Tres semanas de guerra en Irán: Israel intensifica la ofensiva y EEUU busca apoyos ante una posible nueva fase

Tres semanas de guerra en Irán: Israel golpea al liderazgo y la energía iraní mientras EEUU busca aliados para asegurar el estrecho de Ormuz.

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Artilleros de la Armada de los Estados Unidos preparan bombas para un caza F/A-18E Super Hornet del Escuadrón de Cazas de Ataque 31. Europa Press/Contacto/Navy Handout/U.S. Navy

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La guerra en Irán, desencadenada por la ofensiva sorpresa de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero, entra en su tercera semana en un contexto de máxima tensión. Israel ha elevado el nivel del conflicto con ataques dirigidos contra la cúpula militar y política iraní y con bombardeos sobre infraestructuras energéticas clave. Estos movimientos han abierto las primeras fisuras con Washington, que a su vez reclama el respaldo de socios internacionales para asegurar el estratégico estrecho de Ormuz mediante el despliegue de una operación terrestre.

Tras golpear el fin de semana la estratégica isla de Jark, vital para la exportación de crudo iraní, la ofensiva dio un giro con el asesinato del secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani, en un ataque aéreo israelí en el que también murió el jefe de la fuerza paramilitar Basij, Golamreza Soleimani. En ataques posteriores han sido abatidos el ministro de Inteligencia, Esmaeil Jatib, y otros altos mandos de formaciones militares iraníes.

La muerte de Lariyani, figura central del sistema político iraní y considerado un posible interlocutor en un eventual proceso de negociación para poner fin a la guerra, junto al recrudecimiento de los ataques contra instalaciones energéticas por parte de Tel Aviv, ha disparado el pulso con Teherán, que ha llamado a una "guerra económica total" y ha prometido "cero moderación" en su reacción.

En un punto de inflexión del conflicto, Israel atacó el gigantesco yacimiento de gas iraní de South Pars, situado en aguas del golfo Pérsico y compartido con Qatar. Este bombardeo desencadenó la rápida réplica de la República Islámica con una cadena de ataques contra infraestructuras energéticas en Emiratos Árabes Unidos (UAE), Qatar y Arabia Saudí, elevando al máximo la tensión regional.

Mientras Qatar y Omán calificaron la ofensiva de "peligroso e irresponsable" y advirtieron de que amenaza la "seguridad energética global", Arabia Saudí avisó de que "la paciencia no es ilimitada" y, en plena oleada de represalias iraníes, subrayó que podría responder militarmente.

EEUU e Israel, objetivos divergentes

El ataque israelí ha encendido todas las alarmas por el repunte del precio del crudo y el gas —el petróleo llegó a los 114 dólares y el gas triplicó su precio— y ha puesto de manifiesto las diferencias entre Washington y Tel Aviv. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reveló que habló con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, después del bombardeo sobre el gran yacimiento de gas, del que no fue informado previamente.

"Le dije que no hiciera eso y no lo hará. No lo discutimos. Somos independientes, pero nos llevamos muy bien y estamos coordinados", explicó sobre sus contactos con Netanyahu y el ataque que desató el caos en el Golfo.

En otra muestra de esas discrepancias, la directora de Inteligencia Nacional estadounidense, Tulsi Gabbard, subrayó que las metas de Israel y Estados Unidos son "diferentes" en relación con la guerra en Irán. "A través de las operaciones, el Gobierno israelí se ha estado enfocado en incapacitar al liderazgo iraní y eliminar a varios miembros, obviamente comenzando con el ayatolá y el líder supremo. Ellos siguen enfocándose en ese esfuerzo", señaló.

¿Una nueva fase del conflicto?

Con más de 20 días de combates, Trump ha redoblado su llamamiento a que aliados internacionales se sumen a la misión para asegurar el paso de Ormuz, aunque la propuesta ha sido desoída por las principales potencias europeas, mientras Japón y Corea del Sur se han mantenido al margen.

Este escenario ha reavivado las críticas de la Casa Blanca contra la OTAN, a la que reprocha su negativa a respaldar a Washington en la protección de la navegación en el estrecho, un corredor esencial para el suministro energético de Asia y de parte de Europa.

En una nueva andanada de reproches, Trump ha tildado de "cobardes" a los aliados y ha insistido en que la OTAN "es un tigre de papel" sin el apoyo de Estados Unidos. Bajo esta presión, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón han expresado su disposición a "contribuir a los esfuerzos" para garantizar la seguridad del tránsito por Ormuz, aunque descartan una operación inmediata y recalcan que cualquier despliegue naval debería producirse una vez cese la guerra.

En paralelo, mientras el mandatario estadounidense sigue pidiendo que más países se impliquen en la guerra en Irán, el Pentágono ultima una solicitud presupuestaria al Congreso para reclamar 200.000 millones de dólares (unos 174.100 millones de euros) con los que sufragar la campaña militar. "Hace falta dinero para eliminar a los malos", remarcó el secretario de Defensa, Pete Hegseth.

Estos factores, sumados al refuerzo adicional que estudia el Pentágono para aumentar los aproximadamente 50.000 militares ya desplegados en la operación contra Irán, y al hecho de que Israel contempla al menos tres semanas más de ataques y plantea una incursión terrestre que Washington no descarta abiertamente, alimentan el temor a que la guerra entre en una nueva etapa, centrada en la toma de enclaves estratégicos de la costa del golfo Pérsico o en el control de instalaciones nucleares.

Batalla por el relato

A lo largo de estas tres semanas de ofensiva, Estados Unidos ha ido variando el encuadre público de sus objetivos, o al menos la forma de presentarlos. Si en los primeros días hablaba abiertamente de derrocar a la República Islámica e instaba a la población iraní a levantarse contra los ayatolás, en las últimas jornadas ha puesto el acento en que la misión persigue degradar las capacidades militares de Irán y destruir su Armada.

No obstante, Trump ha vuelto a colocar en primer plano un argumento recurrente: las aspiraciones nucleares iraníes. Según ha repetido en sus discursos, Irán representaba una amenaza para la seguridad global antes del 28 de febrero porque estaba a pocas semanas de disponer de un arma nuclear.

El Pentágono, por su parte, libra una intensa batalla por el control del relato público, insistiendo en todos sus comunicados en que las fuerzas estadounidenses están cumpliendo sus planes y "ganando" la guerra. Hegseth se esfuerza en descartar que Washington vaya a quedar atrapado en un conflicto "eterno" en Irán, aunque evita fijar cualquier horizonte temporal para la operación.

"Nadie puede ofrecer perfección en tiempos de guerra, pero informen de la realidad. Estamos ganando, de manera decisiva y en nuestros propios términos", defendió en una comparecencia cargada de reproches a los medios. "Se oye mucho ruido sobre ampliar la misión, nuevas misiones o especulaciones sobre lo que deberíamos o no deberíamos hacer", añadió, reclamando que se relate la "realidad" de la contienda.

Y sostuvo que Estados Unidos no ha modificado sus metas en Irán. "No son los objetivos de los medios (de comunicación). No son los objetivos de Irán. No son nuevos objetivos. Son nuestros objetivos", concluyó Hegseth.