Dinamarca acude este martes a las urnas en unas elecciones generales adelantadas a raíz de la crisis abierta por Groenlandia tras las reclamaciones soberanistas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Este episodio ha terminado por apuntalar a los socialdemócratas de la primera ministra, Mette Frederiksen, pese a que hace solo cuatro meses el panorama era muy distinto y su Ejecutivo aparecía claramente debilitado.
En diciembre, los socialdemócrata encadenaban derrota tras derrota en los comicios municipales, rematadas por un revés histórico en Copenhague, donde perdieron el control político por primera vez en más de cien años. Ahora, arropada por una defensa férrea de la identidad del territorio, todas las encuestas sitúan al partido de Frederiksen como la principal fuerza política del país, con una media de apoyo del 21%, tres puntos más que a finales del año pasado y diez por encima de su competidor inmediato, el Partido Liberal (Venstre) del vice primer ministro Troels Lund Poulsen.
Este equilibrio de fuerzas se da en un Parlamento en el que se requieren 90 escaños para alcanzar la mayoría absoluta. Los aproximadamente 38 asientos que los socialdemócratas obtendrían según la demoscópica YouGov abren la puerta, aunque de forma lejana, a que Frederiksen configure un nuevo gobierno aún más escorado a la izquierda junto al Partido Social Liberal (Radikale Venstre), la formación socialdemócrata-verde Izquierda Verde, los ecosocialistas de la Alianza Roja-Verde y el europeísta Alternativa: un bloque "rojo" que sumaría 85 diputados.
La jefa de Gobierno ha dejado entrever su disposición a este giro, por ejemplo con la propuesta de un impuesto al patrimonio del 0,5% destinado a financiar clases más reducidas en los colegios. Sin embargo, ha mantenido intacta su línea dura en materia migratoria y, aunque la crisis de Groenlandia ha movilizado a sus bases, los síntomas de desgaste son claros: este 21% provisional supone siete puntos menos que en las elecciones de 2022.
En el frente contrario se perfila una coalición de derechas algo más complicada, pero en absoluto imposible: exigiría la coordinación entre Venstre, la Alianza Liberal y los Conservadores, con el respaldo imprescindible de al menos otros dos partidos menores. Los últimos sondeos apuntan a que el bloque "azul" de la derecha danesa se quedaría en 80 escaños, pero con diez asientos en manos de "partidos bisagra", incluso un único diputado groenlandés podría inclinar la balanza en las futuras negociaciones de gobierno.
En todo caso, Frederiksen, una de las dirigentes de centroizquierda más veteranas en el poder en Europa, ha visto cómo su popularidad repuntaba en los últimos meses gracias a su rechazo frontal a las pretensiones de Trump sobre Groenlandia, un territorio que "no está en venta", frase repetida hasta la saciedad durante la crisis hasta casi convertirse en lema oficioso de la precampaña.
Candidatos de Groenlandia, piezas clave en el Parlamento danés
Los aspirantes groenlandeses compiten por dos escaños en el Folketing (el Parlamento danés) que pueden resultar determinantes para inclinar la balanza a favor de la primera ministra y llegan con un listado propio de exigencias, como el partido opositor Naleraq, que persigue como objetivo central la independencia de lo que por ahora sigue siendo un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca.
Entre sus demandas figura la revisión del acuerdo de defensa de 1951 entre Dinamarca y Estados Unidos, que deja fuera a Groenlandia: pese a contar con una amplia autonomía para gestionar los asuntos internos de sus cerca de 57.000 habitantes, cuestiones como la política exterior y la defensa permanecen bajo control exclusivo de Copenhague.
Hasta la fecha, Groenlandia no ha enviado a ningún diputado de derechas a la capital danesa. Este escenario podría modificarse si Demokraatit lograra por primera vez uno de los dos escaños, lo que podría complicar la posición de Frederiksen si la formación decide alinearse en su contra. Las autoridades groenlandesas, en cualquier caso, no descartan al centroderecha como socio potencial siempre que atienda sus reclamaciones, como ilustra la reciente reunión del primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, con Troels Lund Poulsen y Alex Vanopslagh (Alianza Liberal), los dos líderes de centroderecha que aspiran a desbancar a la actual mandataria.
En líneas generales, todos los partidos groenlandeses coinciden en la prioridad de salvaguardar la integridad del territorio, conscientes de que la crisis puede haberse calmado tras el anuncio de Trump de un vago acuerdo para proteger los intereses militares estadounidenses, pero dista mucho de haberse cerrado definitivamente.
Así lo reflejan algunas de las iniciativas planteadas por los candidatos, entre ellas la creación de una "fuerza de vigilancia costera" integrada por pescadores y cazadores locales, con la seguridad del territorio como preocupación constante ante posibles tensiones futuras.