Al menos 36 personas han perdido la vida en Irán desde que, hace algo más de una semana, se iniciaran protestas en una treintena de provincias del país, motivadas por el agravamiento de la situación económica y la crisis energética, de acuerdo con datos difundidos por organizaciones de Derechos Humanos. Entre los fallecidos figuran dos miembros de las fuerzas de seguridad iraníes.
La asociación de defensa de los Derechos Humanos HRANA, con sede en Estados Unidos, detalló este martes que en los diez primeros días de movilizaciones se han registrado 36 muertos, prácticamente todos manifestantes salvo dos agentes, además de al menos 2.076 personas detenidas en el marco de la represión de las protestas.
En su recuento diario, el grupo precisó que se han producido concentraciones en 92 localidades de 27 provincias y denunció que la actuación violenta de las fuerzas de seguridad se ha extendido también a hospitales y centros de salud, donde “algunas instalaciones han sido intervenidas y atacadas”.
Ese mismo martes trascendió que un hospital de Teherán, la capital iraní, se vio afectado por gases lacrimógenos empleados por la Policía para dispersar a la multitud congregada en las inmediaciones. No obstante, la dirección del centro sanitario explicó, en declaraciones recogidas por la agencia de noticias ISNA, que “el reflejo natural de los manifestantes fue alejar (el gas)” y que “como resultado, algunas de estas sustancias llegaron involuntariamente al hospital”.
El desplome del poder adquisitivo de millones de iraníes se sitúa en el origen de estas protestas, que tienen lugar en un contexto de crecientes presiones y sanciones económicas de Estados Unidos. Washington, junto con Israel, ha vuelto a poner el foco sobre el programa nuclear iraní, con ataques incluidos como los del pasado junio, en los que murieron cerca de mil personas en el país centroasiático.