La ciudadanía de Uganda está convocada este jueves a votar en unas elecciones generales en las que el actual presidente, Yoweri Museveni, intenta lograr un séptimo mandato para prolongar unas casi cuatro décadas en el poder. Para ello volverá a medirse con el principal líder opositor, Robert Kyagulanyi, el popular ex cantante conocido como Bobi Wine.
Museveni, de 81 años y en la Jefatura del Estado desde 1986, concurre como aspirante del partido oficialista, el Movimiento Nacional de Resistencia (NRM), que pretende conservar su holgada mayoría en el Parlamento. En la actualidad controla 336 de los 529 escaños, frente a los 57 que tiene la Plataforma de Unidad Nacional (NUP) de Bobi Wine.
El NRM ha articulado su mensaje electoral en torno al lema “Proteger los avances: dar un salto cualitativo hasta el estatus de ingresos medio-altos”, en un momento en el que el país se aproxima a los 40 años bajo el liderazgo de Museveni, figura clave de la lucha armada contra los regímenes de Idi Amin y Milton Obote.
El mandatario llegó al poder tras la entrada en Kampala de su Ejército de Resistencia Nacional (NRA) y el derrocamiento de Tito Okello, quien un año antes había encabezado un golpe de Estado que puso fin al gobierno de Obote, acusado de graves abusos y vulneraciones de los Derechos Humanos.
No obstante, la imagen de liberador de Museveni no se tradujo de inmediato en elecciones presidenciales, que no se celebraron hasta 1996. Desde entonces ha ido renovando su mandato en comicios marcados por reiteradas denuncias de violaciones de Derechos Humanos, lo que ha llevado a organizaciones internacionales a reclamar el fin de la impunidad y mecanismos de rendición de cuentas.
La nueva postulación de Museveni —respaldada por el NRM en agosto— ha sido duramente cuestionada por la oposición, que alerta de una creciente deriva autoritaria y critica que el presidente impulsara reformas para seguir presentándose, incluida la supresión en 2005 del límite de dos mandatos, coincidiendo con la implantación del sistema multipartidista en Uganda.
En 2017, las autoridades eliminaron además el tope de 75 años para optar a la Presidencia, lo que permite volver a competir a Bobi Wine, de 43 años, visto por parte de la población como símbolo de renovación política. El opositor ya fue candidato en 2021, cuando rechazó reconocer la victoria de Museveni alegando un fraude masivo.
Bobi Wine tomó el relevo del veterano opositor Kizza Besigye, rival de Museveni en las presidenciales de 2001, 2006, 2011 y 2016, en las que fue derrotado con amplios márgenes —el presidente obtuvo siempre entre cerca del 60% y el 70% de los sufragios—, denunciando igualmente irregularidades y acusando al Gobierno de reprimir a sus simpatizantes.
Besigye ha vuelto a cobrar protagonismo en esta campaña tras su detención en Kenia en noviembre de 2024 y su posterior entrega a Uganda para responder a cargos de “traición” —que podrían acarrearle la pena de muerte—. Sus seguidores sostienen que se trata de un caso de persecución política destinado a apartar de la escena a una de las figuras opositoras más influyentes del país.
Nuevas acusaciones de represión
La campaña para las elecciones del 15 de enero ha estado marcada por constantes denuncias de represión por parte de las fuerzas de seguridad, especialmente contra actos de la NUP. Se han reportado muertos y heridos en manifestaciones y concentraciones organizadas por el partido de Kyagulanyi, a lo que se sumó el corte del acceso a Internet en la víspera de la cita con las urnas.
En este contexto, Bobi Wine ha llegado a afirmar que su campaña electoral “no es una campaña normal”. “Casi estamos en guerra. Pueden verse a los soldados y vehículos desplazados. Esta gente agrede y mata a nuestros seguidores”, declaró en un acto a comienzos de diciembre, mientras la comisión electoral instaba públicamente a respetar la libertad de expresión.
El ex icono del reggae ha conseguido movilizar a una amplia base social, en particular entre los jóvenes, gracias a su promesa de profundizar en la democracia, combatir la corrupción y crear empleo mediante una reforma económica. Uganda es un país donde cerca de dos tercios de la población tiene menos de 30 años.
Una de las grandes inquietudes del Gobierno es precisamente el precedente de los últimos años en los vecinos Kenia y Tanzania, donde los sectores juveniles han mostrado una creciente capacidad de movilización, propiciando cambios políticos y desencadenando duras respuestas represivas, como las registradas tras las elecciones de 2025 en Tanzania, con denuncias de cientos de fallecidos.
En este escenario, Naciones Unidas advirtió la semana pasada de que los comicios se celebran en un contexto “marcado por la represión generalizada y la intimidación” mediante el uso de leyes aprobadas o modificadas desde las elecciones de 2021. “Las autoridades ugandesas deben garantizar que todos los ugandeses pueden participar de forma libre y segura en las elecciones, tal y como es su derecho según el Derecho Internacional”, señaló el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Turk.
Pocos días antes, la organización Amnistía Internacional subrayó que las fuerzas de seguridad han intervenido de forma ilegal contra actos de campaña de la oposición recurriendo a “una fuerza innecesaria y excesiva”, y alertó de “una brutal campaña de represión contra la oposición y sus partidarios”.
“Las autoridades deben cumplir con sus obligaciones en materia de Derechos Humanos y permitir que la oposición celebre sus actos de campaña sin restricciones indebidas y sin someter a sus dirigentes y partidarios a detenciones, torturas u otros malos tratos”, reclamó el director regional de la ONG para África Oriental y Austral, Tigere Chagutah, que instó a la apertura de “investigaciones imparciales” sobre estos abusos.
Seguridad regional y pulso económico
Los comicios se desarrollan, además, en un entorno regional tenso, marcado por la citada represión en Tanzania —donde la presidenta, Samia Suluhu Hassan, obtuvo un polémico segundo mandato— y por la violencia en Kenia tras las elecciones de junio de 2024 y julio de 2025, que dejaron decenas de muertos.
Otro foco de preocupación es el conflicto en el este de República Democrática del Congo (RDC) entre el Ejército y el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23), respaldado por Ruanda, así como el repunte de ataques en la provincia de Ituri —fronteriza con Uganda— por parte de las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), fundadas en territorio ugandés y actualmente vinculadas al grupo yihadista Estado Islámico.
Según el 'think tank' International Crisis Group, este contexto ha alimentado el temor interno a un posible estallido de violencia postelectoral, especialmente ante la previsión de que la oposición vuelva a denunciar irregularidades, como ha sucedido de forma recurrente en las últimas décadas.
La economía se ha convertido en otro de los ejes centrales de la campaña en uno de los países más jóvenes del planeta, donde la agricultura actúa como principal motor: emplea alrededor del 72% de la fuerza laboral y representa el 24% del PIB, de acuerdo con datos del Banco Mundial.
Para tratar de canalizar el descontento social, el Gobierno lanzó en julio de 2025 un plan de desarrollo bajo el lema “Industrialización sostenible para un crecimiento inclusivo, empleo y creación de riqueza”. Bobi Wine aspira a capitalizar ese malestar para poner fin al prolongado liderazgo del histórico comandante de la resistencia ugandesa, cuyo mandato es actualmente el tercero más largo de África, solo por detrás de Teodoro Obiang Nguema, en Guinea Ecuatorial, y Paul Biya, en Camerún.