La ONG Save the Children ha advertido este miércoles de que los cuatro años seguidos de sequía en el norte de Afganistán han disparado el trabajo infantil en el país, donde solo uno de cada cinco menores acude a clase y casi dos tercios de los hogares reconocen que sus hijos se ven obligados a trabajar.
“La sequía está destruyendo silenciosamente la vida de la infancia. Las consecuencias de cuatro años de una grave escasez de agua son evidentes: los niños pasan hambre, trabajan y no asisten a la escuela”, ha lamentado el director de la ONG en Afganistán, Bujar Hoxha.
“Las tierras que antes cultivaban están resecas. Los medios de subsistencia han quedado diezmados. Los niños no deberían pagar el precio de esta catástrofe climática”, ha añadido, antes de remarcar que “Afganistán se enfrenta a una confluencia de crisis en un momento en que la financiación se ha reducido drásticamente y las necesidades son inmensas”.
En esta línea, ha recordado que “casi cuatro millones de niños sufren desnutrición aguda, más de cinco millones de personas han regresado de Pakistán e Irán, el país aún se recupera de los efectos de los devastadores terremotos del año pasado, y el aumento de los precios de los alimentos amenaza con agravar el hambre”.
“Los donantes deben aumentar urgentemente la financiación flexible para evitar que más niños se vean obligados a pasar hambre, trabajar y abandonar la escuela”, ha reclamado el responsable de Save the Children en el país.
Una investigación llevada a cabo en septiembre de 2025 en las provincias más golpeadas por la falta de lluvias —Balj, Jauzján, Sar-e-Pul y Faryab— constató que la pérdida de ingresos, la escasez de alimentos y el desplazamiento forzado están empujando a los menores al mercado laboral. En este contexto, el 61% de las personas consultadas indicó que el trabajo infantil había aumentado desde 2024.
Según la organización, las dificultades económicas (45%) y la necesidad de que los hijos contribuyan al sustento familiar (42%) son los motivos principales por los que el 79% de los niños no va a la escuela, en un escenario en el que la sequía ha destruido cerca del 80% de las cosechas de trigo de secano en varias provincias del norte.
La ONG detalla además que alrededor del 85% de las familias entrevistadas en 535 hogares reportó una reducción importante o moderada en la disponibilidad de agua en septiembre de 2025 respecto al año anterior, mientras que casi la mitad de los menores en estas zonas carece de acceso diario a agua potable.
A esta situación se suma el fuerte encarecimiento de los alimentos, que añade más presión a unos hogares ya al límite, con precios al alza por la suspensión de las exportaciones iraníes —que suponen el 30% de las importaciones de Afganistán— y por la interrupción del comercio con Pakistán a causa del conflicto.
La Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (IPC, por sus siglas en inglés) calcula que cerca de nueve millones de niños, uno de cada tres, sufren hambre severa, mientras que 3,7 millones de menores de cinco años padecen desnutrición aguda.
En este marco, dos tercios de los encuestados han señalado que sus hijos muestran signos claros de retraso en el crecimiento, incluida delgadez extrema, y algo más de la mitad de las mujeres embarazadas o lactantes afirma que come menos de lo habitual. “No podemos permitirnos una mejor nutrición. Lo único que toma es leche, y mi leche no es suficiente porque no tengo suficiente comida”, relata Belqis, de 30 años y madre de seis hijos.
“La sequía ha afectado gravemente nuestras vidas. Antes podíamos cultivar y producir la mayor parte de nuestros alimentos. Ahora tenemos que comprarlo todo, incluso el trigo, en el mercado. Antes incluso teníamos nuestros propios melones y sandías”, explica Belqis, que vive en el norte de Afganistán, en una región especialmente castigada por la sequía.
Por su parte, Zarin, enfermera de nutrición que trabaja en una clínica de Save the Children, ha señalado que “los niños de esta aldea carecen de una alimentación adecuada y la mayoría no se llenan el estómago”. “Están delgados y su crecimiento es inferior al normal debido a la sequía, la falta de agua potable y la pobreza”, ha concluido.