Trump, el Papa y las 'midterms': ¿pasarán factura a los republicanos los ataques contra León XIV?

El Vaticano reivindica el papel del Papa como voz moral frente a la guerra mientras crece la tensión con la Casa Blanca

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El presidente de EEUU, Donald Trump | Europa Press

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el papa León XIV han copado titulares esta semana por sus ataques cruzados, principalmente por sus diferencias contra la guerra de Irán. Trump le respondió el lunes llamándole "débil" y publicó una fotografía en redes donde se presentaba a sí mismo como una figura mesiánica. "No creo que el mensaje del Evangelio esté destinado a ser utilizado de la manera en que algunas personas lo están haciendo", respondió por su parte el Santo Pontífice.

Su rifirrafe se extendió incluso a Europa. La primera ministra italiana, Georgia Meloni, la que hasta la fecha es su mayor aliada en la UE, salió en defensa de León XIV y Trump cargó contra ella porque la consideraba "más valiente". Este jueves, desde Camerún, el Papa ha vuelto a pronunciarse, esta vez contra los "tiranos" que a su juicio están "devastando" el mundo.

Trump ha vuelto a situarse en el ojo del huracán, y su cadena de insultos contra el Papa podría pasarle factura en un momento en el que desde Whashington ya empiezan a hacer cálculo electoral. Con la mirada puesta en las próximas elecciones legislativas, las midterm de noviembre, el líder del Partido Republicano afronta un nuevo foco de tensión: el creciente malestar entre sectores católicos conservadores tras sus ataques al papa León XIV.

Un choque con el Vaticano que rompe equilibrios

Lo que en un principio parecía una nueva polémica mediática más en el ecosistema político estadounidense ha evolucionado en pocos días hacia un fenómeno más profundo, una fractura inesperada dentro de parte de su propio electorado religioso, tradicionalmente clave en su ascenso político.

Las palabras de Trump han provocado una reacción inusualmente crítica incluso entre aliados ideológicos del presidente, especialmente dentro del catolicismo conservador estadounidense, un sector que ha sido decisivo en su consolidación electoral.

Obispos de distintas diócesis de Estados Unidos, desde Oklahoma hasta Chicago o Las Vegas, han expresado públicamente su preocupación por el tono del enfrentamiento entre la Casa Blanca y el Vaticano. “Rezo para que todo esto aclare a la gente que no debemos buscar la guía en un líder nacional”, dijo hace unos días el obispo Joseph Strickland, cercano en el pasado al entorno trumpista

En ese espacio consevador, han surgido críticas de mayor dureza. El comentarista cristiano ortodoxo Rod Dreher llegó a afirmar que, aunque no considera a Trump una figura demoníaca, percibe en su discurso “un espíritu profundamente inquietante”, en una de las formulaciones más duras procedentes de ese entorno ideológico.

Por su parte, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, el arzobispo Paul Coakley, subrayó en un comunicado que el Papa “no es un rival político, sino el vicario de Cristo”, insistiendo en que su papel no puede reducirse a una disputa ideológica.

Poco antes de que Trump volviera a agitar el debate con un nuevo mensaje en redes, el vicepresidente J. D. Vance, considerado el católico con mayor peso político en la administración, participó el martes en un acto organizado por Turning Point USA, una de las principales plataformas de movilización del movimiento MAGA, por sus siglas, Make America Great Again (Hacer América grande otra vez). La organización, fundada por el activista conservador Charlie Kirk, asesinado el pasado septiembre, se ha convertido en un referente del activismo juvenil alineado con la agenda trumpista.

En su intervención, Vance abordó directamente la figura del papa León XIV y le aconsejó que “tenga cuidado al hablar de asuntos teológicos”, una declaración que provocó reacciones inmediatas en el público, con interrupciones y protestas durante su discurso.

