Un general sursudanés insta a las tropas a que “no perdonen vidas” en la ofensiva sobre Jonglei

La ONU y ONG de Sudán del Sur denuncian el llamamiento del general Johnson Olony a “no perdonar vidas” en la ofensiva militar en Jonglei.

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Imagen de archivo de guerrilleros en Sudán del Sur  Europa Press/Contacto/Samir Bol

Imagen de archivo de guerrilleros en Sudán del Sur Europa Press/Contacto/Samir Bol

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Naciones Unidas y varias organizaciones civiles de Sudán del Sur han expresado su profunda preocupación tras el mensaje lanzado por un alto mando del Ejército sursudanés, el general Johnson Olony, que ha instado a los soldados a que “no perdonen vidas” en la ofensiva que preparan para acabar con las milicias activas en el estado de Jonglei.

Esta región del país vuelve a situarse al borde de un nuevo estallido de violencia como el del año pasado, cuando el repunte de los combates entre las fuerzas gubernamentales y los seguidores del exvicepresidente Riek Machar casi hace descarrilar de nuevo al joven Estado hacia otra guerra civil.

En el bando opositor se agrupan el llamado Ejército Blanco y el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán en la Oposición (SPLM-IO), vinculado al ahora arrestado vicepresidente Machar. Este bloque armado refleja un enfrentamiento de base étnica entre los nuer, comunidad a la que pertenece Machar, y la etnia dinka del presidente Salva Kiir.

Las milicias han desplegado en la zona a más de 10.000 combatientes y han prometido responder con fuerza contra las posiciones del Ejército, mientras casi 200.000 civiles se han visto obligados a huir en las últimas semanas ante el temor a una nueva escalada.

Según el medio “Sudans Post”, las palabras del general Olony fueron pronunciadas el pasado sábado durante un discurso a las tropas en el condado de Duk. Olony ocupa el cargo de jefe adjunto del Ejército para el Desarme y la Movilización y, al mismo tiempo, lidera una fuerza conocida como División Agwelek que, de acuerdo con los analistas consultados por el “Sudans Post”, agrupa a “miles de efectivos” y no está plenamente integrada en las Fuerzas Armadas, lo que hace que en muchas ocasiones opere de manera autónoma.

Durante su alocución, el general ordenó a sus hombres que, una vez alcanzadas las posiciones de las milicias rivales, “no perdonen ni una sola vida, ni a una persona mayor, ni a las gallinas, a ver si nos dejan de molestar”.

Ante estas declaraciones, la Misión de Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS) ha hecho pública su inquietud por el llamamiento del alto mando, al que no menciona por su nombre, pero que, según denuncia, “está instando a las tropas a infligir violencia indiscriminada contra los civiles”.

“La retórica incendiaria que incita a la violencia contra los civiles, incluidos los más vulnerables, es absolutamente aborrecible y debe cesar ya”, afirmó en un comunicado el responsable de UNMISS, Graham Maitland.

En la misma línea, la Coalición Popular para la Acción Civil (PCCA), una ONG sursudanesa, ha manifestado su alarma por unos comentarios que califica de “incendiarios” y que considera coherentes con los realizados por el jefe del Ejército, el general Paul Nang Majok, quien ordenó a los militares “aplastar la rebelión en siete días”.

La organización advierte de que “dichas declaraciones pueden constituir prueba de premeditación para cometer crímenes de guerra y de lesa humanidad. En la era digital actual, las declaraciones públicas y las acciones militares quedan registradas permanentemente y pueden utilizarse como prueba en futuros procedimientos judiciales. Esta advertencia se aplica a todas las partes en el conflicto”, señala la PCCA en su nota difundida también por el “Sudans Post”.

El episodio previo más grave de esta crisis se remonta a febrero del año pasado, cuando el Ejército Blanco lanzó una ofensiva contra las fuerzas gubernamentales en la ciudad de Nasir, en el estado de Alto Nilo. Los rebeldes llegaron a tomar temporalmente la localidad, de la que fueron expulsados por el Ejército al mes siguiente. Tras aquellos hechos, Machar fue sometido a arresto domiciliario, acusado de conspirar contra la seguridad del Estado, y el frágil acuerdo de paz firmado en 2018 con el presidente Kiir quedó prácticamente roto.