Trump desata otra gran crisis en la OTAN y amenaza con una salida que pondría fin a la Alianza

Trump vuelve a sacudir la OTAN al amenazar con sacar a EE.UU. de la Alianza en plena disputa con Europa por la guerra en Irán y el estrecho de Ormuz.

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El presidente de EEUU, Donald J Trump, estecha la mano del secretario general de la OTAN, Mark Rutte.  Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz - Pool via CN

El presidente de EEUU, Donald J Trump, estecha la mano del secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz - Pool via CN

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a sacudir los pilares de la OTAN con nuevos ataques dirigidos a sus socios por lo que considera una escasa implicación en la guerra en Irán, especialmente en lo relativo a asegurar la libre circulación por el estrecho de Ormuz. Esta ofensiva verbal ha llegado hasta el punto de que Washington ha dejado caer que estudia abandonar el bloque militar, una mera insinuación que ya supone un golpe directo a la razón de ser de una organización basada en la disuasión colectiva.

Tras llevar al límite la relación con sus aliados por sus aspiraciones sobre Groenlandia, el dirigente estadounidense ha reactivado las alarmas esta semana con una nueva batería de reproches a los miembros de la Alianza por no respaldar la campaña contra Irán. Esa escalada ha desembocado en la amenaza de una posible salida de la organización que Estados Unidos impulsó en 1949 para articular un frente militar frente a la Unión Soviética.

Las discrepancias entre Washington y las principales capitales europeas sobre la estrategia en Ormuz, un corredor clave para el comercio mundial de crudo, llevaron a Trump a encadenar críticas contra estos países, a los que llegó a tildar de "cobardes" y de desagradecidos. A su juicio, Estados Unidos asume en Irán un esfuerzo que beneficia sobre todo a terceros, a los que reprocha no aportar recursos militares a una operación naval "menor", máxime cuando, según insiste Trump, la Marina iraní estaría muy debilitada tras semanas de ataques continuados.

En este contexto, el presidente estadounidense instó a sus socios a que sean ellos mismos quienes extraigan "su propio petróleo" de la inestable región del Golfo sin el paraguas de Washington. Frente a esta postura, la alternativa que encabezan Francia y Reino Unido pasa por una 'hoja de ruta' centrada en la vía diplomática y política para reabrir el paso que, 'de facto', mantiene bloqueado Teherán.

Pese a que Trump recalca que no precisa el respaldo de la OTAN para la campaña en Irán ni para controlar el estrecho, sostiene que la Alianza debería implicarse en escenarios de este tipo. Todo ello a pesar de que la OTAN es, por definición, una coalición defensiva y reacia a involucrarse en operaciones militares unilaterales promovidas por alguno de sus miembros.

El papel de la organización fue limitado en las guerras de Irak y Afganistán iniciadas por Estados Unidos bajo el mandato de George Bush, aunque posteriormente sí se desplegaron misiones para proporcionar seguridad y apoyar a las autoridades locales en el control del territorio y en las tareas de reconstrucción.

Más allá de los debates doctrinales, el inquilino de la Casa Blanca incide en la supuesta debilidad de sus socios por no comprometerse más y recalca que la Alianza Atlántica "es un tigre de papel" sin la participación estadounidense. Además, dio un paso más al reclamar a los aliados que "aprendan a defenderse por sí mismos". "Estados Unidos ya no estará ahí para ayudarles", advirtió, en un mensaje que cuestiona directamente la cláusula de defensa mutua del artículo 5 y, con ello, la capacidad de disuasión que sustenta a la OTAN.

AMENAZA DE ABANDONAR LA OTAN

El momento más tenso llegó días después, cuando volvió a cargar contra la Alianza en una entrevista en la que aseguró que está "más que considerando" la salida de Washington del bloque, en plena cascada de reproches por la negativa de los socios a respaldar al Ejército estadounidense en la guerra en Irán.

