Durante la Semana Santa de 1977, España se proyectó ante el mundo como una democracia en ciernes. Del mismo modo, que meses atrás, la actitud del PCE durante el funeral de las víctimas de los atentados de Atocha le había dotado de legitimidad ante la opinión pública.
Aquel 9 de abril, que ha pasado a la historia como "Sábado Santo Rojo", la Junta de Fiscales emitió un informe en el que declaraba que, a partir de la documentación remitida por el Ejecutivo, no había ningún elemento que no permitiera inscribir al PCE en el Registro de Asociaciones. A efectos prácticos, "el partido" abandonaba la clandestinidad tras 40 años.
Sin duda, este es el hito más reconocible que tuvo lugar en durante abril de 1977, pero en los sucesivos años, durante este mes también ocurrieron otros hechos claves para la consolidación de la Transición.
Además, por si fuera poco, diez días después de la legalización del PCE, el BOE publicó la convocatoria para las primeras elecciones democráticas. Unos comicios en los que pudieron participar todas las formaciones que así lo desearon.
Hola Constitución, adiós leninismo
En abril de 1978 las Cortes Constituyentes ya habían comenzado a legislar en consonancia con una sociedad en transición. Pero sin duda, la encomienda más importante que se traían entre manos era la elaboración de la Constitución.
En este sentido, el día 10 de abril los siete ponentes, los siete padres de la Carta Magna, firmaron el anteproyecto constitucional, que días después fue publicado en el Boletín Oficial de las Cortes Generales (BOCG). Sobre ese texto, continuarían los trabajos el resto de diputados y senadores los siguientes meses.
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Por otro lado, coincidiendo con el primer aniversario de su legalización y ya plenamente integrado en la vida política, el 23 de abril de 1978, el PCE celebró su IX Congreso. Fue el primero fuera de clandestinidad y organizado en territorio español.
La importancia de este cónclave radica en que la formación comunista decidió abandonar el leninismo y eliminar esta referencia de sus estatutos para ajustarse al eurocomunismo hacia el que se encaminaba.
Es el vecino el que elige al alcalde
Abril de 1979 fue clave en el proceso de legitimación de la llegada de la democracia a España. El martes día 3 las urnas se abrieron por tercera vez en cuatro meses.
Tras el referéndum de la Constitución (diciembre 1978), las segundas elecciones generales (marzo 1977), había llegado el turno de elegir a los alcaldes. La transformación política de España que había empezado de arriba abajo, llegaba por fin al primer nivel de socialización: los municipios.
Al tratarse de un día laborable, los trabajadores dispusieron de cuatro horas remuneradas en sus centros para acudir a los colegios electorales. La UCD logró la victoria con el 30% de los votos. Pero debido a la ley electoral, era necesaria una mayoría absoluta para la gobernabilidad de los ayuntamientos para la que le faltaban apoyos.

La misma noche de los comicios, Santiago Carrillo envió una oferta de pacto al PSOE y comenzaron a negociar mayorías estables que permitiesen la estabilidad de los consistorios tras casi 45 años bajo mando franquistas.
Fruto de estos acuerdos, la izquierda se hizo con la mayoría de los grandes ayuntamientos, incluidos Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza y Málaga. De las 50 capitales de provincia, el PSOE obtuvo 23 alcaldías, UCD 20, PNV 3, y PCE, Partido Socialista de Andalucía, Unidade Galega y Unión del Pueblo Canario 1 cada uno.
72 horas después, el 6 de abril, Adolfo Suárez juró su cargo ante el Rey Juan Carlos I como presidente del Gobierno. El primer presidente democrático había vuelto a ganar las elecciones y a finales de marzo, gracias a un acuerdo con Alianza Popular, fue investido.
Ese año, los españoles se fueron de Semana Santa con un nuevo Gobierno centrista y con el tejido político municipal en plena ebullición. España ya era una democracia a todos los niveles.