Las cinco opciones reales de Trump para controlar Groenlandia, según The Guardian

El pulso de Washington sobre la isla ártica combina presión diplomática, económica y militar, mientras Europa trata de contener una escalada sin precedentes entre aliados.

3 minutos

Donald Trump

Publicado

Última actualización

3 minutos

El Gobierno de Estados Unidos mantiene que “todas las opciones están sobre la mesa”, pero el análisis de The Guardian concluye que algunas vías son mucho más plausibles que otras y que la militar es la menos probable. Los movimientos más recientes de Washington, con la imposición de aranceles a aliados europeos, refuerzan esa lectura.

La insistencia de Donald Trump en que Estados Unidos debe “ganar control” sobre Groenlandia ha reabierto un debate que parecía propio de otra época. Sin embargo, el diario británico subraya que Washington dispone de varias herramientas antes de llegar a un escenario extremo.

A esta presión estratégica se suma ahora la dimensión económica, confirmando que la vía comercial se está utilizando como instrumento político dentro del pulso por Groenlandia.

Estas son las principales opciones que se barajan en los círculos estratégicos estadounidenses.

1. Comprar Groenlandia (la vía histórica… y casi imposible)

Estados Unidos ya intentó comprar Groenlandia en varias ocasiones entre los siglos XIX y XX. La última oferta formal data de 1946, durante la presidencia de Truman.

Hoy, esta opción choca frontalmente con el principio de autodeterminación. Groenlandia no está en venta y cualquier cambio de estatus depende de su población. Según encuestas citadas por The Guardian, el 85% de los groenlandeses rechaza integrarse en EE. UU., lo que convierte esta vía en jurídicamente inviable.

Los recientes aranceles anunciados por Trump no refuerzan esta opción, sino que han endurecido el rechazo político en Copenhague y Bruselas.

2. Seducir a Groenlandia (la estrategia de “corazones y mentes”)

Esta es una de las opciones más activas y realistas.

Washington ha reforzado su presencia diplomática en Nuuk, ha prometido inversiones en infraestructuras, educación y minería, y ha vinculado el futuro económico de la isla a la cooperación con EE. UU.

El objetivo sería favorecer un referéndum de independencia respecto a Dinamarca y, posteriormente, negociar una relación privilegiada. El vicepresidente JD Vance ha llegado a sugerir que una Groenlandia independiente podría “elegir asociarse con Estados Unidos”.

Sin embargo, la presión arancelaria sobre Europa ha generado dudas sobre si esta estrategia puede mantenerse sin provocar un efecto contrario entre la población groenlandesa.

3. Un acuerdo de “libre asociación” con EE. UU.

Analistas citados por The Guardian consideran especialmente plausible un modelo similar al que EE. UU. mantiene con Estados del Pacífico.

Bajo este esquema:

  • Groenlandia seguiría siendo independiente

  • EE. UU. garantizaría su defensa

  • Washington obtendría libertad operativa militar

  • Se abrirían ventajas comerciales y financieras

Para muchos expertos, esta vía permitiría a EE. UU. lograr sus objetivos estratégicos sin una anexión formal y sin romper el marco legal internacional.

4. Exprimir los tratados ya existentes (la vía silenciosa)

Una de las paradojas clave es que Estados Unidos ya tiene un amplio acceso militar a Groenlandia.

El acuerdo bilateral de 1951 permite a Washington operar bases, desplegar personal y controlar espacios estratégicos. Dinamarca ha mostrado disposición a reforzar esa cooperación, concentrada en la base de Pituffik.

Desde este punto de vista, la presión comercial reciente refuerza esta opción: Trump podría buscar más concesiones prácticas sin tocar el estatus político de la isla.

5. La invasión militar (la opción extrema y menos probable)

Aunque Trump insiste en que “todas las opciones están sobre la mesa”, The Guardian subraya que la militar es la menos viable.

En la práctica:

  • El clima extremo dificulta cualquier operación

  • Dinamarca ha reforzado su presencia

  • Groenlandia está cubierta por la OTAN

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha advertido de que una acción militar estadounidense supondría el colapso de la alianza atlántica.

A esto se suma ahora un nuevo factor: la reacción unitaria de la UE ante los aranceles, que demuestra que una escalada militar iría acompañada de un aislamiento político y económico de Washington.