Las autoridades turcas han denunciado este lunes la operación terrestre “genocida” lanzada por el Ejército israelí contra “bastiones clave” del partido-milicia chií Hezbolá en el sur de Líbano, advirtiendo de que estas acciones “agravan aún más la inestabilidad en la región” de Oriente Próximo.
El Ministerio de Exteriores de Turquía ha difundido un comunicado en el que afirma: “Condenamos enérgicamente la operación terrestre de Israel contra el Líbano. La implementación por parte del Gobierno de (Benjamin) Netanyahu de políticas genocidas y de castigo colectivo, esta vez en Líbano, conducirá a una nueva catástrofe humanitaria en la región”.
Ankara ha remarcado además su “solidaridad con Líbano ante estos ataques, que violan su soberanía e integridad territorial”, mientras que el Ejecutivo israelí sostiene que la ofensiva se encuadra en actuaciones de “defensa”.
Según las Fuerzas Armadas de Israel, con esta ofensiva buscan “desmantelar la infraestructura terrorista y la eliminación de los terroristas que operan en la zona, con el fin de crear una capa adicional de seguridad para los residentes del norte de Israel”.
Por su parte, las autoridades libanesas han elevado a casi 900 las víctimas mortales causadas por la nueva campaña de bombardeos israelíes. Israel ha desplegado también tropas en distintos puntos del sur del país vecino en represalia por el lanzamiento de proyectiles por parte de Hezbolá, que responde así al asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, durante la ofensiva contra el país asiático.
En los últimos meses, Israel ya había ejecutado decenas de ataques aéreos sobre territorio libanés pese al alto el fuego acordado en noviembre de 2024, alegando que se dirige exclusivamente contra posiciones y actividades de Hezbolá y defendiendo por ello que no vulnera el pacto. Sin embargo, tanto el Gobierno de Líbano como la formación chií han rechazado esta interpretación y han criticado con firmeza estos bombardeos, que también han sido censurados por Naciones Unidas.
El acuerdo de alto el fuego establecía la retirada de las fuerzas de Israel y de Hezbolá del sur de Líbano. No obstante, el Ejército israelí ha conservado cinco posiciones en territorio libanés, una presencia militar que ha sido objeto de reiteradas protestas por parte de Beirut y del grupo chií, que reclaman el desmantelamiento completo de este despliegue.