Las autoridades rusas han asegurado este martes que los yihadistas y separatistas tuareg que lanzaron el pasado sábado una ofensiva a gran escala en Malí han sufrido “más de 2.500 bajas”, subrayando además que el grupo paramilitar ruso Africa Corps llevó a cabo bombardeos en apoyo al Ejército maliense que habrían causado cerca de 250 muertos entre los sospechosos.
El Ministerio de Sanidad ruso ha detallado que “durante los combates, el enemigo sufrió pérdidas de más de 2.500 elementos, 102 vehículos, dos coches bomba, 152 motocicletas y siete morteros”, precisando que “más de 175 milicianos” fallecieron en un ataque de helicópteros y otros 70 murieron en otra operación aérea, sin aclarar el lugar exacto de estas acciones.
Según Moscú, el Africa Corps “usó todo tipo de armamento” para “repeler el ataque terrorista” y sus efectivos tuvieron que implicarse “en múltiples ocasiones” en “combates cuerpo a cuerpo”. Las autoridades rusas insisten en que este “intento de golpe de Estado” habría sido protagonizado por unos 12.000 combatientes que “recibieron entrenamiento de instructores ucranianos y europeos”.
El departamento ruso ha explicado que “hubo intentos para tomar instalaciones clave en la capital, Bamako, principalmente el Palacio Presidencial”, y que los atacantes también trataron de hacerse con el control de las ciudades de Sevaré, Gao y Kidal, de acuerdo con la información difundida por la agencia de noticias rusa TASS.
La misma fuente ha indicado que los miembros del Africa Corps combatieron “durante más de 24 horas” en Kidal frente a “un grupo significativamente mayor de personas armadas” y que “repelieron cuatro ataques masivos” antes de retirarse el domingo, jornada en la que la localidad fue finalmente tomada por el Frente de Liberación del Azawad (FLA).
El Ministerio ha concluido que “durante las feroces batallas contra fuerzas enemigas superiores, las unidades del Africa Corps infligieron pérdidas irreparables en personal y equipo, obligando al enemigo a abandonar sus planes e impidieron un golpe de Estado, con lo que se preservó en el poder al gobierno legítimo y se evitaron numerosas bajas civiles”.
Horas antes, el viceministro de Exteriores ruso, Georgi Borisenko, había admitido que también se han registrado bajas en las filas del Africa Corps, aunque sin ofrecer cifras, en el contexto de esta ofensiva que ha alcanzado Bamako y otros puntos estratégicos del país, entre ellos Kati, principal bastión y sede del poder de la junta militar encabezada por Assimi Goita, cuyo paradero sigue sin aclararse y que no ha realizado declaraciones.
Desde el Kremlin, su portavoz, Dimitri Peskov, ha señalado que “es importante que la situación vuelva cuanto antes a un rumbo pacífico y estable” ante esta ofensiva coordinada, y ha evitado valorar la capacidad operativa del Africa Corps frente a los ataques de los yihadistas del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) —filial de Al Qaeda en el Sahel— y de los separatistas tuareg.
En ausencia de mensajes de Goita, el primer ministro maliense, el general Abdoulaye Maiga, denunció el lunes un intento de hacerse con el poder y “desmantelar las instituciones” del país tras los últimos ataques, y sostuvo que “solo el apoyo de sus patrocinadores” permitió a estos grupos armados ejecutar unas acciones que calificó de “cobardes y bárbaros”.
Malí está actualmente gobernado por una junta militar surgida de los golpes de Estado de agosto de 2020 y mayo de 2021, ambos liderados por Goita, hoy presidente de transición. Otra figura clave del régimen, el presidente del Consejo Nacional de Transición, Malick Diaw, tampoco se ha pronunciado públicamente sobre la ofensiva de yihadistas y rebeldes, lo que alimenta la incertidumbre sobre el rumbo político del país africano.