Ucrania entra en el quinto año de guerra con Rusia sin apoyo de EEUU y ante una negociación llena de cesiones

Cuatro años después de la invasión rusa, Ucrania afronta avances de Moscú, presión negociadora y un apoyo de EEUU en retirada que deja a Europa en primera línea

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Militar ucraniano de un regimiento de combate de drones en la región de Donetsk a principios de 2026. Europa Press/Contacto/Dmytro Smolienko

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Ucrania conmemora este martes el cuarto año desde el inicio de la invasión a gran escala ordenada por el presidente ruso, Vladimir Putin, en un contexto cada vez más adverso. Rusia continúa avanzando lentamente en el este del país, mientras la ausencia de respaldo militar por parte de la Administración de Donald Trump —que ha trasladado a los socios europeos la carga principal del apoyo a Kiev— y unas conversaciones tripartitas con Moscú y Washington empujan a Ucrania hacia una negociación en la que se le exigen concesiones muy difíciles para cerrar el conflicto.

“En los últimos 12 meses solo hemos visto un empeoramiento de la situación. Hemos visto avances rusos en las líneas del frente y un aumento del 31% en las bajas y heridos entre la población civil”, afirma Olena Prokopenko, analista de la German Marshall Fund, en declaraciones a Europa Press. Prokopenko señala que 2025 se convirtió en el año más letal para Ucrania desde 2014, cuando Rusia ocupó la península de Crimea y comenzó la guerra en el este de Ucrania.

En la misma línea se expresa Jack Watling, investigador del Real Instituto de Servicios Unidos (RUSI), un ‘think tank’ británico especializado en seguridad y defensa. En un análisis reciente subraya que, durante el último año, los avances rusos se han sustentado en la “creciente letalidad del fuego ruso y a la disminución del número de tropas ucranianas”, lo que ha permitido progresos de Rusia “de forma persistente” capaces de “socavar las posiciones defensivas de Ucrania”.

En el terreno estrictamente militar, Kiev se ha visto forzada a introducir mejoras tecnológicas en sus unidades, pero “si Rusia continúa logrando avances constantes o incluso acelerados, el Kremlin mantendrá el esfuerzo”, sostiene Watling. “Si el progreso se ralentiza de forma significativa, la percepción de Putin sobre sus perspectivas podría cambiar a medida que aumenten los riesgos políticos internos”, añade el experto del centro británico.

¿2026, el año de la paz en Ucrania?

Al iniciar el quinto año de guerra, Ucrania encara un horizonte especialmente complejo: al deterioro de la situación en el frente se suma, según Prokopenko, que la estrategia occidental hacia Moscú ha “fracasado estrepitosamente”. La analista insiste en que solo “la presión económica y la presión militar sobre Rusia pueden conducir a la resolución de esta guerra y a la paz”.

“Hemos visto que Rusia ha negado de manera constante la posibilidad de un alto el fuego, incluso uno a corto plazo”, recalca, subrayando que el papel de Trump es clave para entender el empeoramiento de las perspectivas ucranianas. “No ha sido capaz de convencer a Rusia de que un alto el fuego es el primer paso hacia una paz duradera”, indica sobre el líder norteamericano, remarcando que Washington empuja a unas conversaciones en las que el Kremlin no muestra verdadero interés.

“Rusia no solo no está interesada en conversaciones serias y reales, sino que ni siquiera está verdaderamente en la mesa de negociación. Las rondas que hemos visto fueron puramente técnicas y son más relevantes para una etapa posterior, cuando se tome una decisión política; pero no hay ninguna decisión política”, reflexiona Prokopenko. A su juicio, estos contactos han dado a Rusia varios meses adicionales para seguir adelante con sus planes militares de “conquistar Ucrania en su conjunto”.

En este contexto, la analista de la German Marshal Fund recalca a Europa Press que el rol de Estados Unidos en el último año “ha sido muy negativo” para los intereses de Kiev, tanto por la suspensión de la ayuda en el campo de batalla como por su actitud política. “Ahora Putin se siente mucho más animado a no cooperar en las negociaciones”, advierte, señalando que el dirigente ruso “no ve ninguna consecuencia política y, hasta hace poco, tampoco veía ninguna consecuencia económica” por mantener su actual ‘hoja de ruta’.