Con estas palabras, Trump aumentaba la presión sobre el mensaje previamente lanzado por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien avisó de que la Casa Blanca tendrá que "reevaluar el valor de la OTAN" después de que varios gobiernos hayan restringido el uso de sus bases por parte de Estados Unidos, entre ellos España, Italia o Alemania. En un tono más matizado, pero en la misma línea, el jefe de la diplomacia norteamericana apuntó que es necesario examinar si la Alianza "sigue cumpliendo su propósito, o si ahora se ha convertido en una calle de sentido único", aludiendo a que Washington "está en posición de defender a Europa", "pero cuando necesitamos la ayuda de nuestros aliados, nos niegan los derechos de base y de sobrevuelo".

RESPUESTA DE LOS ALIADOS

Ante estas advertencias, los líderes europeos han tratado de mantener la serenidad y evitar sobrerreacciones frente a las posiciones cambiantes y, en ocasiones, contradictorias del presidente estadounidense. El jefe del Elíseo, Emmanuel Macron, reclamó "estar a la altura" de los compromisos asumidos en la OTAN y alertó a Trump de que este tipo de cuestionamientos por sí solos "vacían de contenido" a la organización.

El presidente francés recalcó que alianzas como la OTAN "valen por lo que no se dice" y destacó que el elemento esencial del bloque es "la confianza que hay detrás". "Cuando se firma un acuerdo, cuando se entra en una alianza, cuando se cree que es importante defender la seguridad de los aliados, hay que estar a la altura de los compromisos adquiridos", insistió.

En la misma línea, el primer ministro polaco, Donald Tusk, avisó de que las amenazas de Trump, sumadas a decisiones como la relajación de las sanciones al petróleo ruso, constituyen el "plan soñado" por el presidente ruso, Vladimir Putin, considerado la principal amenaza para la seguridad en el espacio euroatlántico.

Desde Berlín, el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, admitió "preocupación" por las alusiones de Trump a una posible retirada. Sin embargo, Alemania, uno de los defensores más firmes del vínculo transatlántico, considera que la salida de Estados Unidos de la Alianza "puede evitarse todavía" y que el "compromiso y determinación" del resto de socios deberían hacer reconsiderar la postura de Washington.

La crisis abierta por Trump se perfila como una de las más graves, al golpear el núcleo mismo de la organización, aunque es solo un capítulo más en la larga lista de fricciones que el magnate mantiene con el bloque desde su llegada a la Casa Blanca. Él mismo presume de no haber sido nunca un gran defensor de la OTAN, pero se atribuye el mérito de haber impulsado un nuevo compromiso de gasto militar para que los aliados destinen el 5% de su PIB a defensa.

Tras meses de tiranteces, el presidente llevó la tradicional presión de Washington para elevar los presupuestos de defensa a un nuevo escalón y consiguió en la cumbre de La Haya la cifra que los 32 aliados, España con matices, aceptaron alcanzar en el plazo de una década.

En este escenario de deterioro profundo de los lazos con Europa, cobra especial relevancia la figura del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, criticado en algunos países por alinearse de forma sistemática con las posiciones de Trump, pero que en la práctica dispone de margen para modular las exigencias estadounidenses o incluso lograr que se congelen.

Frente a la estrategia de confrontación permanente y negociación al límite del presidente norteamericano, el ex primer ministro neerlandés ha optado por llevar al extremo la política de apaciguamiento, respaldando casi todas las demandas de Washington para ir neutralizando algunos de los ultimátums lanzados por la Casa Blanca. En esta línea, y reivindicando la OTAN como foro para encauzar las tensiones entre aliados, Rutte alcanzó con Trump un preacuerdo sobre Groenlandia que, en la práctica, permite mantener abiertos los canales diplomáticos con Dinamarca y las autoridades de la isla para actualizar las relaciones y explorar nuevas fórmulas de cooperación en seguridad sin cuestionar la soberanía danesa sobre el territorio ártico.

En este contexto, y embarcado en una nueva misión de alto riesgo, Rutte viajará la próxima semana a Washington para entrevistarse con Trump con el objetivo de rebajar la tensión entre Estados Unidos y sus socios. La OTAN sostiene que la cita estaba fijada desde hace tiempo, pero lo cierto es que llega en el momento más oportuno para tratar de congelar las amenazas y contener, al menos de forma temporal, la nueva crisis desencadenada por el presidente estadounidense.