Unos 8.000 migrantes murieron o desaparecieron en 2025, según la OIM

La OIM cifra en unos 8.000 los migrantes muertos o desaparecidos en 2025 y alerta de rutas más largas, peligrosas y fragmentadas en todo el mundo.

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Un cayuco con 73 personas, antes de llegar al muelle de La Restinga, a 24 de octubre de 2025, en la isla de El Hierro, Islas Canarias (España) Antonio Sempere - Europa Press

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Alrededor de 8.000 migrantes perdieron la vida o fueron dados por desaparecidos en todo el mundo durante 2025, de acuerdo con las últimas cifras difundidas este martes por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Con este nuevo balance, el total de fallecidos y desaparecidos desde 2014 supera ya las 82.000 personas, en un contexto marcado por cambios en las rutas migratorias a raíz de los conflictos, la presión climática y las modificaciones en las políticas de migración.

La directora general de la OIM, Amy Pope, ha señalado que “Las rutas migratorias están cambiando debido a los conflictos, las presiones climáticas y los cambios en las políticas, pero los riesgos siguen siendo muy reales”, y ha remarcado que “detrás de estas cifras hay personas que emprenden viajes peligrosos y familias que esperan noticias que quizás nunca lleguen”.

En esta línea, Pope ha insistido en que “los datos son fundamentales para comprender estas rutas y diseñar intervenciones que puedan reducir los riesgos, salvar vidas y promover vías migratorias más seguras”. La organización calcula que alrededor de 340.000 familiares se han visto directamente afectados por la muerte o desaparición de sus allegados mientras intentaban completar estos trayectos.

El informe subraya que la reducción de llegadas en ciertas zonas no implica una menor presión migratoria, sino una reconfiguración de los itinerarios, ya que el refuerzo de la seguridad, la evolución de los conflictos y el impacto del clima han modificado los caminos utilizados anteriormente.

En la ruta del Atlántico occidental, las llegadas a las Islas Canarias descendieron de forma “significativa” tras el refuerzo de la cooperación en materia de control fronterizo. Como consecuencia, las travesías se han alargado, se han vuelto más peligrosas y se han dispersado más desde el punto de vista geográfico.

La OIM destaca que, en el continente americano, los desplazamientos hacia el norte a través de Centroamérica se redujeron de manera acusada respecto a 2024. También bajaron las llegadas a Europa, aunque cambió el perfil de los flujos: los bangladeshíes pasaron a ser el principal grupo, en un contexto de caída de las llegadas de sirios debido a la evolución de la situación en su país de origen.

En el Cuerno de África, los movimientos hacia Arabia Saudí disminuyeron ligeramente en comparación con 2024, si bien se mantuvieron por encima de los niveles registrados en 2023. Al mismo tiempo, los flujos desde África oriental hacia el sur del continente repuntaron a finales de año, vinculados a cambios en la demanda de mano de obra en el sur de Etiopía.

Según la OIM, los datos muestran que la presión sobre las principales rutas migratorias continúa, con miles de personas bloqueadas en zonas fronterizas y con un acceso muy limitado a refugio, asistencia sanitaria y mecanismos de protección. Además, se ha producido un aumento de los retornos y las reubicaciones, lo que incrementa la carga sobre los servicios locales y complica los procesos de reintegración.

El organismo advierte de que estas variaciones en los recorridos no suponen una disminución del daño, ya que las rutas, al ser más fragmentadas y complejas, siguen asociadas a un elevado número de muertes y desapariciones, así como al sufrimiento prolongado de las familias de las víctimas.

Por este motivo, la OIM reitera su llamamiento a “renovar los compromisos para proteger a los migrantes, evitar las muertes y las desapariciones y apoyar mejor a las familias afectadas por las tragedias migratorias”. A este respecto, el organismo concluye que “Las pruebas son claras: menos movimientos no implican automáticamente viajes seguros, y salvar vidas requiere una cooperación internacional más firme e inversión sostenida en respuestas fundamentadas en pruebas”.