La guerra en Irán ha abierto una nueva grieta en la relación entre Estados Unidos y sus aliados europeos. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha afirmado este miércoles que está “más que considerando” la salida de la OTAN, profundizando en sus críticas hacia los socios de la Alianza por no respaldar a Washington en el conflicto.
En una entrevista con el diario Telegraph, Trump ha asegurado que siempre supo que era “un tigre de papel”, cuestionando el valor estratégico de la organización frente a los desafíos actuales, especialmente la guerra en Oriente Medio y el control del estrecho de Ormuz. Pero, ¿cómo debería proceder Washingtonsi si desea abandonar la Alianza?
El procedimiento legal para retirarse de la OTAN
Más allá de la retórica política, la salida de Estados Unidos de la OTAN estaría regulada por el Tratado del Atlántico Norte, más concretamente por su artículo 13, que establece:
“Después de que el Tratado haya estado en vigor durante veinte años, cualquier Parte podrá dejar de serlo un año después de que su notificación de denuncia haya sido entregada al Gobierno de los Estados Unidos de América, el cual informará a los Gobiernos de las demás Partes del depósito de cada notificación de denuncia.”
¿Qué significa? Que Estados Unidos debería presentar una notificación formal de salida a su propio Gobierno, que actúa como depositario y comunica la decisión al resto de los miembros, y esperar 12 meses antes de que la retirada sea efectiva.
Durante ese año, sus obligaciones de defensa y cooperación permanecerían activas, incluida la cláusula de defensa colectiva que compromete a los miembros a responder ante un ataque armado contra cualquiera de ellos. Este marco convierte la salida en un proceso planificado y supervisado, no en un acto súbito.
¿Qué implicaciones financieras tendría su salida?
La retirada estadounidense tendría importantes consecuencias económicas y estratégicas. Actualmente, Estados Unidos aporta cerca del 70% del presupuesto operativo de la OTAN, cubriendo gastos administrativos, contribuciones a misiones conjuntas e infraestructura compartida.
Durante el año de transición, estas responsabilidades seguirían vigentes y la Alianza tendría que reorganizar sus estructuras de comando, despliegues estratégicos y sistemas de inteligencia compartida sin el soporte estadounidense. Esto obligaría a los países europeos a incrementar su gasto en defensa y desarrollar nuevas capacidades para compensar la ausencia del principal garante de la organización.
Impacto geopolítico
La salida de Estados Unidos también tendría consecuencias estratégicas inmediatas. Potencias como Rusia y China podrían interpretar la salida como una oportunidad para aumentar su influencia en Europa y Oriente Medio, intensificando la competencia estratégica en regiones críticas.
La OTAN, sin su principal garante, perdería parte de su capacidad disuasoria global y se vería obligada a centrarse en la seguridad interna europea, con alcance limitado frente a desafíos internacionales.
Aunque la amenaza de Trump surge en el contexto de la guerra en Irán y la falta de apoyo europeo, el proceso de salida de la OTAN está claramente definido por el tratado y requiere notificación formal y un año de transición, durante el cual los compromisos permanecen activos.
La posibilidad de que Estados Unidos abandone la Alianza introduce un nivel de incertidumbre estratégica y geopolítica que podría redefinir el equilibrio global, dejando a Europa frente a la difícil tarea de asumir mayores responsabilidades en defensa mientras Washington evalúa su papel dentro de la OTAN.