Las autoridades ucranianas han reiterado este viernes que el bombardeo llevado a cabo el jueves contra una localidad de la región de Jersón controlada por las fuerzas rusas respondió a “un objetivo militar legítimo”. Esta afirmación llega después de que Moscú denunciara la muerte de al menos 27 personas en el ataque, que impactó en un hotel y una cafetería de la ciudad costera de Jorli, situada a orillas del mar Negro.
Fuentes de las Fuerzas de Seguridad y Defensa de Ucrania explicaron a la agencia de noticias ucraniana Ukrinform que “las fiestas nocturnas en cafeterías y hoteles en Jorli, imposibles para la población civil por el toque de queda y el estricto régimen de contrainteligencia, están acompañadas por el consumo de alcohol y un comportamiento ruidoso por parte de ocupantes, oficiales del Servicio Federal de Seguridad (FSB) y policías”.
De acuerdo con estas fuentes, en el lugar alcanzado por el ataque se encontraban miembros de los cuerpos de seguridad rusos que participaban en una celebración de Año Nuevo. Añadieron que tanto el Ejército ruso como las estructuras prorrusas de Jersón habrían sufrido un número significativo de bajas, entre ellas un alto mando policial identificado como Serhi Bohan.
Las mismas fuentes subrayaron igualmente que “casi no queda población local” en Jorli, ya que “la mayoría de los edificios residenciales, centros de recreo y otros inmuebles han sido confiscados ilegalmente por la administración ocupante rusa”. “Cualquiera que participe en una guerra criminal contra el pueblo ucraniano es un objetivo militar legítimo”, concluyeron.
Por su parte, el Comité de Investigación de Rusia ha anunciado la apertura de una causa penal por lo que ha calificado de “atentado terrorista”. El gobernador prorruso de Jersón, Vladimir Saldo, criticó el ataque y afirmó que “así es la paz” del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, en un contexto marcado por las conversaciones auspiciadas por Estados Unidos para tratar de cerrar un acuerdo de paz tras casi cuatro años de invasión rusa.