Alrededor de 4,2 millones de niños y mujeres se verán afectados por malnutrición aguda en Sudán en 2026, lo que supone un incremento del 12,4% frente a los 3,7 millones estimados para 2025, de acuerdo con los cálculos del clúster de seguridad alimentaria para este año en el país africano, en plena emergencia humanitaria derivada de la guerra civil iniciada en abril de 2023 entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).
Según estas proyecciones, unas 8,4 millones de personas precisarán ayuda nutricional, entre ellas cerca de cinco millones de menores de cinco años y 3,4 millones de mujeres embarazadas y lactantes. El documento advierte además de que el número “real” de personas desnutridas, en particular entre la población desplazada internamente, podría superar las cifras actuales de población en necesidad “a medida que la situación empeora”.
“Se proyecta que el panorama nutricional se deteriore aún más en 2026 debido a la expansión del conflicto, el deterioro de la seguridad alimentaria, la vulnerabilidad de los servicios de salud y agua, saneamiento e higiene, y los desplazamientos prolongados y recientes”, señala el informe, que recalca que “Sudán continúa enfrentando deficiencias críticas en los servicios humanitarios en nutrición”.
El análisis detalla que las carencias de micronutrientes están muy extendidas y que el 48% de los menores de cinco años sufre anemia por falta de hierro. Asimismo, 31 de las 61 encuestas realizadas reflejan una prevalencia del 15% o superior de desnutrición aguda global.
La guerra civil en Sudán estalló por las profundas diferencias sobre el proceso de integración del grupo paramilitar RSF en las Fuerzas Armadas, lo que hizo descarrilar la transición abierta tras el derrocamiento en 2019 del régimen de Omar Hasán al Bashir, ya muy debilitada tras el golpe que depuso en 2021 al entonces primer ministro, Abdalá Hamdok.
El conflicto, en el que participan distintos países respaldando a las partes enfrentadas, ha colocado a Sudán en una de las peores crisis humanitarias del planeta, con millones de desplazados y refugiados, y ha disparado la preocupación internacional por la expansión de enfermedades y los daños sufridos por infraestructuras esenciales, que impiden asistir adecuadamente a cientos de miles de afectados.