El Partido Socialdemócrata de Dinamarca ha ganado las elecciones legislativas celebradas este martes en Dinamarca, según los sondeos a pie de urna, en unos comicios marcados por el repunte de apoyo a la primera ministra Mette Frederiksen tras su enfrentamiento con el presidente estadounidense, Donald Trump, por Groenlandia.
La formación socialdemócrata habría obtenido entre el 19% y el 21% de los votos, situándose claramente por delante de sus rivales, aunque sin mayoría suficiente para gobernar en solitario. Frederiksen se verá ahora obligada a negociar apoyos para mantenerse en el poder.
La crisis de Groenlandia impulsa a Frederiksen
El adelanto electoral, decidido en febrero, buscaba capitalizar el aumento de popularidad de la primera ministra tras su firme respuesta a las amenazas de Trump de hacerse con el control de Groenlandia.
Aunque la victoria es clara, los socialdemócratas se encaminan hacia su peor resultado desde 1901, lejos del 27,5% logrado en 2022. Aun así, Frederiksen consolida su posición como una de las figuras clave de la socialdemocracia europea.
El centro vuelve a ser decisivo
Los sondeos apuntan a que el bloque de izquierdas sumará entre 83 y 86 escaños, frente a los 75-78 del bloque de derechas. En este escenario, el papel de Lars Løkke Rasmussen, líder de Los Moderados, será determinante.
Su partido, con entre 13 y 14 diputados, se sitúa como árbitro de la legislatura. Rasmussen ya ha dejado claro que negociará con todas las fuerzas para facilitar la formación de Gobierno.
La derecha se fragmenta
El bloque conservador llega debilitado. El Partido Liberal, liderado por Troels Lund Poulsen, se desploma hasta el entorno del 10%, en lo que podría ser su peor resultado histórico.
Por su parte, Alianza Liberal de Dinamarca emerge como principal fuerza de la derecha, consolidando un cambio de liderazgo interno en el bloque conservador.
Negociaciones abiertas para formar Gobierno
Frederiksen, en el poder desde 2019, afronta ahora un escenario complejo. Tras haber gobernado tanto con la izquierda como en una inédita coalición de centro, la primera ministra evita cerrar puertas y apuesta por fórmulas transversales.
Con un Parlamento fragmentado y el centro como llave, Dinamarca se encamina hacia semanas de intensas negociaciones que decidirán si Frederiksen logra revalidar el mandato o si se abre una nueva etapa política en el país nórdico.