Watling, por su parte, insiste en que Moscú mantiene una “postura maximalista” respecto a sus objetivos en Ucrania. “Creen que pueden sostener la guerra hasta 2027 y perciben el proceso de negociaciones en curso como un vehículo para introducir una cuña en la alianza transatlántica”, alerta.

En su opinión, mientras la atención internacional se vuelca en las negociaciones “impuestas a las partes” por Estados Unidos, la propia retórica de Washington hacia Europa y sus movimientos para distanciarse de los compromisos de seguridad con sus aliados hacen que los márgenes de maniobra de Ucrania sean reducidos en cualquier formato de diálogo.

Trump centra su propuesta en que Kiev acepte ceder territorios en la región del Donbás a cambio de un apoyo militar posterior a la guerra, al tiempo que erosiona la confianza en Washington como garante fiable de la seguridad europea. “El resultado es que cualquier colapso de un alto el fuego durante su implementación dejaría a Ucrania en una posición militar mucho más debilitada. En resumen, la oferta de Estados Unidos es mala”, resume Watling.

La postura del Kremlin, mientras tanto, es que, siempre que perciba opciones de lograr en el campo de batalla lo que se discute en la mesa de diálogo, “mantendrá las negociaciones en marcha, pero en esencia prolongará el proceso sin avances reales”, advierte el investigador.

Para Prokopenko, aceptar esas concesiones y renunciar al Donbás “daría a Rusia un trampolín para conquistar más territorio ucraniano”. “Para Ucrania no tiene ningún sentido, ni militar ni políticamente, aceptar esas concesiones si no vemos seriedad por parte de Estados Unidos”, concluye.

Europa, apoyo clave pero relegado

Este escenario deja a Europa en una posición incómoda. Aunque se mantiene como el principal sostén militar y el mayor respaldo financiero de Kiev, los países europeos son sistemáticamente apartados del núcleo de las discusiones entre ucranianos, rusos y estadounidenses para poner fin a la guerra.

“Europa se está rearmando, pero ello lleva tiempo, por lo que muchos Estados europeos consideran que un alto el fuego repentino en términos desfavorables expondría al continente a graves riesgos”, señala el analista de RUSI, que considera que Estados Unidos y Europa tienen intereses muy distintos en el caso ucraniano.

Según su análisis, Washington persigue un alto el fuego rápido y la normalización de la cooperación económica con Rusia, mientras que Europa sigue reforzando su defensa y mantiene un amplio régimen de sanciones contra el Kremlin, con el que ha roto prácticamente todos los lazos económicos.

Para Watling, la cuestión decisiva es si Rusia podrá seguir alimentando su maquinaria bélica al mismo tiempo que Ucrania conserva la capacidad de golpear en profundidad. “La economía rusa puede sostener la guerra, pero a medida que se reducen las reservas y crece la deuda, también se vuelve más vulnerable a las perturbaciones. La cuestión es si Europa está dispuesta a ejercer esa presión”, explica.

En esta misma línea, Prokopenko subraya que el factor económico es el principal punto débil de Rusia y que Europa puede incrementar su apoyo proporcionando armamento de largo alcance a Kiev. Reclama, además, redirigir las sanciones hacia el refuerzo de la defensa y la resiliencia económica ucraniana, con el fin de enviar un “mensaje político fuerte” de que el bloque europeo aún tiene margen de actuación. “Europa paga todo lo relacionado con la defensa de Ucrania en este momento y concedió a Ucrania un préstamo de 90.000 millones de euros en diciembre, por lo que Europa ya está pagando la factura y Estados Unidos tiene que hacer más por su parte”, recalca.

En cualquier caso, Prokopenko apunta que Europa puede consolidar su imagen de actor autónomo en el apoyo a Kiev mediante el uso de los activos rusos congelados, una herramienta que la Casa Blanca no respalda pero que los líderes europeos sí tienen a su disposición. “Una vez más, Europa cuenta con un sólido conjunto de herramientas que debería utilizar”, concluye.