Días después de su desclasificación, el más de un centenar de documentos del 23F que se han hechos públicos siguen generando eco. La decisión del Gobierno de retirar la categoría de "reservado" y "clasificado" a 153 archivos sobre la intentona golpista de 1981, coincidiendo con su 45º aniversario, ha permitido arrojar cierta luz sobre este episodio histórico.
El papel del Rey
Una de las figuras que más reforzadas ha salido es la del Rey Juan Carlos I. Los documentos ponen de manifiesto el papel clave que jugó el exjefe de Estado para frenar la operación en las horas más críticas del 23F, dejando sin fundamento los rumores sobre su supuesta implicación que han circulado durante décadas:
- El monarca denegó que el general Alfonso Armada, segundo jefe de Estado Mayor del Ejército y declarado autor intelectual del golpe de Estado, acudiese al Palacio de la Zarzuela en los minutos posteriores al asalto del Congreso.
- Entre las 20.00 y las 21.00 horas, el Rey mantuvo una conversación "muy tensa" con Armada y, acto seguido, ordenó enviar un télex a los principales órganos militares en el que instaba a adoptar las "medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente".
- Tras la emisión en TVE de su mensaje contra el golpe de Estado, el Rey trasladó al general Jaime Milans del Bosch que la tarde del 23F había declarado el Estado de Excepción en Valencia y sacado los tanques a la calle, su "rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás".
Entre los documentos desclasificados, también se advierte un señalamiento hacia el monarca por parte de los golpistas. Por un lado, el monarca fue objeto de bulos sobre su supuesta implicación en la organización de la revuelta, difundidos por los "defensores de los verdaderamente implicados" y por "los grupos políticos y círculos simpatizantes" con los golpistas. Por otro, en un escrito en el que se detalla cómo deben responder ante los “fallos” que han de “corregir para “actuaciones sucesivas” se subraya como “primer fallo” haber dejado al “Borbón libre y tratar con él como si fuera un caballero”.
La participación del CESID
Si la actuación del monarca, ha quedado fuera de dudas, las nuevas revelaciones ponen el foco en la labor del CESID. Seis integrantes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) “participaron activamente” en el intento de golpe de Estado, según consta en los archivos.
Además, después de la intentona dentro de esta unidad “se dio orden de activar la 'Operación Míster'”, mediante la cual “se corrigieron fechas” con el objetivo de “justificar” los movimientos del personal de la unidad durante el 23F.
Entre los señalados figura el comandante José Luis Cortina, jefe de la unidad de élite del CESID y absuelto en el juicio del 23F. En el expediente se recoge que “no está comprobado” que tuviera conocimiento previo de la asonada, “pero hay indicios de que así fuera”. Aunque “no se conoce ninguna actividad directa del comandante Cortina en relación con los hechos”.
No obstante, un documento interno de abril de 1981, que debía ser destruido tras su lectura, y cuyo objetivo era desmentir que su cese estuviera relacionado con la intentona golpista como público la prensa, señala que “la dirección estimó que mientras el sumario estuviera abierto, a la vista de las imputaciones de conocimiento previo que se le hacían al comandante Cortina y dado su especial cometido y responsabilidades en el centro, era conveniente para el mismo su consiguiente baja en la unidad y su cese en el CESID”.
Otra de las revelaciones que ha dejado esta desclasificación es que el Ministerio de Defensa situó el riesgo de golpe de Estado como tercera amenaza interna (por detrás del terrorismo y del separatismo) dos semanas antes del 23F. El documento fechado en 10 de febrero de 1981, y elaborado por el CESID, advierte además de que esta hipótesis “pudiera combinarse con un incremento de la actividad terrorista enfocado a la realización de una guerra de guerrillas.
La actitud de Tejero
Entre el centenar de archivos, se incluyen decenas de transcripciones de llamadas entre los implicados en las horas previas, durante y posteriores del golpe.
La conversación entre Juan García Carrés, el único civil condenado por el intento del golpe de Estado, y Tejero la propia tarde del 23F, deja entrever el lado más personal del teniente coronel en la noche que quiso poner en jaque a la democracia española.
En ella, Tejero reconoce que está pasando "un rato cabrón", y ante la insistencia de su interlocutor para que no abandone la posición, el militar le responde: "¡Leche!, ¿cómo vamos a salir con lo mal que se está fuera ahora de noche con el frío que hace?".
En otro punto de la llamada, García Carrés le comunica que está llamando simultáneamente a su mujer, Carmen Díez, "su niña" (el apelativo cariñoso que emplea Tejero), para "darle una alegría" ante la preocupación que padece y que le ha llevado a contactar con distintas comandancias para saber cómo estaba su marido.
Díez ha sido una de las figuras que más atención ha suscitado en los últimos días. Su papel y su actitud durante el golpe y los meses posteriores, eran desconocidos hasta la fecha. Las cintas desclasificadas revelan la angustia de la esposa de Tejero, que denunció que fue “engañado” y abandonado: “Me lo han dejado 'tirao' como una colilla, el tonto desgraciado".
La sangre no llegó al río
Uno de los grandes consensos, quizá de los pocos, que ha habido en estos 45 años sobre el golpe de Estado, es el milagro de que no hubiera ningún fallecido.
Los archivos publicados por el Gobierno evidencian que las fuerza y cuerpos de seguridad del Estado se enfrentaron a una coyuntura muy difícil de resolver por el escenario, el Congreso, y el elevado número de secuestrados y asaltantes.
En las inmedaciones de la Cámara Baja quedaron retenidos entre otros, todos los diputados, un grupo de senadores (incluido su presidente), y el Gobierno en pleno con Adolfo Suárez a la cabeza, que durante los disparos de Tejero permaneció inmóvil en su escaño azul, como también lo hizo el líder del PCE, Santiago Carrillo, sentado en la bancada de enfrente.
Un informe de la Brigada de Interior fechado en marzo de 1981, expone que el Grupo de Operaciones Especiales (GEO) de la Policía Nacional descartó entrar al Congreso por el alto riesgo de víctimas.
La policía evaluó un plan para liberar por la fuerza a los parlamentarios retenidos por los sublevados, pero concluyó que una operación de este tipo “supondría entre 80 y 110 muertos”, por lo que finalmente no se llevó a cabo.
La ausencia de víctimas, es especialmente reseñable tras conocerse que los militares que ocuparon la sede de TVE actuaron siguiendo una instrucción precisa: disparar “el primer tiro al aire y el segundo a dar”. Así figura en el documento “Conversaciones telefónicas de (presuntamente) la unidad militar El Pardo (24 de febrero del 1981)” elaborado por la Guardia Civil y el Ministerio del Interior, que el Gobierno ha hecho público este miércoles tras su desclasificación.
En una de las charlas intervenidas, un militar relata a su interlocutor cómo “tocaron alarma y preparar todo, petates, la virgen, como para marcharse. Nos iríamos de maniobras y venga a Televisión y órdenes de no hablar con nadie, el primer tiro al aire y el segundo a dar, con los cargadores metidos y ni seguro ni nada”.
Cuatro décadas y media después, la apertura de los archivos no ha clausurado el debate sobre el 23F, pero sí ha desplazado el foco.