La organización no gubernamental Amnistía Internacional ha advertido este martes de que el auge de las “prácticas autoritarias” en Estados Unidos está “erosionando” los Derechos Humanos tanto en el propio país como en el “resto de mundo”, coincidiendo con el primer aniversario del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
“Todos somos testigos de una peligrosa trayectoria bajo la Presidencia de Trump que ya ha provocado una emergencia de Derechos Humanos”, ha manifestado el director ejecutivo de Amnistía Internacional Estados Unidos, Paul O'Brien.
En esta línea, ha censurado que la Administración “intenta imposibilitar que se les exijan responsabilidades” al “desmantelar las normas y concentrar el poder”. O'Brien ha recalcado que estas decisiones “aumentan el riesgo para periodistas y personas que se manifiestan o se oponen, abogados, estudiantes y defensores de Derechos Humanos”.
Informe de Amnistía
La ONG ha difundido un nuevo informe -“Suena la alarma: aumento de las prácticas autoritarias y erosión de Derechos Humanos en Estados Unidos”- en el que recoge más de una decena de ámbitos en los que Washington “está socavando los pilares de una sociedad libre”, a causa del “cierre del espacio cívico y del debilitamiento del Estado de derecho”.
El documento detalla doce áreas interrelacionadas, entre ellas los ataques a la libertad de expresión y de reunión pacífica, a las organizaciones de la sociedad civil y a las universidad, así como a los opositores y críticos políticos, jueces, abogados, sistema legal y debido proceso.
AI ha documentado “los ataques a los derechos de las personas refugiadas y migrantes, la conversión de comunidades en chivos expiatorios y el retroceso de las protecciones contra la discriminación, el uso de las Fuerzas Armadas para fines nacionales, el desmantelamiento de la rendición de cuentas corporativa y las medidas anticorrupción, la expansión de la vigilancia sin una supervisión significativa y los esfuerzos por socavar los sistemas internacionales diseñados para proteger los Derechos Humanos”.
Estas “tácticas autoritarias se refuerzan mutuamente”, ha denunciado Amnistía. “Estudiantes detenidos por protestar en campus universitarios, comunidades enteras inundadas y aterrizadas por agentes enmascarados del (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) ICE, y la militarización de ciudades en todo Estados Unidos se está normalizando”, ha enumerado.
“Al mismo tiempo, la intimidación de la prensa dificulta la denuncia de las violaciones y abusos de Derechos Humanos, las represalias contra las protestas hacen que la gente tema hablar, la expansión de la vigilancia y la militarización incrementa el costo de la disidencia, y los ataques a tribunales, abogados y organismos de supervisión dificultan la rendición de cuentas”, ha añadido.
Patrón global
Amnistía ha subrayado que lleva “tiempo” documentando “patrones similares” en numerosos países: “Si bien los contextos difieren, los gobiernos consolidan el poder, controlan la información, desacreditan a los críticos, castigan la disidencia, limitan el espacio cívico y debilitan los mecanismos destinados a garantizar la rendición de cuentas”.
“El ataque al espacio cívico y al Estado de derecho, así como la erosión de Derechos Humanos en Estados Unidos son un reflejo del patrón global que Amnistía ha observado y advertido durante décadas. Es importante destacar que nuestra experiencia demuestra que, cuando las prácticas autoritarias se consolidan plenamente, las instituciones destinadas a frenar los abusos de poder ya se encuentran gravemente comprometidas”, ha declarado O'Brien.
Por último, AI ha planteado una serie de recomendaciones dirigidas a las autoridades estadounidenses, a la comunidad internacional, al sector privado y a la ciudadanía “con el objetivo de revertir” la situación. Del mismo modo, ha reclamado “medidas urgentes para proteger el espacio cívico, restablecer las salvaguardas del Estado de derecho, fortalecer la rendición de cuentas y garantizar que las violaciones no se ignoren ni se acepten como inevitables”.