Trump desata otra gran crisis en la OTAN y amenaza con una salida que pondría fin a la Alianza

Trump vuelve a sacudir la OTAN al amenazar con sacar a EE.UU. de la Alianza en plena disputa con Europa por la guerra en Irán y el estrecho de Ormuz.

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El presidente de EEUU, Donald J Trump, estecha la mano del secretario general de la OTAN, Mark Rutte.  Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz - Pool via CN

El presidente de EEUU, Donald J Trump, estecha la mano del secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz - Pool via CN

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a sacudir los equilibrios internos de la OTAN con una nueva ofensiva contra sus aliados, a los que acusa de implicarse de forma insuficiente en la guerra en Irán, especialmente en lo relativo a la seguridad del estrecho de Ormuz. La escalada ha ido más allá de las críticas habituales: Washington ha llegado a deslizar la posibilidad de abandonar la Alianza, una insinuación que golpea directamente el fundamento de un bloque construido sobre la defensa colectiva.

Tras meses de tensiones —incluidas sus polémicas aspiraciones sobre Groenlandia—, Trump ha intensificado esta semana sus reproches a las capitales europeas por no respaldar la campaña contra Irán. En este contexto, ha cargado con dureza contra varios socios, a los que ha calificado de “cobardes” y “desagradecidos”, al considerar que Estados Unidos está asumiendo en solitario un esfuerzo militar que beneficia al conjunto de Occidente. Según su relato, la operación en el estrecho de Ormuz sería “menor” y perfectamente asumible por los aliados, más aún cuando, sostiene, la capacidad militar iraní ha quedado debilitada tras semanas de ataques.

El presidente estadounidense ha llegado incluso a emplazar a sus socios a que sean ellos mismos quienes “extraigan su propio petróleo” en la región si no están dispuestos a implicarse bajo el paraguas de Washington. Esta postura choca con la estrategia defendida por países como Francia o Reino Unido, que apuestan por una salida diplomática y política para reabrir el paso en Ormuz, bloqueado de facto por Irán.

Amenaza de abandonar la OTAN

Aunque Trump insiste en que no necesita el respaldo de la OTAN para operar en Irán ni para garantizar el control del estrecho, también sostiene que la Alianza debería implicarse en escenarios de este tipo, pese a que su naturaleza es esencialmente defensiva y no contempla intervenciones unilaterales impulsadas por uno de sus miembros. En este sentido, el papel de la organización ya fue limitado en conflictos como Irak o Afganistán, donde su implicación llegó en fases posteriores y con funciones de estabilización.

Más allá del debate estratégico, el discurso del mandatario estadounidense vuelve a cuestionar abiertamente el equilibrio interno de la OTAN. Trump ha insistido en que la Alianza es “un tigre de papel” sin Estados Unidos y ha advertido a sus socios de que deben “aprender a defenderse por sí mismos”, deslizando que Washington podría dejar de garantizar su protección. Este planteamiento pone en duda el artículo 5, la cláusula de defensa mutua que constituye el pilar central del bloque.

La tensión alcanzó su punto álgido cuando, en una entrevista, Trump afirmó estar “más que considerando” la salida de Estados Unidos de la OTAN. Sus palabras se producen en plena cascada de reproches hacia aliados como España, Italia o Alemania, a los que Washington acusa de haber restringido el uso de bases militares y derechos de sobrevuelo en el contexto de la guerra en Irán.

Respuesta a los aliados

En esta línea, el secretario de Estado, Marco Rubio, ya había advertido de que la Casa Blanca debe “reevaluar el valor de la OTAN”, sugiriendo que la organización podría haberse convertido en una relación desequilibrada en la que Estados Unidos asume el peso de la defensa sin recibir apoyo equivalente.

Las reacciones en Europa han sido prudentes, pero no exentas de preocupación. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha advertido de que este tipo de declaraciones erosionan la confianza que sustenta la Alianza y ha insistido en la necesidad de respetar los compromisos adquiridos. En la misma línea, el primer ministro polaco, Donald Tusk, ha señalado que este escenario favorece los intereses de Rusia, mientras que desde Alemania se reconoce inquietud, aunque se mantiene la confianza en que la ruptura aún puede evitarse.

Esta crisis se inscribe en una dinámica de fricción constante entre Trump y la OTAN desde su llegada a la Casa Blanca. El presidente estadounidense ha defendido reiteradamente que los aliados deben aumentar su gasto en defensa —hasta el 5% del PIB—, una exigencia que logró introducir en la agenda de la cumbre de La Haya, aunque con matices por parte de algunos países.

En este contexto de creciente deterioro de las relaciones transatlánticas, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, trata de ejercer como figura de contención. Su estrategia, basada en mantener abiertos los canales de diálogo y asumir parte de las demandas de Washington, busca evitar una ruptura mayor. La próxima visita de Rutte a Estados Unidos se produce en un momento especialmente delicado, con el objetivo de rebajar la tensión y frenar, al menos temporalmente, una crisis que amenaza con alterar profundamente el equilibrio de la Alianza Atlántica.