Un mes de guerra en Irán: Trump mezcla presión militar y negociación sin un final cercano

Un mes de guerra en Irán deja a Trump entre la presión militar y la vía diplomática, con Israel intensificando sus ataques y sin un final claro del conflicto.

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El presidente de EEUU, Donald Trump, durante una reunión de su gabinete en la Casa Blanca. Europa Press/Contacto/Will Oliver - Pool via CNP

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La guerra en Irán, desencadenada por la ofensiva sorpresa de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, cumple su primer mes en un escenario marcado por un cambio de estrategia de Washington, el mantenimiento de la presión militar israelí y una creciente complejidad diplomática.

Un mes de guerra con cambio de rumbo en Washington

La operación militar, diseñada inicialmente por Estados Unidos para durar entre cuatro y cinco semanas, entra en su primer mes con un giro relevante. El presidente Donald Trump ha comenzado a abrir la puerta a una salida negociada, sin abandonar la presión militar sobre Teherán.

La Casa Blanca ha introducido señales claras de distensión. Entre ellas, la ampliación automática del ultimátum inicial de 48 horas —para atacar centrales eléctricas iraníes si no se reabría el estrecho de Ormuz— que pasó a cinco días. Este movimiento precedió al anuncio de que Washington mantenía “conversaciones muy sólidas” con Irán.

“Tienen mucho interés en llegar a un acuerdo. A nosotros también nos gustaría lograrlo”, afirmó Trump, insistiendo en que cualquier pacto debe ser “bueno” y garantizar que no haya más guerras ni armas nucleares.

Confusión sobre los contactos y mediación internacional

En los días posteriores, Irán negó tajantemente la existencia de contactos directos y atribuyó las informaciones a un intento de influir en el precio del petróleo en un contexto de fuerte volatilidad del mercado.

Sin embargo, la situación se fue clarificando progresivamente. Diversas filtraciones apuntaron a la implicación de países mediadores como Pakistán, Omán o Turquía, habituales intermediarios entre Washington y Teherán.

Tras una llamada del primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, al presidente iraní, Masud Pezeshkian, Islamabad se ofreció a desempeñar un “papel constructivo” y posteriormente confirmó la existencia de “conversaciones indirectas”, actuando como canal para el intercambio de mensajes entre ambas partes.

Una propuesta de 15 puntos sobre la mesa

En este marco, tanto Pakistán como Estados Unidos han reconocido la existencia de una propuesta de 15 puntos para poner fin a la guerra. El planteamiento incluye, a grandes rasgos, el levantamiento de sanciones internacionales contra Irán a cambio de que desmantele sus instalaciones nucleares y limite su programa de misiles balísticos.

El enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, fue quien hizo pública la iniciativa, subrayando que “constituye el marco para un acuerdo de paz” y que ha generado “conversaciones fuertes y positivas”.

Como consecuencia, Trump decidió extender su ultimátum hasta el 6 de abril, concediendo diez días adicionales a la vía diplomática, en línea con las demandas de desescalada de países de la región, potencias europeas y China.

Presión militar y mensajes contradictorios

Pese a los movimientos diplomáticos, Estados Unidos mantiene una estrategia dual. Washington combina los gestos de distensión con advertencias directas. “No sé si podremos hacerlo… deberían haberlo hecho hace cuatro semanas o hace dos años”, llegó a afirmar Trump, insistiendo en que Irán debe actuar antes de que sea “demasiado tarde”.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha reforzado su presencia militar con medidas como el despliegue de unidades paracaidistas en plena ofensiva, lo que sugiere una posible intensificación del conflicto y alimenta la desconfianza iraní, especialmente tras precedentes de procesos diplomáticos frustrados por ataques sorpresa.

Irán rechaza la oferta y fija sus condiciones

Por su parte, Teherán ha rechazado la propuesta inicial estadounidense, considerándola “excesiva”, y ha planteado sus propias exigencias para aceptar el fin de la guerra.

Entre ellas figuran el cese total de los ataques, la creación de garantías para evitar una repetición del conflicto, el pago de compensaciones y reparaciones, y la aplicación del alto el fuego en todos los frentes abiertos.

Además, Irán reclama el reconocimiento internacional de su autoridad sobre el estrecho de Ormuz, un enclave estratégico clave para el comercio global, frente a las aspiraciones de Washington de controlar este paso, incluso mediante fórmulas de gestión conjunta.

Israel acelera su ofensiva al margen de Washington

En paralelo, Israel mantiene e intensifica su campaña militar, marcando distancias con la estrategia estadounidense. El ministro de Defensa, Israel Katz, ha anticipado que el país “intensificará” y “expandirá” sus ataques.

Tel Aviv continúa amenazando con eliminar a altos mandos iraníes, como ya ocurrió con el comandante de la Armada de la Guardia Revolucionaria, Alireza Tangsiri, al que responsabiliza de las operaciones para bloquear el tráfico marítimo en Ormuz.

Además, Israel ha seguido atacando instalaciones nucleares iraníes, en abierta contradicción con la suspensión de bombardeos sobre infraestructuras energéticas anunciada por Trump.

Una brecha creciente entre aliados

El escenario actual evidencia una creciente divergencia estratégica entre Estados Unidos e Israel. Mientras Washington explora una salida negociada combinada con presión militar, Tel Aviv apuesta por profundizar la ofensiva.

Esta diferencia de enfoques no solo complica las opciones de acuerdo a corto plazo, sino que introduce un nuevo factor de inestabilidad en un conflicto que, lejos de resolverse, entra en una fase más incierta y volátil.