El Gobierno aspira a recomponer los puentes con Junts, una relación que dan por quebrada en este momento, y a retomar la negociación de iniciativas clave como el nuevo modelo de financiación autonómica. En Moncloa esperan que la previsible vuelta de su líder, el expresidente catalán Carles Puigdemont, suponga un punto de inflexión en esta dinámica.
La ruptura entre ambas formaciones es, según trasladan desde el Ejecutivo, profunda y no un mero gesto táctico. Se ha traducido en la práctica en una ausencia de diálogo y en el cierre progresivo de los canales de interlocución que se habían ido abriendo en los últimos años. “No quieren hablar con nosotros”, resumen fuentes gubernamentales.
En la Presidencia del Gobierno consideran que este escenario no es sostenible para Junts. “No pueden seguir así”, sostienen, y muestran su confianza en que el eventual regreso de Puigdemont, con el aval del Tribunal Constitucional, permita reconducir el vínculo político.
Desde el punto de vista del Ejecutivo, la situación actual es especialmente compleja porque los neoconvergentes se perciben como víctimas del Estado, al tener a su principal referente político en Bélgica desde 2017, donde se instaló para eludir a la Justicia española, que le atribuye delitos graves por su papel en el proceso secesionista en Cataluña.
Calendario para el posible regreso de Puigdemont
Los cálculos internos del Ejecutivo apuntan a que Puigdemont podría regresar a España esta primavera —entre mayo y junio— si el Tribunal Constitucional estima su recurso contra la decisión del Tribunal Supremo de excluirle de la amnistía por el delito de malversación.
El expresidente catalán también ha solicitado al TC la suspensión de la orden de detención nacional que sigue vigente en su contra y que le mantiene en Waterloo desde hace más de ocho años.
Objetivo: sumar los votos de Junts a la nueva financiación
Si se supera este obstáculo judicial, en el Gobierno contemplan como factible que Junts termine respaldando el nuevo sistema de financiación autonómica, acordado con Oriol Junqueras, líder de ERC, el otro gran partido independentista catalán.
Hasta ahora, Junts ha rechazado el modelo, pese a que prevé una inyección de 4.700 millones de euros para Cataluña, situando a esta comunidad entre las más favorecidas por el nuevo reparto de recursos.
La formación de Puigdemont insiste en que el esquema no es equiparable a un sistema de concierto y cupo como el del País Vasco y Navarra, y que Cataluña permanece dentro del régimen común. Pese a estas objeciones, el Gobierno se ve con margen para atraer a Junts, del mismo modo que consiguió encauzar la negociación con ERC.
En esta línea, fuentes del Ejecutivo subrayan que lograron llevar a ERC hasta el acuerdo actual, a pesar de que en los inicios de la negociación la distancia era notable y también reclamaban un “concierto catalán”.
Los socialistas confían, por tanto, en que Junts recorra un camino similar y consideran que un eventual regreso de Puigdemont podría abrir un escenario propicio para sacar adelante la nueva financiación autonómica, un hito relevante en la recta final de la legislatura tras 13 años con el modelo vigente caducado.