Sudán se enfrenta a una de sus peores crisis en décadas tras tres años de guerra devastadora

Tras tres años de guerra, Sudán vive una crisis humanitaria extrema, con millones de desplazados, hambre masiva y servicios esenciales al borde del colapso.

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Fotografía de archivo de una calle de una ciudad de Sudán. Mudathir Hameed/dpa

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La guerra en Sudán, que este 15 de abril cumple tres años, ha dejado al país sumido en una devastación generalizada y en una de las crisis humanitarias más graves de las últimas décadas a nivel mundial. El conflicto ha golpeado con especial dureza a la población civil, en un contexto de ataques sistemáticos contra infraestructuras clave que reducen de forma constante el acceso a bienes y servicios básicos para los sudaneses.

La representante de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Sudán, Marie-Helene Verney, detalla que alrededor de catorce millones de personas “se han visto obligadas a huir”, de las cuales nueve millones continúan dentro del país, mientras que 4,4 millones han buscado refugio en Estados vecinos.

“Para muchas de ellas, el desplazamiento ha sido un ciclo repetido y agotador de huida hacia una seguridad relativa, solo para tener que huir de nuevo. Hoy, uno de cada cuatro sudaneses está desplazado”, explica, antes de subrayar que “los combates siguen asolando amplias zonas del país, provocando nuevos desplazamientos y prolongando la tragedia diaria de millones de personas sin que se vislumbre un final claro”.

“Siguen produciéndose violaciones de los Derechos Humanos, incluida la violencia sexual como arma de guerra, el reclutamiento forzoso, las detenciones arbitrarias, las masacres y otros abusos”, denuncia, alertando de que “la población civil está especialmente expuesta, con frecuentes denuncias de acoso, violencia y secuestros durante la huida hacia lugares más seguros”.

Al mismo tiempo, advierte de que los países que reciben refugiados sudaneses --especialmente Chad, Egipto y Sudán del Sur-- están “al límite de su capacidad”, debido a sus propias crisis internas y al descenso de la ayuda internacional, lo que reduce todavía más las “limitadas oportunidades” disponibles.

Paralelamente, aumenta el número de sudaneses que tratan de atravesar Libia para iniciar la peligrosa ruta por el Mediterráneo hacia Europa, con más de 14.000 llegadas al continente entre 2024 y 2025, un incremento del 232% desde el inicio de la guerra. No obstante, estas cifras muestran que la mayoría de quienes huyen siguen quedándose en países de la región.

En contraste, Verney resalta que “un número creciente de sudaneses desplazados está regresando a zonas donde los combates han remitido considerablemente”, con la mayoría de retornos concentrados en los estados de Gezira y Sennar, además de 1,5 millones de personas que han vuelto a Jartum, donde “las condiciones son extremadamente precarias”.

CRISIS DE DESPLAZAMIENTO Y HAMBRE

En esta misma línea, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) sostiene que “la escala del desplazamiento sigue siendo impactante”, con “millones de familias lejos de sus hogares y sus sustentos”. “En regiones como Darfur y Kordofán, los civiles siguen haciendo frente a graves riesgos de protección, inseguridad y acceso limitado a los servicios esenciales”, añade.

La directora general de la OIM, Amy Pope, recalca que ya son “tres años de miedo, pérdida y desplazamiento para millones de personas”, y reclama un refuerzo urgente de la ayuda internacional para responder a la emergencia. “No puede dejarse que el pueblo de Sudán haga frente a solas a esta crisis”, sostiene.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) alerta de que cerca de 19 millones de personas sufren inseguridad alimentaria en el país, que atraviesa la mayor crisis de hambre del planeta, con dos de las tres hambrunas declaradas en 2025 en El Fasher y Kadugli, junto a Gaza, una situación agravada por la falta de fondos internacionales.

