La que fuera responsable de Meteorología de la televisión autonómica valenciana À Punt durante la dana del 29 de octubre de 2024, Victoria Roselló, ha explicado este lunes en el Congreso que el caudal del Barranco del Poyo, cuyo desbordamiento originó la riada mortal, comenzó a incrementarse de forma “exponencial” a las 17.40, hasta alcanzar un volumen “cuatro o cinco veces superior al del Ebro”, un dato que, ha recalcado, estaba disponible para cualquier ciudadano en la web de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ).
“Han fallado muchas cosas pero la información estaba a disposición de cualquiera, esto es incontestable”, ha señalado Roselló, insistiendo en que la crecida del Poyo podía haberse anticipado “con horas de antelación” si se hubiera hecho un “seguimiento” riguroso de la lluvia acumulada, tal y como hicieron desde el Servicio Meteorológico de À Punt.
Durante su intervención ante la comisión parlamentaria que analiza la gestión de la catástrofe, que causó 230 fallecidos solo en la provincia de Valencia, la meteoróloga ha calificado esa cifra de “inasumible”, dado que existían “herramientas” no para impedir una dana, pero sí para activar avisos eficaces a la población, como el que ella misma lanzó desde la cadena autonómica cuando, a las 15.20, recomendó a la ciudadanía que no saliera de casa.
Según ha relatado, un “dato clave” de aquella jornada fue que “a media tarde” el sensor de aforo de la CHJ detectó un incremento “desmesurado” y “desbocado” del caudal en el Barranco del Poyo. Al ver esa información “en abierto” en À Punt, a través de la página de la CHJ, en la redacción reaccionaron con un “ostras, habrá que validarlo”, pero comprobaron que los registros “eran coherentes” con la lluvia torrencial que estaba descargando en la cabecera del barranco.
Al ser preguntada por el PP sobre por qué esos datos no se trasladaron al Cecopi, centro desde el que se coordinaba la emergencia, Roselló ha respondido que “en el Cecopi alguien debería saber lo que estaba pasando” y ha añadido que a ella tampoco le remitieron ningún correo para ponerla al tanto de esa situación, algo que, ha puntualizado, tampoco era preceptivo.
En el mismo turno de la diputada ‘popular’ Sandra Pascual Rocamora, la compareciente ha reconocido que, tras la alerta hidrológica decretada por la CHJ sobre este barranco a las 12.30, la denominada ‘policía del agua’ tendría que haber mantenido la vigilancia más allá de las 12.54, dado que esa alerta “seguía activa”.
Roselló ha detallado que ella y su equipo contrastaban también la información de la AEMET y de la AVAMET (Asociación Valenciana de Meteorología), que, ha precisado, dispone de datos en tiempo real procedentes de unas 800 estaciones repartidas por toda la Comunitat Valenciana.
Un riesgo de riadas elevado desde el 25 de octubre
La meteoróloga ha retrocedido hasta el viernes 25 de octubre para explicar que ese día ya trasladaron a la dirección de À Punt las previsiones de lluvias torrenciales para el martes 29, al considerar que los modelos apuntaban a un “peligro de riadas muy elevado”.
“Desde días antes se sabía que era una situación muy peligrosa”, ha indicado, recordando que algunos escenarios pronosticaban hasta 420 litros por metro cuadrado. Aunque ha admitido que, en fase de predicción, las cantidades deben tomarse “con pinzas”, ha enfatizado que “ya se veía que iba a ser un temporal histórico y fuera de lo común” y que, finalmente, “la previsión se cumplió a rajatabla”.
Ha rememorado que desde la madrugada del día 29 ya llovía “con fuerza” en la comarca de La Ribera; posteriormente, los aguaceros más intensos se desplazaron hacia Utiel-Requena y, a primera hora de la tarde, afectaron de lleno al Barranco del Poyo. Ha subrayado que por la mañana ya había localidades incomunicadas y que “a primera hora” se cortó la A7.
Roselló ha incidido en que los avisos de la AEMET resultan “clarísimos” respecto al nivel de riesgo, siendo el rojo el máximo —el que estaba activo ese día—, lo que implica peligro directo para la integridad física. El primer aviso se emitió a las 7.36 para toda la Horta Sud y, a mediodía, se extendió al conjunto de la provincia.
Además, ha remarcado que, al margen de las predicciones, el propio día 29 cualquiera podía consultar en “tiempo real” los registros de precipitación a través de AVAMET, así como las imágenes que estaba ofreciendo la televisión autonómica.
La AEMET también lanzó advertencias claras
“Tenemos satélites y rades meteorológicos para saber dónde llueve y hacia donde se dirige (la lluvia)”, ha señalado, subrayando que en À Punt en ningún momento afirmaron, como se ha defendido después desde la Generalitat, que se esperaba que a partir de las 18.00 la dana se desplazara hacia la Serranía de Cuenca.
Según su exposición, a las 14.00 se registraron en Utiel las lluvias “más cuantiosas” de las que se tiene constancia, “superiores a las de la ‘pantanada de Tous’”, y todo ese volumen de agua se dirigía hacia el río Magro. “Con un conocimiento mínimo de geografía, ya se sabe que va a haber una inundación”, ha apuntado.
Ha añadido que a las doce del mediodía ya disponían de imágenes de personas rescatadas de los tejados en Utiel y que, antes de esa hora, el jefe de Climatología de Aemet, José Ángel Núñez, afirma en À Punt que “el riesgo de riadas es muy grande en la costa, porque está yendo precipitaciones históricas en la sierra” y, poco después, en la radio pública valenciana habla directamente de posibles crecidas de los barrancos que, en su camino hacia el litoral, pueden “arrastrar coches”.
La alerta hidrológica en el Poyo se había activado a las 12.30 —“una situación peligrosísima que requería vigilancia”—, aunque luego el nivel descendió; a las 13.00 se cortó la A3 y, a las 15.20, ella insta a la población a no salir de casa, ya que a primera hora de la tarde las lluvias en Chiva, donde nace el Barranco del Poyo, eran muy intensas y a su caudal se sumaba el de los barrancos tributarios.
Una alerta a tiempo habría evitado muertes
Su conclusión es que, si se hubiera avisado y se hubieran adoptado restricciones de movilidad o cierres de instalaciones, como hicieron la Universidad y la Diputación, “obviamente” se habrían salvado vidas. “A primera hora de la tarde deberían haber enviado un mensaje contundente --ha añadido--. Fue un tsunami y la gente era inconsciente de lo que se venía”.
Roselló ha reclamado además más “pedagogía” sobre los avisos meteorológicos, tanto entre la ciudadanía como entre los cargos públicos, ya que las cantidades de lluvia asociadas a cada nivel constituyen un “umbral mínimo” que puede superarse ampliamente. “Pueden caer más de 180 litros, como se avisaba, pero se puede llegar a 700”, ha advertido, insistiendo en la necesidad de tomar en serio este tipo de alertas.