El Ejecutivo ruso calificó este jueves como “agresiva provocación estadounidense” el suceso ocurrido el miércoles en aguas territoriales de Cuba, donde cuatro ocupantes de una lancha con registro en Estados Unidos murieron en un intercambio de disparos con las fuerzas de seguridad cubanas.
La portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, Maria Zajarova, declaró a la agencia rusa TASS que “Es una agresiva provocación estadounidense, destinada a incrementar las tensiones y provocar un conflicto”, vinculando directamente el incidente con un intento de escalar la confrontación en la región.
Tras interrogar a los seis supervivientes, que permanecen bajo custodia, las autoridades de La Habana denunciaron un intento “de infiltración con fines terroristas” procedente de territorio estadounidense, apuntando a la responsabilidad de Washington en la operación frustrada.
Según el Ministerio del Interior de Cuba, la lancha con matrícula de Florida se aproximó hasta “una milla náutica al noreste del canalizo El Pino”, donde fue interceptada por unidades cubanas que reclamaron a sus tripulantes que se identificaran. “Desde la lancha infractora se abrió fuego contra los efectivos cubanos que provocaron que el comandante de la embarcación cubana, resultara lesionado”, señaló el departamento en su versión oficial de los hechos.
En respuesta política al incidente, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó que Washington actuará “en consecuencia” una vez se esclarezcan los detalles, subrayando que las instituciones estadounidenses analizarán el caso “de forma independiente”. “Tengo motivos de sobra para querer nuestra propia información. En Estados Unidos, por lo general, no tomamos decisiones basándonos en lo que dicen las autoridades cubanas”, remarcó, marcando distancias con el relato ofrecido por el Gobierno de la isla.
El episodio se produce en un contexto de creciente presión de Estados Unidos sobre Cuba, que incluye un refuerzo de las restricciones económicas contra la isla. Estas medidas se han intensificado especialmente desde que la Administración de Donald Trump asumiera el control de la comercialización del petróleo de Venezuela, tras la captura, el pasado 3 de enero, del presidente venezolano, Nicolás Maduro.
En paralelo, el ocupante de la Casa Blanca ha amenazado con imponer aranceles a cualquier país que suministre crudo a Cuba. No obstante, el Departamento del Tesoro ha abierto recientemente la posibilidad de que parte del petróleo venezolano llegue a la isla siempre que se destine a “al pueblo”, quedando fuera de estas exenciones las operaciones “en las que participen o que beneficien a personas o entidades asociadas con el Ejército, los servicios de Inteligencia u otras instituciones gubernamentales cubanas”.