Cuarenta años del reconocimiento de Israel: la relación con España se congela y sigue sin embajadores

Cuarenta años después del reconocimiento de Israel, la relación con España atraviesa un bloqueo por Gaza y ambos países siguen sin embajador.

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Benjamin Netanyahu y Pedro Sánchez EUROPA PRESS

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El 17 de enero de 1986 España e Israel formalizaron sus lazos diplomáticos tras casi cuatro décadas de acercamientos fallidos hasta culminar en el reconocimiento del Estado judío. Cuatro décadas más tarde, la relación atraviesa un bloqueo marcado por la guerra en la Franja de Gaza y ninguno de los dos países cuenta hoy con embajador en el otro.

Todo apunta a que el enfriamiento entre el Ejecutivo de Pedro Sánchez y el Gobierno de Benjamin Netanyahu no se revertirá a corto plazo, especialmente porque el origen del choque, las discrepancias sobre la guerra en Gaza y la reacción militar israelí tras el ataque terrorista de Hamás en 2023, continúa sin solución.

La decidida apuesta de España por el reconocimiento de Palestina como Estado, consumada el 28 de mayo de 2024, junto con el aumento progresivo de las críticas a la actuación de Israel en Gaza, donde en septiembre pasado Sánchez llegó a hablar de “genocidio”, han desembocado en un ‘divorcio’ diplomático que, aun así, no ha alcanzado la dureza de las crisis abiertas por Israel con otros gobiernos.

SIN EMBAJADOR EN MADRID NI TEL AVIV

En este contexto, Netanyahu decidió llamar a consultas en mayo de 2024 a su embajadora en Madrid, Rodica Radian-Gordon, y desde entonces no se ha designado sustituto. La marcha de la diplomática estaba ya prevista, puesto que se jubilaba en julio de ese año, e incluso se había elegido a un nuevo embajador, pero este terminó recalando a finales de 2024 en Países Bajos al comprobar que su traslado a España se posponía indefinidamente.

Desde entonces, el Gobierno israelí no ha nombrado un nuevo representante, aunque tampoco ha cerrado su Embajada en Madrid, como sí ocurrió en Irlanda tras el reconocimiento de Palestina por parte de este país. En Jerusalén consideran que, pese a que la relación con el Ejecutivo español dista de ser óptima, resulta esencial conservar su presencia diplomática en España para mantener canales de interlocución con las fuerzas políticas y con la sociedad española en su conjunto.

En paralelo, el Gobierno español terminó por llamar a consultas a la embajadora en Tel Aviv, Ana María Salomon, el pasado septiembre, después de haber evitado ese paso durante meses pese a los fuertes roces diplomáticos con el gabinete de Netanyahu, al entender que convenía preservar la comunicación al máximo nivel. En el Ministerio de Asuntos Exteriores no se perciben señales de que Salomon vaya a regresar a su puesto ni de que se vaya a designar un nuevo embajador en Tel Aviv.

En estas circunstancias, este 17 de enero no se ha programado ningún acto conmemorativo del aniversario del reconocimiento, a diferencia de lo ocurrido hace una década, cuando Casa Sefarad organizó un encuentro en el que participó el entonces ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo.

EL CAMINO AL RECONOCIMIENTO

La senda hasta el reconocimiento de Israel como Estado, y el consiguiente establecimiento de relaciones diplomáticas, fue larga y compleja. Como resumió el que fuera primer embajador de Israel en España, Samuel Haddas, desde la fundación del Estado de Israel en 1948 hasta el arranque de la Transición española se vivió una “simetría negativa”. “Cuando uno quiere las relaciones diplomáticas el otro se niega y viceversa”, recordó en un artículo de 1992 en ‘Política Exterior’.

En un primer momento, Israel solicitó el reconocimiento a todos los países, salvo a Alemania y a España, al considerar que el régimen franquista había sido aliado del nazismo. Posteriormente, en 1949, fue España quien se ofreció a dar ese paso, pero Israel lo rechazó.

