El presidente de Estados Unidos ha deslizado la idea de "quizás" llevar a cabo una "toma amistosa" de Cuba, en una operación similar a la que asegura haber emprendido en Venezuela, aunque en este caso con la presunta colaboración de las autoridades cubanas. Según ha indicado, mantiene abierto un canal de comunicación con el Gobierno de la isla para abordar este escenario.
"El Gobierno cubano está conversando con nosotros. Tienen muchos problemas. Allí no hay dinero y no hay nada. Pero están hablando con nosotros e igual hacemos una toma amistosa", ha comentado Trump, recurriendo a un concepto propio del ámbito empresarial que alude a cuando los directivos de una compañía facilitan su compra por otra firma.
En este contexto, el mandatario ha recordado su larga familiaridad con la situación de la isla. "Llevo oyendo cosas de Cuba desde que era niño. Todos quieren que cambie y veo posible que ocurra", ha manifestado Trump, aludiendo a las iniciativas que Washington ha impulsado durante décadas para propiciar un relevo político en La Habana, entre ellas casi 70 años de bloqueo económico sobre el país caribeño, pese a la oposición de la práctica totalidad de los Estados miembro de la ONU.
Presión económica y diplomática sobre La Habana
Trump ha insistido en las dificultades que atraviesa la isla y en el papel de la diáspora cubana asentada en Estados Unidos. "Pero tienen muchos problemas. Y tenemos que gente que vive aquí con muchas ganas de volver, y muy contentas con la forma en la que se está desarrollando la situación", ha señalado ante los periodistas. En sus declaraciones no ha hecho referencia al suceso registrado esta semana, cuando cuatro tripulantes de una embarcación con bandera estadounidense murieron en un tiroteo con las fuerzas de seguridad cubanas en aguas de Cuba.
A comienzos de esta semana, el Gobierno de EEUU comunicó su intención de autorizar el envío de combustible desde compañías energéticas estadounidenses hacia empresas privadas cubanas. Con esta medida, la Administración busca incrementar la dependencia energética de la isla respecto a Estados Unidos y, de forma paralela, reforzar el tejido empresarial privado cubano, debilitando así al Ejecutivo de La Habana.
El Gobierno cubano afronta una presión adicional desde la operación estadounidense destinada a capturar al presidente venezolano, Nicolás Maduro. Tras esa incursión, Trump ha redoblado sus exigencias a Caracas para que ponga fin a su histórica alianza con Cuba, en un intento de aislar aún más al Gobierno cubano en el tablero regional.