“El PMA está preparado para hacer más, pero necesitamos urgentemente financiación para hacerlo”, afirmó la semana pasada el subdirector ejecutivo del organismo, Carl Skau, quien también comunicó el regreso de la oficina de la agencia a Jartum, tras el cambio de situación después de que el Ejército retomara el control de la capital.

Save the Children centra su preocupación en la infancia, con cerca de 5,6 millones de nacimientos en estos tres años --unos 5.000 al día--, muchos de ellos de madres desplazadas, en refugios saturados o en centros con recursos muy escasos, a menudo sin suministro eléctrico.

“Cada minuto que dura este conflicto, nacen tres bebés en condiciones que ningún niño o niña debería tener que afrontar jamás”, lamenta el director de la ONG en Sudán, Mohamed Abdiladif, quien recuerda que “los niños y niñas tienen derecho a recibir cuidados y protección, incluso en situaciones de conflicto”.

Asimismo, subraya que “los ataques contra hospitales y otras zonas civiles protegidas (...) afectan de forma grave y permanente al acceso de las madres y los recién nacidos a la atención esencial”, por lo que exige “facilitar el acceso humanitario para evitar más pérdidas de vidas”.

DESTRUCCIÓN DE LOS SERVICIOS ESENCIALES

Médicos Sin Fronteras (MSF) denuncia “la violencia desatada, la impunidad generalizada y las restricciones al acceso humanitario en medio del colapso del sistema sanitario”, que han provocado “un desmantelamiento sistémico” de los servicios básicos para la población, principal víctima del conflicto.

La organización ha alertado, además, del incremento de los ataques con drones, cada vez más alejados de las líneas de frente y dirigidos contra infraestructuras logísticas y áreas habitadas, con unas 400 personas atendidas por sus equipos desde febrero a raíz de este tipo de bombardeos en el este de Chad y en zonas de Darfur.

La coordinadora de MSF en Sudán, Amande Bazerolle, remarca que “ahora más que nunca, la protección de la población civil, el respeto a las instalaciones sanitarias, la rendición de cuentas por las atrocidades y el acceso humanitario sostenido son urgentes e innegociables”. “Tres años de guerra ya le han costado a Sudán un precio incalculable. Permitir que esta trayectoria continúe supone el riesgo de condenar a toda una generación”, advierte.

En este contexto, World Vision sostiene que el conflicto ha convertido a Sudán en “el lugar más traumático para la infancia” y alerta de que “se está exterminando sistemáticamente a toda una generación, mientras que el silencio internacional se mide en vidas perdidas cada hora”, con 17,3 millones de niños en situación de necesidad extrema.

“Detrás de cada estadística hay un niño que ha perdido su hogar, su escuela y su seguridad”, recuerda el director nacional de World Vision en Sudán, Simon Mane. “La presencia de cientos de niños no acompañados en campamentos (... muestra cómo la infancia sigue sufriendo en silencio. Sin un aumento inmediato de la financiación y un compromiso con la paz, estas cicatrices serán permanentes”, afirma.

Ante este panorama, el secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), Jan Egeland, resalta que “durante tres años, las familias se han apoyado entre ellas ante complicaciones inimaginables”. “Hoy nos dicen claramente que están agotadas, que comen menos y que no pueden aguantar mucho más”, revela.

“La solidaridad entre los sudaneses ha soportado esta crisis, pero la compasión no puede hacerlo por sí sola”, avisa. “Lo que estamos viendo no es solo una crisis humanitaria, sino un colapso de los sistemas de supervivencia. Las comunidades que han compartido todo durante tres años han sido empujadas más allá de los límites”, lamenta.

“Es hora de que el mundo, que ha permanecido impasible, responda a la solidaridad local con la acción internacional aumentando la financiación para ayuda vital y presionando con más ahínco para encontrar soluciones diplomáticas que pongan fin a la violencia sin sentido”, concluye, en un momento en el que la paz entre el Ejército y las RSF sigue lejana.