Aquel mismo año se produjo un episodio clave: Israel votó en contra del levantamiento del boicot diplomático a la España de Franco en la ONU. Como consecuencia, el franquismo redobló su apuesta por el acercamiento a los países árabes, buscando también su respaldo para la entrada en Naciones Unidas, que finalmente se produjo en 1955, esta vez con apoyo israelí.

En las décadas siguientes, pese a algunos gestos del régimen, Madrid mantuvo la prioridad de la relación con el mundo árabe y evitó el reconocimiento de Israel. Según relató el exembajador israelí, se produjeron contactos secretos y los ministros de Exteriores de ambos países se reunieron en 1970, llegando España a plantear en 1973 la apertura de una Oficina Comercial israelí, oferta que el Gobierno de Israel rechazó.

LA MUERTE DE FRANCO ABRE UNA NUEVA ETAPA

En este contexto, la muerte de Franco en noviembre de 1975 abrió un nuevo escenario político, aunque el Gobierno de Adolfo Suárez siguió anteponiendo los vínculos con los países árabes, fundamentales también desde el punto de vista económico, a un acercamiento decidido hacia Israel.

Así, en 1977 España estableció relaciones diplomáticas con varios Estados, incluida la URSS, pero no con Israel. En 1979 se produjo otro hito: se autorizó a la Organización para la Liberación de Palestina la apertura de una representación en España y en septiembre Suárez recibió a su líder, Yasir Arafat, convirtiéndose en el primer jefe de Gobierno occidental en hacerlo.

La llegada de Leopoldo Calvo Sotelo imprimió un giro claramente pro-occidental a la política exterior española, con la entrada en la OTAN el 30 de mayo de 1982, y se empezó a valorar seriamente el reconocimiento de Israel. “Las cosas se preparan con mucho sigilo y se establecen conversaciones”, relató Haddas, que había aterrizado en España en agosto de 1980 como representante de su país ante la Organización Mundial del Turismo (OMT) y actuaba de facto como “embajador en la sombra”.

GONZÁLEZ DA EL PASO DEFINITIVO

En ese momento se adelantaron las elecciones generales y el PSOE de Felipe González llegó a la Moncloa. Los socialistas ya se habían mostrado partidarios del establecimiento de relaciones con Israel, por lo que los contactos se retomaron con calma, a la espera de encontrar la coyuntura adecuada.

El papel del entonces ministro de Exteriores, Fernando Morán, fue determinante. Dedicó tiempo y esfuerzos a reforzar los lazos con los países árabes y defendía que el reconocimiento de Israel no debía ser fruto de presiones, sino de un proceso diplomático “en que se obtuviesen contrapartidas”.

El nombramiento de Fernando Fernández Ordoñez como ministro de Asuntos Exteriores en julio de 1985 supuso el impulso definitivo. En los meses posteriores, las negociaciones se aceleraron y el presidente dio luz verde a culminar el reconocimiento antes de que terminara ese año, favorecido también por la entrada de España el 1 de enero en la Comunidad Europea y el interés de los socios comunitarios en que Madrid estableciera relaciones plenas con Israel.

Antes de dar el paso, el Gobierno, con el respaldo del Rey Juan Carlos I gracias a sus excelentes vínculos con las monarquías árabes, sondeó a estos países, especialmente Arabia Saudí, para informarles de la decisión y exponer sus motivos, tratando de minimizar el impacto en las relaciones bilaterales.

Finalmente, la decisión se hizo pública el 17 de enero de 1986 en La Haya y dos días después Felipe González y el entonces primer ministro israelí, Shimon Peres, se reunieron en esa ciudad para escenificar el reconocimiento.

“De conformidad con el principio de universalidad de relaciones entre Estados, y teniendo presentes los antiguos y profundos vínculos que une al pueblo español y al pueblo judío, los dos Gobiernos han decidido establecer relaciones diplomáticas entre España e Israel a partir de esta fecha. Consecuentemente, se procederá a la apertura de Embajadas en Tel Aviv y Madrid y al nombramiento de los respectivos embajadores”, reza el documento histórico.