Trump eleva el pulso geopolítico con un ataque sin precedentes para descabezar la República Islámica de Irán

Trump lanza una ofensiva histórica contra Irán, anuncia la muerte de Jamenei y desata una escalada regional con misiles y drones en el Golfo.

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Imagen del fallecido ayatolá Alí Jamenei Europa Press/Contacto/Umar Farooq

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado este sábado su estrategia de poder duro con una ofensiva de alcance histórico contra Irán que, en coordinación con Israel, busca descabezar la República Islámica y propiciar un cambio de régimen que ponga fin al sistema de los ayatolás instaurado en 1979.

Trump confirmó la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, en el contexto de los ataques lanzados por Estados Unidos junto a Israel con el propósito declarado de forzar una transición política en Teherán. “Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, ha muerto. Esto no solo es justicia para el pueblo de Irán, sino también para todos los grandes estadounidenses y para aquellas personas de muchos países de todo el mundo que han sido asesinadas o mutiladas por Jamenei y su banda de matones sanguinarios”, afirmó.

El mandatario comunicó así la eliminación del líder supremo, máxima autoridad de la República Islámica desde 1989. La operación, que Israel asegura haber planificado durante meses en estrecha coordinación con Washington, pretende reconfigurar el tablero político de Oriente Próximo y continuará desarrollándose durante los próximos días.

La muerte de Jamenei supone la culminación provisional del ataque sin precedentes dirigido por Estados Unidos contra el núcleo del poder de la República Islámica en Teherán, una ofensiva que se ha extendido a una veintena de instalaciones consideradas de alto valor estratégico en materia de seguridad y programa nuclear.

Los bombardeos comenzaron a las 1.15, hora de la costa este estadounidense (9.45 en Teherán y 7.15 en la España peninsular), tras la orden directa del presidente. El objetivo declarado: “desmantelar el aparato de seguridad del régimen, con prioridad para las ubicaciones que suponían una amenaza inminente”.

De acuerdo con el mando central estadounidense (CENTCOM), fueron atacados el centro de mando y control de la Guardia Revolucionaria, sistemas de defensa antiaérea, lanzaderas de misiles y drones, así como varios aeródromos militares.

Trump dirigió la operación desde una 'situation room' improvisada en su residencia de Mar-a-Lago, en Florida, donde permaneció junto a su equipo de seguridad nacional. En las imágenes difundidas se le ve acompañado por el secretario de Estado, Marco Rubio, y su jefa de gabinete, Susie Wiles, mientras mantenía comunicación telefónica constante con el jefe del Pentágono, Pete Hegseth.

Antes de dar luz verde al ataque, Trump estuvo en contacto con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y dejó clara en todo momento su intención de golpear las estructuras de poder creadas en la República Islámica tras la revolución que derrocó al sah Mohamed Reza Pahlevi en 1979.

El presidente estadounidense apeló directamente a la población iraní, subrayando que esta ofensiva representa “la única oportunidad” que tendrán “durante generaciones” para derribar a las actuales autoridades. Poco después, Netanyahu confirmó el inicio de la campaña militar destinada a “eliminar la amenaza existencial”. El Pentágono ha bautizado la operación como 'Furia Épica', mientras que en Israel se la conoce como 'Rugido del León', en continuidad semántica con la acción de junio pasado contra instalaciones nucleares iraníes denominada 'León Rampante'.

Los ataques por sorpresa se han producido mientras Washington mantenía un canal diplomático abierto con Irán, mediante negociaciones indirectas a través de Omán centradas en aspectos técnicos de un posible nuevo acuerdo nuclear. Estas conversaciones quedan ahora seriamente comprometidas y Estados Unidos podría tratar de utilizarlas como palanca de presión tras el golpe asestado a la República Islámica.

En cuanto al balance de víctimas, la Media Luna Roja iraní ha cifrado en 201 los muertos y en 747 los heridos. Las autoridades de Teherán han denunciado especialmente la muerte de más de un centenar de colegialas en un ataque contra un centro educativo en la provincia de Hormozgán, en el sur del país, mientras que otras 15 personas habrían fallecido en un bombardeo sobre un gimnasio en la localidad de Lamerd.

Por parte estadounidense, las autoridades han señalado que no se han registrado bajas entre los militares implicados en la operación. Sin embargo, Irán sostiene que sus ataques de represalia contra bases estadounidenses han provocado 200 víctimas, entre muertos y heridos, según la Guardia Revolucionaria.

Respuesta iraní y tensión en el Golfo

La reacción de Irán ha sido inmediata y ha alcanzado a más de media docena de países de la región. Con la única excepción de Omán, todos los Estados del Golfo han denunciado el lanzamiento de misiles y drones iraníes, entre ellos Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudí, Kuwait y Jordania.

Teherán afirma haber disparado un millar de proyectiles contra objetivos militares estadounidenses situados en países árabes vecinos, que considera blancos legítimos en respuesta al ataque coordinado entre Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní.

Esta ofensiva ha provocado la protesta de los gobiernos árabes afectados, que denuncian la violación de su soberanía pese a que muchos de ellos habían cerrado su espacio aéreo a operaciones contra la República Islámica.

El legado de Jamenei y el nuevo equilibrio interno

En la cúspide del sistema político surgido tras la Revolución Islámica de 1979, Jamenei concentraba amplias atribuciones en la definición de las líneas maestras de la política iraní. Líder supremo desde 1989, cuando sucedió al fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeini, ha sido la segunda y hasta ahora última figura en ocupar este puesto.

En los últimos años mantuvo una postura de línea dura tanto en política exterior, especialmente en lo relativo a la proyección de influencia de Teherán en la región, como en el ámbito interno, con la imposición de políticas conservadoras que han suscitado críticas por la represión de la disidencia y la obligatoriedad del velo.

Tras su muerte, el país queda bajo la dirección de un triunvirato compuesto por el presidente de Irán, Masud Pezeshkian; el jefe del poder judicial, Gholamhosein Mohseni-Ejei, y un jurista designado por el Consejo de Guardianes, que integrarán un “consejo de liderazgo temporal”. Todo ello bajo la atenta supervisión del influyente secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani, encargado de velar por la continuidad del sistema hasta la elección de un nuevo líder supremo, con un mensaje nítido hacia el exterior: la desaparición de Jamenei es un golpe grave, pero los principios fundacionales de la Revolución Islámica permanecen intactos.

“Es un golpe durísimo”, explicó esta madrugada un diplomático árabe bajo condición de anonimato al 'Times of Israel', “pero este régimen está concebido para soportar cualquier escenario y ahora mismo tiene su mirada puesta en una guerra de desgaste, porque sabe que Estados Unidos quiere terminar esta campaña lo antes posible, y ahora mismo la mera supervivencia sería considerada una victoria”.