El voto católico, un apoyo sólido pero no monolítico

Este aparente giro en la percepción de los católicos conservadores hacia el presidente de Estados Unidos introduce un elemento de incertidumbre política en un electorado que ha sido clave para su consolidación. Trump consiguió reforzar de manera significativa su apoyo entre este segmento durante las elecciones de 2024, convirtiéndolo en uno de los pilares de su base electoral más fiel.

Los mensajes de Trump pueden pasarle factura de cara a esas midterms porque, hasta ahora, su respaldo electoral entre las comunidades religiosas del país ha sido consistente en los últimos ciclos electorales. En 2024, según datos del Pew Research Center, obtuvo el apoyo de aproximadamente el 60% de las personas protestantes y alrededor del 55% de los católicos.

Entre los católicos blancos, alrededor del 62% apoyó a Trump, frente al 37% que votó por Kamala Harris. En cambio, entre los católicos hispanos la tendencia se invirtió: el 41% respaldó al republicano, mientras que el 58% se inclinó por Harris, reflejando una división interna marcada dentro del electorado católico en función del origen étnico.

El actual pontificado de León XIV, primer papa estadounidense, ha añadido una dimensión inédita a esta relación. Aunque su perfil es percibido como más moderado que el de su predecesor, su posicionamiento crítico respecto a la guerra de Irán ha generado fricciones con la administración estadounidense.

Guerra, religión y política: una convergencia inesperada

Poco después de los primeros ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, pronunció una oración durante un servicio religioso en el Pentágono que generó controversia por sus referencias a una “violencia abrumadora” y a una “justicia ejecutada con celeridad y sin remordimientos”.

En el debate posterior, el comentarista Peter Wolfgang, habitualmente crítico con el ala progresista del catolicismo, señaló que el conflicto iraní ha contribuido, de forma inesperada, a acercar posturas entre distintas sensibilidades dentro de la Iglesia, en parte debido a la claridad del mensaje antibélico del papa León XIV.

En este contexto, resulta llamativo que ningún miembro de alto rango del clero católico estadounidense haya expresado públicamente su respaldo a la guerra en Irán.

Incluso el obispo Robert Barron, de Winona-Rochester y considerado un aliado cercano a sectores conservadores y a Donald Trump, llegó a pedir que el presidente estadounidense se disculpara ante León XIV por sus declaraciones más duras, una solicitud que la Casa Blanca descartó.

Respuesta del Vaticano

 

El Vaticano ha insistido en que lo ocurrido en las últimas semanas no debe interpretarse como un enfrentamiento directo entre el papa León XIV y el presidente Donald Trump, sino como la expresión de un pontificado que se apoya en su autoridad moral y en la doctrina de la Iglesia para cuestionar la lógica de la guerra.

En este contexto, cuando Trump advirtió que “toda una civilización moriría” en Irán, el Papa respondió de forma inmediata calificando esa declaración como “verdaderamente inaceptable”, en un gesto que elevó el tono del intercambio público.

El reverendo Antonio Spadaro, subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano, subrayó que existe una diferencia fundamental entre confrontar a un líder político y cuestionar los principios que justifican la guerra. En declaraciones a la cadena estadounidense BBC, afirmó que, aunque se mantienen canales de comunicación discretos en los ámbitos de poder, el Papa considera necesario pronunciarse públicamente para “marcar el límite moral” de lo que puede considerarse aceptable.

Spadaro reconoció además que esta postura no logra generar consenso universal dentro del catolicismo, pero sostuvo que el pontífice está consiguiendo desplazar el debate “de una lógica puramente partidista” hacia un plano ético más amplio.

En paralelo, desde el entorno vaticano surgen interrogantes sobre las motivaciones detrás de la escalada retórica de Trump, incluida la difusión de es imágenes generadas por inteligencia artificial.

También se especula sobre si sus ataques al Papa buscan erosionar la influencia del Vaticano en el debate sobre la guerra, aunque desde la Santa Sede se interpreta el efecto contrario. En palabras de Spadaro, al intentar deslegitimar al pontífice, el presidente estadounidense estaría reconociendo de forma implícita el peso de su autoridad moral.