbott, pero el margen de comodidad se estrecha y las retiradas, los escaños abiertos y la movilización demócrata meten presión real en varias zonas del estado.
Ese cambio de clima tiene también una dimensión demográfica y electoral. Texas es ya un estado de mayoría no blanca, con un crecimiento muy fuerte en el llamado Triángulo de Texas -Dallas-Fort Worth, Houston y Austin-San Antonio- y con un voto latino cada vez más disputado. Newsweek sostiene que parte del apoyo latino que ayudó a Trump en 2024 muestra signos de retroceso, aunque estrategas republicanos matizan que la ventaja estructural del partido sigue siendo importante.
Qué significa políticamente que Texas entre en zona de riesgo
Si Texas deja de ser un territorio cómodo para los republicanos, el impacto va mucho más allá de una elección concreta. Hablamos de uno de los grandes símbolos del mapa conservador de Estados Unidos, de un estado enorme en población, peso económico y representación política. Que el propio liderazgo republicano admita preocupación en ese terreno ya es, por sí solo, una noticia política de gran calibre.
La conclusión que deja Newsweek es potente: por primera vez en dos décadas, en Texas los republicanos ya no discuten solo cuánto van a ganar, sino cuánto pueden perder.