Trump envía a 3.000 soldados de élite al Golfo mientras sigue la escalada de tensión con Irán

El despliegue refuerza la presencia militar de EE. UU. en el Golfo mientras crece la tensión con Irán y se acerca el plazo del ultimátum sobre Ormuz

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El presidente de EEUU, Donald Trump Kay Nietfeld/dpa

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El presidente estadounidense, Donald Trump, ha ordenado el despliegue de aproximadamente 3.000 soldados de la 82 División Aerotransportada, una unidad de élite del ejército estadounidense, en la región del Golfo Pérsico, según han confirmado fuentes del Pentágono al Wall Street Journal.

Aunque la orden oficial de movilización se emitirá en las próximas horas, los altos cargos militares precisan que no se ha tomado decisión alguna sobre la entrada de tropas estadounidenses en territorio iraní. Sin embargo, el movimiento abre la puerta a posibles operaciones en suelo iraní si la Administración opta por escalar la confrontación.

Trump aplaza su amenaza sobre las centrales eléctricas 

Este anuncio se produce un día después de que Trump aplazara su amenaza de atacar las centrales eléctricas de Irán, cuya apertura inmediata del estrecho de Ormuz exigía un ultimátum que expiraba este lunes. La prórroga otorgada amplía el plazo hasta este viernes, fecha en la que se espera la llegada al Golfo de un grupo de buques de asalto anfibios, acompañados por 2.500 marines de la 31 Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina, que se sumarán a la flota estadounidense en la región tras un par de días de tránsito.

Analistas advierten que este movimiento de tropas eleva la tensión en la zona y refleja la estrategia de Trump de mantener presión sobre Teherán sin comprometer inmediatamente fuerzas en combate directo. La presencia de tropas de élite en proximidad al conflicto sirve tanto como disuasión militar como herramienta de negociación, en un momento crítico de la escalada entre Estados Unidos e Irán.

El Pentágono mantiene que el despliegue responde a la seguridad de los intereses estadounidenses en la región, aunque los aliados en Oriente Próximo y Europa siguen de cerca la evolución de la crisis, temiendo un posible enfrentamiento directo que podría alterar la estabilidad del Golfo y los mercados energéticos internacionales.