Venezuela encara el posmadurismo con Delcy Rodríguez al frente de las exigencias de Trump

Un mes tras la caída de Maduro, Delcy Rodríguez pilota una compleja transición tutelada por Trump, centrada en el control del petróleo venezolano.

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Delcy Rodríguez, presidente encargada de Venezuela, ante un retrato de Hugo Chávez. Europa Press/Contacto/Marco Salgado

Delcy Rodríguez, presidente encargada de Venezuela, ante un retrato de Hugo Chávez. Europa Press/Contacto/Marco Salgado

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Un mes después del derrocamiento del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, tras el ataque militar estadounidense sobre Caracas, el armazón institucional del Estado bolivariano sigue prácticamente intacto y así continuará durante un tiempo indefinido, siempre que la dirigente escogida por la Administración estadounidense para conducir la transición, Delcy Rodríguez, cumpla con el encargo y continúe defendiendo los intereses de Washington mientras intenta salir indemne de un proceso que se ha ido fraguando durante años.

La operación para sacar a Maduro del poder, justificada por sus presuntos vínculos con el narcotráfico, no perseguía un cambio de régimen en sentido estricto, sino un relevo en la cúpula, liderazgo que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asumió en una comparecencia histórica en la que prometió dirigir a distancia el rumbo del país para salvaguardar los intereses petroleros de Estados Unidos. Estos pasan por explotar los recursos en beneficio propio y cortar el grifo a competidores como Cuba, Rusia o China.

No obstante, el control efectivo de un país con la compleja correlación de fuerzas y las profundas fracturas sociales y territoriales de Venezuela supone para Washington una empresa difícil y extremadamente costosa, todavía marcada por el recuerdo de las fracasadas ocupaciones de Irak y Afganistán.

Para el catedrático en Ciencias Políticas e investigador del think tank Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB), Salvador Martí i Puig, en realidad Trump no aspira a gobernar cada rincón de Venezuela desde el Despacho Oval, sino a dominar la faja petrolífera del Orinoco, considerada la mayor reserva mundial de crudo pesado, y las áreas donde se procesa.

“Lo único que les interesa son el 3% del territorio nacional donde hay yacimientos de petróleo, reservas y toda la infraestructura refinadora. El resto no les importa (...) además no lo van a administrar directamente, sino en su caso, a través de empresas petroleras privadas norteamericanas”, apunta el investigador en una entrevista a Europa Press.

Esta apuesta de Estados Unidos por el viejo modelo postcolonial de la economía de enclave, que ha demostrado históricamente que apenas genera beneficios para el país, “es un salto mortal hacia el siglo XIX”, advierte Martí i Puig.

Mientras Trump confía en las compañías estadounidenses para gestionar esa porción reducida, pero extremadamente rica en recursos, el resto del territorio, con sus propias tensiones y dinámicas internas, queda en manos de un aparato chavista que ha sabido acomodarse a las nuevas reglas fijadas desde Washington sin apenas levantar la voz.

Bajo la constante amenaza de una nueva intervención militar estadounidense, Delcy Rodríguez se ha convertido en la figura designada por la Administración Trump para estabilizar el escenario interno, mientras la opositora María Corina Machado ha quedado relegada a un segundo plano pese a sus insistentes intentos por congraciarse con Trump, al que incluso le entregó el Nobel de la Paz.

En este contexto, la que fuera vicepresidenta y mano derecha de Maduro afronta el reto de atender las demandas que llegan desde la Casa Blanca y, al mismo tiempo, preservar el legado del fallecido presidente Hugo Chávez, quien en 1999 quebró la alianza tradicional entre Caracas y Washington mediante la nacionalización de sectores estratégicos.

Ahora es Trump quien ejerce de árbitro en esta compleja relación de fuerzas, en la que también pesa la influencia de las redes del crimen organizado. “No tiene tanto que ver con sensibilidades ideológicas, sino con equilibrios de poder y de poder en Caracas, pero de poder también en el territorio”, apunta el investigador del CIDOB.

Transición política y apertura económica

Martí i Puig considera que “a poco que se haga” durante la etapa de transición se registrará cierto repunte económico porque, tras más de dos décadas en las que Venezuela “ha sido el país con peor desempeño económico del mundo sin guerra declarada”, “no se puede hacer peor”, aunque matiza que todo dependerá del grado de control y cohesión que la presidenta encargada sea capaz de imponer.

Bastaría “con que haya un poquito de inversión” y “con que Estados Unidos levante los bloqueos” para dejar atrás “una situación bastante miserable”, señala el investigador en declaraciones a Europa Press, quien subraya que la reapertura política no solo descansará en las decisiones que adopte Rodríguez, sino también “de la solidez y la capacidad de la oposición”.

“El juego político empieza no solo por sacar a la gente de las cárceles, sino también por cambiar (...) la ley electoral y sobre todo por pensar qué tipo de elecciones y qué partidos y liderazgos se legalizan (...) Va a ser muy importante la capacidad que tenga la oposición para negociar y apretar por una apertura institucional y política (...) Es un proceso que rápido no irá”, reflexiona.

Sin embargo, la dispersión y las luchas internas siguen lastrando cualquier aspiración de la oposición a encabezar el país. “Lo tiene complicado por que está fragmentada, muy orientada a la derecha y con múltiples liderazgos. Machado ha perdido parte del capital social”, valora el experto, que indica que “el juego de regalar el Nobel ha quemado” su figura política.

Mientras tanto, Delcy Rodríguez, que mantenía contactos con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, al tiempo que Machado agasajaba a Trump en una Casa Blanca a la que entró por la puerta de atrás, se ha visto obligada a jugar con las cartas marcadas que le ofrecía Estados Unidos para cerrar los primeros acuerdos en materia petrolera.

En un gesto de apertura sin precedentes, la sucesora de Maduro ha proclamado una amnistía general y ha conseguido el apoyo de otros actores clave del chavismo, entre ellos las Fuerzas Armadas, pieza esencial para avanzar en una transición que lleva “muchos años” preparándose a cambio de la “inmunidad” de parte de la élite chavista.

“Solo puede haber transición si hay pactos de inmunidad a determinados cargos (...) probablemente hay cuadros de jerarquía que quieren pasar página y cambiar su posición en el tablero. No quieren llegar al final porque eso puede suponer derrota, prisión y justicia (...) a Delcy le interesa sostener eso y luego jubilarse sin ir a prisión y como ella, habrá cien cargos más”, teoriza el experto del CIDOB un mes después de la operación militar que ha abierto una nueva etapa en Venezuela.