El exlíder de IU Alberto Garzón considera que el Gobierno debe reaccionar y recuperar energía política si quiere lograr una remontada, al entender que necesita “soldados” que den la batalla ideológica. A su juicio, sobran ministros centrados en “despachos”, con un perfil puramente gestor y escasa proyección pública, que en vez de actuar como “CEO de una empresa” tendrían que “salir a pelear”.
En una entrevista con Europa Press con motivo de la publicación de su nuevo libro 'La guerra por la energía' (editorial Península), el exministro de Consumo sostiene que la unidad de la izquierda alternativa es la vía correcta y que las dinámicas de fragmentación deberían quedar aparcadas, incluso aunque solo sea como reacción a posibles reveses electorales.
Garzón opina que España es un país “muy progresista” en términos sociológicos, pero admite que hoy la mayoría electoral, como reflejan numerosas encuestas, se sitúa en el bloque de la derecha principalmente porque el votante de izquierdas está “cansado, frustrado, resignado, abatido” y opta por no acudir a las urnas.
En este contexto, reconoce que el Gobierno ha impulsado avances importantes, como el incremento del salario mínimo, y que los indicadores macroeconómicos son positivos; sin embargo, considera que la falta de una respuesta suficiente ante la crisis de la vivienda termina empañando el resto de medidas.
“Ministros de gestión” frente a la pelea política
Tras remarcar que el PSOE hizo bien en no adelantar elecciones pese a haber atravesado momentos que podrían haberlo justificado, Garzón sostiene que el Ejecutivo debe “reaccionar”, aprovechar lo que queda de legislatura con “audacia” y medidas valientes, porque no basta con “resistir” y “el tiempo se agota”. Incluso afirma que prefiere un Gobierno que, aun con obstáculos parlamentarios en el Congreso, “dé la batalla y la pierda a que no la dé”.
No obstante, detecta como uno de los principales problemas que el Gobierno “está lleno de ministros de gestión”, tanto del PSOE como de Sumar, que apenas son conocidos por la ciudadanía. “Si después de dos años solo te conoce el 30% de la gente, da igual que lo hagas genial”, ha profundizado.
En su opinión, la gestión técnica es necesaria, pero “no es políticamente rentable si la gente no sabe qué estás haciendo”. Por ello reclama “más punch” en el Ejecutivo y un mayor choque ideológico, porque ahora “necesitas soldados, necesitas ministros que salgan a pelear” y que la “gente diga ¡este es de los míos!.
Preguntado por si Sumar carece de cuadros adecuados, Garzón precisa que no está haciendo un juicio sobre personas concretas, sino una reflexión más general, al entender que se trata de “inercias políticas”. En este sentido, insiste en que los “ministros no están para gestionar como si fueran un CEO de una empresa”. “Esto es política, tienes que intervenir en el foro público”, añade.
Como ejemplo, menciona a dirigentes que “están triunfando” actualmente, como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y el candidato del Partido Verde británico, Zack Polanski, por su “comunicación política extraordinaria”. “Están todo el día donde la gente está. Nosotros tenemos demasiados ministros todo el día en sus despachos o presentando actos que solo lo ven los de la burbuja. Esa es una diferencia entre estar en la batalla y no estar”, advierte.
Llamamiento a la unidad de la izquierda alternativa
Por otro lado, el excoordinador federal de IU subraya que le preocupa el “ecosistema” de la izquierda alternativa, que a su juicio debería permanecer unido y dejar a un lado las pugnas internas, más aún en un contexto de “prefascismo” en Estados Unidos y que “puede pasar en España.
“A lo mejor no hay tantos motivos para ir separados, hay más motivos para ir juntos y evitar que pasen ciertas cosas que son terribles para la clase trabajadora, para la sociedad y para la democracia”, sostiene.
Aun así, admite cierto “escepticismo” tras la ruptura entre Podemos y Sumar, aunque recalca que los “reencuentros siempre son posibles”, sobre todo en política, donde debe imponerse el interés general frente al particular.
También ironiza con que los posibles “golpes” electorales puedan forzar una reflexión, al advertir que “ahora viene Aragón (los comicios del 8F que la izquierda alternativa afronta dividida), donde se prevé desastre, y después viene Andalucía, que se prevé mayor desastre”. “Podría ser (la unidad)... Puede también que ni siquiera en esas circunstancias. Dependerá de los que están en la mesa de negociación”, apunta.
Cuestionado sobre si a Sumar le compensa seguir en el Gobierno, Garzón responde que la cuestión clave “no es estar o no estar en el Gobierno sino estar para qué”, una reflexión que, afirma, corresponde hacer al socio minoritario del Ejecutivo.
Tampoco entra a valorar si deberían producirse renuncias de dirigentes de la izquierda para facilitar una candidatura unitaria. Solo alude a su propio caso, cuando abandonó la primera línea por “cansancio” y razones familiares, aunque hubo quien intentó aprovechar su salida para “intentar que otros se fueran”.
Recuerda que existen liderazgos “de toda la vida”, como el británico Jeremy Corbyn, el francés Jean-Luc Mélenchon o el estadounidense Bernie Sanders, que son “perfectamente viables” por su “gran experiencia”. “La decisión de irse o no tiene que ser personal”, remacha.
Un liderazgo coral y sin “salvadores” únicos
Respecto a si el liderazgo de la vicepresidenta Yolanda Díaz sigue vigente, el exministro responde que “técnicamente sí” porque continúa siendo la referencia de un espacio político y de una organización.
En cuanto a que el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, figure entre los mejor valorados del Ejecutivo, Garzón asegura que no le sorprende, ya que tiene un “perfil muy bueno” y “está haciendo un gran trabajo”.
En cualquier caso, considera que la izquierda cuenta con dirigentes “muy curtidos” y otros “con gran potencial”, y que esa combinación fue una de las fortalezas de Unidas Podemos, con referentes tan distintos como Pablo Iglesias, Mónica Oltra, Ada Colau o él mismo.
Por ello está convencido de que en la “diversidad” de rostros reside la “capacidad de atraer gente” y no cree que la izquierda “deba esperar a ningún único salvador”, sino aspirar a un modelo “más coral”.
Sobre si IU podría convertirse en la fuerza principal de la izquierda alternativa a nivel estatal, Garzón invita a abandonar esa lógica política con “un puntito machista” y “testosterónico” y se muestra partidario de un espacio más cooperativo y horizontal.
PP y Vox: radicalización del electorado conservador
En cuanto a la relación entre PP y Vox, Garzón observa que los populares manejan distintas estrategias ante el partido de Santiago Abascal, que van desde “separarse”, como intentan en Extremadura, hasta “imitarles”, como, a su juicio, hace la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso.
A su entender, el PP ya tiene “amortizado”, para “desgracia” de muchos votantes “moderados y demócratas”, que tendrá que gobernar con Vox. Además, atribuye al PP y a Ciudadanos parte de la responsabilidad en el crecimiento de Vox por haber contribuido a “radicalizar” al electorado conservador, subidos “al monte” en su competición por ver “quién decía la estupidez más grande” contra Pedro Sánchez, pensando que eso sería “inocuo”.
“Si no son capaces de enfrentarse bien, Vox les puede comer, como ha pasado en otros lugares, por ejemplo, el partido republicano de Estados Unidos, donde han sido los conservadores tradicionales comidos por el populismo de Donald Trump”, advierte.