Alerta por las encuestas
La Administración de Donald Trump ha encendido las alarmas internas tras constatar que la ofensiva migratoria liderada por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) no solo no está sumando apoyos electorales, sino que comienza a erosionarlos.
Así lo revela un amplio reportaje publicado por The Daily Beast, que detalla el nerviosismo creciente entre los asesores del presidente tras analizar sondeos privados del Partido Republicano.
Según estas encuestas internas, revisadas a finales de diciembre, un 60% de los votantes independientes y un 58% de los indecisos consideran que Trump está “demasiado centrado” en las deportaciones de inmigrantes indocumentados.
Además, aproximadamente un tercio de los encuestados cree que la política migratoria del presidente está afectando principalmente a personas que cumplen la ley, y no a criminales, una percepción que preocupa especialmente al equipo presidencial.
El caso de Minneapolis acelera el rechazo social
El desgaste político se ha intensificado tras los episodios de violencia registrados en Minnesota, donde las operaciones de ICE han provocado protestas diarias y una fuerte cobertura mediática.
El detonante fue la muerte de Renee Nicole Good, una madre de 37 años y escritora, que falleció el pasado 7 de enero tras recibir un disparo de un agente de ICE durante una protesta en Minneapolis.
Los disturbios posteriores, junto con un segundo incidente en el norte de la ciudad que dejó herido a un ciudadano venezolano, han convertido la ofensiva migratoria en un problema de orden público y reputación institucional para la Casa Blanca.
“No le gusta cómo se ve”: incomodidad en el entorno presidencial
De acuerdo con The Daily Beast, varios asesores reconocen en privado que Trump sigue comprometido con las deportaciones masivas, pero no con las imágenes que están llegando a la opinión pública.
Un alto cargo citado en el reportaje resume la inquietud interna: el presidente “quiere deportaciones, quiere deportaciones masivas, pero no quiere lo que la gente está viendo. No le gusta cómo se ve”.
Este malestar ha abierto conversaciones internas sobre una posible “recalibración” de las tácticas de ICE, ante el temor de una fuga de votantes moderados, independientes y de minorías, claves para la ajustada victoria republicana de 2024 y determinantes para mantener el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio mandato.
Las encuestas públicas confirman el cambio de clima
Los datos demoscópicos publicados tras los sucesos de Minneapolis refuerzan las preocupaciones del entorno presidencial. Un sondeo de CNN indica que el 51% de los estadounidenses cree que las operaciones de ICE están haciendo las ciudades menos seguras, frente a solo un 31% que opina lo contrario.
Otro estudio de YouGov, realizado después de la muerte de Good, muestra que una mayoría de los encuestados apoya imponer límites estrictos a la agencia migratoria y que casi la mitad considera incluso su abolición. En la misma línea, una encuesta de AP-NORC sitúa la aprobación de la gestión migratoria de Trump en el 38%, frente al 49% registrado en marzo de 2025.
Minnesota, epicentro del mayor despliegue de ICE
El rechazo social se ha visto amplificado por la magnitud del operativo. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ha desplegado alrededor de 3.000 agentes federales en Minnesota, en lo que el propio Gobierno ha descrito como el mayor refuerzo migratorio de la historia reciente.
Las imágenes de agentes enmascarados realizando detenciones en plena calle han alimentado las protestas y han generado críticas incluso entre aliados habituales del presidente.
Voces críticas desde el entorno conservador
El impacto político ha traspasado el ámbito progresista. El influyente podcaster Joe Rogan, que respaldó a Trump en las elecciones de 2024, denunció públicamente la presencia de “grupos militarizados recorriendo las calles con máscaras, llevándose a la gente”, preguntándose si Estados Unidos se dirige hacia prácticas propias de un estado policial.
Estas críticas desde sectores afines al trumpismo han aumentado la inquietud en la Casa Blanca, al evidenciar que la contestación no se limita a la oposición demócrata.
Escalada pública frente a dudas privadas
Pese a las dudas internas, la respuesta oficial del presidente ha sido endurecer el discurso. Trump ha amenazado públicamente con invocar la Ley de Insurrección en Minnesota si las autoridades locales no frenan lo que califica de “agitadores” contra ICE, insinuando incluso la posibilidad de imponer medidas cercanas a la ley marcial.
Al mismo tiempo, la Administración ha optado por reforzar aún más la presencia federal en Minneapolis, una estrategia que contrasta con las advertencias que surgen desde su propio entorno político.
La Casa Blanca defiende la línea dura
Frente a las encuestas y el desgaste mediático, los portavoces del Ejecutivo insisten en que la política migratoria sigue siendo uno de los activos electorales del presidente. Desde la Casa Blanca se subraya que Trump ganó las elecciones prometiendo la mayor operación de deportaciones de la historia y que está cumpliendo ese mandato.
Tanto la portavoz presidencial como responsables del Departamento de Seguridad Nacional han defendido que el apoyo a la agenda “America First” se mantiene estable, pese a las imágenes de violencia y la creciente contestación social.