Las autoridades rusas han reiterado este martes que trabajan “para lograr la paz” en Ucrania, aunque han advertido de la “intervención de Europa y Estados Unidos”, a la que responsabilizan de haber transformado la invasión en una “guerra entre Rusia y Occidente”. Estas afirmaciones se producen coincidiendo con el cuarto aniversario del inicio del conflicto armado.
El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, ha subrayado que la posición de Moscú “sigue siendo consistente” respecto a la invasión de Ucrania y ha recalcado que el país “sigue esforzándose para lograr la resolución” del conflicto, de acuerdo con las informaciones difundidas por la agencia rusa de noticias TASS.
En esta línea, ha recordado las declaraciones anteriores del presidente ruso, Vladimir Putin, quien ha defendido que existen “condiciones” para poner fin a la guerra. “Entre ellas se encuentra la retirada de fuerzas ucranianas del Donbás y Novorossiya; un estatus no alineado y no nuclear para Ucrania; la retirada de sanciones occidentales contra Rusia; y que Kiev renuncie a cualquier ley o política neonazi y contraria a Rusia”, ha señalado el portavoz.
Peskov ha indicado que, con el fin de alcanzar estos objetivos, Moscú ha planteado diferentes vías de negociación. No obstante, ha acusado a Kiev, respaldado por varios países europeos, de “seguir tratando de echar por tierra cualquier acuerdo político o diplomático”. A su juicio, la implicación de Estados Unidos y Europa ha “convertido la operación militar especial en una confrontación” directa con las potencias occidentales.
“Esto se ha convertido en una confrontación mucho más amplia entre Rusia y países occidentales, que han perseguido y siguen persiguiendo el objetivo de destruir nuestro país”, ha declarado Peskov, antes de remarcar que Rusia “sigue adelante con la operación especial pero mantiene su disposición a alcanzar sus objetivos por medios políticos y diplomáticos”.
El portavoz del Kremlin ha reiterado igualmente que la finalidad de la ofensiva militar es “garantizar la seguridad de la población que viven en el este de Ucrania y que estaban, efectivamente, en peligro mortal”, un argumento que las autoridades rusas han esgrimido de forma reiterada desde el inicio de la invasión.