Takaichi intenta blindar su agenda fiscal y militar para liderar la nueva era de Japón

Takaichi se juega en las urnas blindar su agenda fiscal, militar y constitucional en plena tensión con China y con un PLD dividido pero sin rival fuerte.

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La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi. Europa Press/Contacto/Rodrigo Reyes Marin

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Sanae Takaichi tiene perfectamente definido el rumbo que quiere imprimir a Japón: la primera ministra, de perfil ultraconservador y con frecuentes controversias a sus espaldas, pretende asegurar en las elecciones de la próxima semana su proyecto presupuestario y de defensa para empujar la nueva etapa del país en un entorno geopolítico cada vez más complejo.

Sin socios claros de cara a los comicios anticipados del 8 de febrero, el Partido Liberal Democrático (PLD) subraya la necesidad de lograr una mayoría amplia que agilice la tramitación en la Dieta y permita a la jefa de Gobierno —la primera mujer que ocupa este cargo en Japón— consolidar definitivamente sus reformas.

Mientras lidia con nuevas alianzas opositoras y con la ruptura con su tradicional compañero de coalición, Komeito, Takaichi confía en que su elevada popularidad le baste para obtener los apoyos imprescindibles, pese a llevar apenas tres meses al frente del Ejecutivo.

Oriol Farrés, coordinador del Anuario Internacional CIDOB, considera que su nivel de aprobación podría llevarla a “ganar legitimidad en las urnas y ampliar el apoyo a su partido para gobernar más cómodamente o de manera más autónoma”, aunque subraya que “se trata de una apuesta peligrosa ya que la decisión ha sido recibida muy negativamente por el electorado”.

La valoración ciudadana de Takaichi ya muestra desgaste: la dirigente cuenta ahora con un 67% de respaldo, frente al 75% de diciembre, la primera vez que su índice cae por debajo del 70% desde su llegada al cargo.

Farrés explica a Europa Press que, pese a ello, “a su favor está que no se divisan alternativas fuertes, al menos de momento”. “La Alianza Reformista de Centro va en segundo lugar y aun así ronda solo el 13% en las preferencias de los encuestados, lo que se explica por ser una coalición recién formada, aunque su agenda de centro amplio parece bastante alineada con las prioridades de la sociedad japonesa”, detalla.

“La deriva no es positiva en cuanto a la popularidad (de Takaichi), pero eso no significa que vaya a tener malos resultados, sino que es posible que aumente (más si cabe) la abstención. No debemos olvidar que la composición de la Cámara le viene heredada de unos muy malos resultados, por lo que parece difícil que puedan empeorar significativamente”, apunta.

Los comicios de julio de 2025 supusieron un duro revés para el PLD y, aunque el partido logró conservar el poder, acabaron desembocando, entre otros factores, en la dimisión del ex primer ministro Shigeru Ishiba.

Dificultades para un PLD dividido

Aunque las encuestas sugieren que el PLD, muy fragmentado internamente, podría mejorar su representación parlamentaria, sigue sin estar garantizado que alcance los 261 escaños deseados —frente a los 233 actuales—, cifra que le otorgaría la mayoría reforzada que necesita para avanzar sin trabas en su agenda.

“Ese parece un objetivo lejano. La incógnita es si la opositora alianza centrista es capaz de llevar su mensaje al electorado y qué resultado puede obtener en tan poco tiempo”, sostiene Farrés, quien considera que, por ahora, Takaichi “no ha podido demostrar demasiado”.

Pese a la insistencia de la primera ministra en convocar estas elecciones, numerosos analistas dan por hecho que el gasto militar japonés aumentará “en cualquier caso” y con independencia del resultado, en buena medida por las presiones externas. “La prioridad para los electores es económica, principalmente la inflación”, apunta Farrés, que sí cree que Takaichi “jugará fuerte en cualquier caso”.

El debate sobre el rearme de Japón se ha intensificado al compás de la presión procedente de Estados Unidos, aunque para buena parte de la ciudadanía no figura entre las preocupaciones más urgentes, centradas sobre todo en los retos económicos y demográficos.

En cuanto al vínculo con Corea del Sur, Farrés aprecia un acercamiento que incomoda a China, país que ha reaccionado con dureza ante la posición de Tokio sobre Taiwán. “Ese es el tema más delicado y es el que está detrás de la discordia actual”, afirma. “Estamos viviendo una escalada de tensión y de declaraciones debido a movimientos de fondo como la asertividad de China en sus reclamaciones y la modernización de su Ejército”, añade a Europa Press.

A ello se suma la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos, que busca reforzar sus alianzas para que los países de la región eleven su gasto en defensa. “El coste de un enfrentamiento con China en torno a Taiwán es enorme (para Estados Unidos), aún más en solitario”, incide Farrés.

La tensión en la zona se ha disparado desde que Takaichi sugiriera una posible respuesta militar japonesa en caso de intervención china en Taiwán, territorio que Pekín considera una provincia propia. Estas declaraciones han desencadenado una crisis diplomática, con intercambio de reproches y exigencias de disculpas por parte del Gobierno chino.

Frente a las críticas, Takaichi insiste en que Japón “no podría mirar para otro lado” si estallase un conflicto en el estrecho, un mensaje interpretado como un gesto explícito de respaldo a Washington. Sobre la posibilidad de que la situación desemboque en un choque abierto, Farrés matiza que las probabilidades son reducidas por el “coste elevadísimo” que tendría a escala mundial.

Reforma constitucional en el horizonte

La jefa del Gobierno japonés mantiene vivo su propósito de modificar la Constitución, pese a la ausencia de un consenso claro en la sociedad, siguiendo la línea de anteriores líderes conservadores como Shinzo Abe. La reforma pondría fin al marco pacifista instaurado tras la Segunda Guerra Mundial, cuando Tokio renunció “para siempre” a la guerra como “derecho soberano” y aceptó fuertes limitaciones sobre el uso de sus Fuerzas de Autodefensa.

Este proyecto ha generado recelos durante años y suele ser motivo de choque político, dada la profunda división social ante la posibilidad de situar al país al borde del belicismo.

“Creo que no existe consenso social, y con los equilibrios actuales y a corto plazo ese objetivo es imposible. No obstante, existe un consenso creciente entre los partidos políticos sobre la reforma legislativa y sobre cómo definir las situaciones que permitirían actuar a Japón en su legítima defensa o, más concretamente, en defensa de un aliado, que es el punto más ambiguo”, afirman desde el CIDOB.

No es la primera vez que el partido en el poder intenta abrir la puerta a una reinterpretación o abandono del artículo 9 de la Constitución. Su anterior socio, Komeito, se resistía a dar ese paso. El actual Ejecutivo plantea introducir una “cláusula de emergencia” que habilite medidas extraordinarias ante un “desastre o un ataque armado”.

Para que la reforma salga adelante, se requiere el respaldo de dos tercios de la Dieta y, posteriormente, la aprobación de la mayoría ciudadana en un referéndum nacional.

En uno de sus discursos previos a la convocatoria electoral, Takaichi defendió la necesidad de acometer estos cambios “en este preciso momento”, al entender que debe obtener el aval de la ciudadanía para impulsar con firmeza y con apoyos amplios las transformaciones que, a su juicio, permitirán a Japón entrar en una nueva era en un escenario político en rápida mutación.