El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, ha dejado claro este viernes que Washington no tiene intención de verse envuelto en una guerra regional de larga duración, incluso en el supuesto de lanzar un ataque contra Irán si fracasa la vía diplomática para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear.
En una entrevista concedida al diario “The Washington Post”, el dirigente estadounidense ha recalcado que el presidente, Donald Trump, mantiene “todas las opciones sobre la mesa”, precisando que el abanico de posibilidades pasa por un ataque militar “que garantice que Irán no consigue el arma nuclear” o por resolver “el problema diplomáticamente”.
“La idea de que vamos a estar en una guerra en Oriente Próximo durante años sin un final a la vista... No hay ninguna posibilidad de que eso ocurra”, ha asegurado, descartando así un escenario de conflicto abierto y prolongado en la región.
Vance se ha mostrado convencido de que una eventual nueva campaña de ataques contra la República Islámica no derivará en una intervención exterior sostenida de Estados Unidos, un escenario que la Administración Trump ha rechazado reiteradamente y que, según ha recordado, trata de evitar por todos los medios.
“Creo que debemos evitar repetir los errores del pasado. También creo que debemos evitar aprender en exceso las lecciones del pasado. El hecho de que un presidente haya cometido un error en un conflicto militar no significa que nunca más podamos involucrarnos en un conflicto militar. Debemos ser cautelosos al respecto, pero creo que el presidente está siendo cauteloso”, ha subrayado Vance, que sirvió como militar en la guerra de Irak antes de dar el salto a la política y que, ya como senador, se mostró crítico con las invasiones militares de Estados Unidos en la región.
Ha puntualizado, no obstante, que sigue siendo “escéptico” con respecto a “intervenciones militares extranjeras”, remarcando que “la opción diplomática” es la “preferida por todos”. Al mismo tiempo, ha situado ahora la responsabilidad en Teherán, al remarcar que “todo depende de lo que hagan y digan los iraníes”.
Al referirse al tipo de operación que podría dirigirse contra Irán, el vicepresidente ha citado como referencia la ofensiva llevada a cabo el pasado junio, cuando Washington bombardeó instalaciones nucleares en plena ronda de conversaciones con las autoridades iraníes sobre su programa atómico. También ha reivindicado la operación “claramente definida” que permitió al Ejército estadounidense intervenir en Venezuela para derrocar al presidente, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero.
Paralelamente, el Gobierno iraní ha señalado este viernes que, para cerrar un acuerdo con Estados Unidos sobre el programa nuclear, resulta imprescindible que Washington retire sus “demandas excesivas”, después de una nueva tanda de contactos indirectos celebrados en la ciudad suiza de Ginebra con la mediación de Omán.
El mediador omaní ha destacado “una apertura sin precedentes” por parte de las delegaciones de Estados Unidos e Irán a “ideas y soluciones nuevas y creativas” para salvar sus discrepancias en torno al programa nuclear iraní, si bien ha advertido de que aún está por ver el alcance real de este acercamiento. Las conversaciones continuarán la próxima semana con una nueva ronda técnica prevista en Viena.