La psicóloga de la residencia de Paiporta afirma que nadie les alertó de la dana, aunque Camarero la llamó de noche

La psicóloga de la residencia de Paiporta relata en el Congreso la noche de la dana, sin avisos oficiales, con ocho mayores fallecidos.

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Inés Talaya, que trabajaba como psicóloga en el Centro Residencial SAVIA Paiporta (Valencia) el día de la mortífera dana de 2024, ha relatado este lunes en el Congreso que en ningún momento de aquella jornada recibieron aviso alguno sobre el riesgo del temporal. Sí ha precisado, no obstante, que la vicepresidenta de la Generalitat y consellera de Asuntos Sociales, Susana Camarero, la llamó ya entrada la noche para interesarse por lo que estaba ocurriendo en el centro.

Durante su intervención ante la comisión del Congreso que analiza la gestión de la catástrofe, Talaya no ha especificado la hora exacta en la que recibió “personalmente” la llamada de Camarero, aunque ha puntualizado que fue “antes” de que, sobre las tres y media de la madrugada del 30 de octubre, tres efectivos de la Unidad Militar de Emergencia (UME) llegaran a la residencia a pie para prestar apoyo.

La psicóloga ha indicado que, por la dureza de lo sucedido, ha “bloqueado parte de lo vivido” y ha subrayado que todas las decisiones se adoptaron entre la quincena de empleados del centro durante una “noche que desafió todos los límites de lo imaginable”. Ha insistido en que su único objetivo fue “proteger la vida y el bienestar de las personas mayores a su cargo” y que lo hicieron de forma “heroica”, con una “valentía, entrega y compromiso ejemplares”.

En el momento en que se produjo la dana había en la residencia 119 usuarios. Seis de ellos fallecieron esa misma noche y otros dos murieron después en el hospital.

De la aparente calma al coche anegado

Talaya ha descrito que el día transcurrió con una “normalidad absoluta”: no llovió en todo el día, las visitas se sucedieron hasta las 19.00 y, a las 19.30, ella y otra compañera abandonaron el centro al terminar su turno. El edificio se encuentra junto al barranco que acabó desbordándose. Al salir, la psicóloga observó “una especie de mar en calma”, se subió a su coche y, al poco, tuvo que escapar por la ventanilla porque el vehículo se había inundado.

Regresó a la residencia entrando por una ventana y ordenó a todos que subieran a las plantas superiores, mientras escuchaban los golpes de los coches amontonándose, arrastrados por la riada, frente a la puerta del centro. Poco después se produjo “un gran estruendo”, la puerta cedió y el agua irrumpió en el edificio “como un tsunami”.

“Tras subirlos a la primera planta, les cambiamos de ropa y les pusimos secos. Supongo que el ingenio en esos momentos te hace hacer cosas --ha rememorado--. Recuerdo utilizar goma eva en el suelo para que pudiesen dormir en algo más blando y desmigar una caja de magdalenas para que pudieran tener algo que llevarse a la boca”.

Protocolos de emergencia y apoyo psicológico

Talaya ha admitido que el grupo al que pertenece la residencia dispone de un protocolo para emergencias, pero ha señalado que, al ser psicóloga, desconoce si ese documento llegó al centro o cómo se aplicó, ya que, según ha sugerido, no formaba parte de sus funciones directas. Lo que sí ha dejado claro es que, durante todo el día, no recibieron “comunicación directa” de ninguna administración ni organismo que les advirtiera de la alerta meteorológica.

Ha añadido que el grupo empresarial propietario de la residencia puso a disposición de la plantilla un profesional de la psicología que les ha “ayudado desde el minuto uno” tras la tragedia.

Talaya ha concluido su comparecencia del mismo modo que la comenzó, reivindicando la actuación de sus compañeros, que “en un contexto absolutamente límite” se marcaron como prioridad “proteger, cuidar y tratar de salvar la vida de los usuarios”, actuando con “generosidad y entrega” en unas circunstancias “extremadamente difíciles”.