El Gobierno tiene previsto celebrar el próximo 20 de marzo un acto oficial de reconocimiento y reparación dirigido a las víctimas del Patronato de Protección a la Mujer, organismo de origen franquista que continuó activo hasta 1985. El objetivo es que estas mujeres sean reconocidas como víctimas de la dictadura, según han señalado a Europa Press fuentes conocedoras de la organización del evento.
La represión ejercida en los reformatorios y maternidades vinculados a este patronato, gestionados por congregaciones religiosas como las monjas Adoratrices, ha sido rememorada este lunes durante una jornada celebrada en el Congreso de los Diputados.
El encuentro, que ha sido inaugurado por la portavoz de Sumar en el Congreso, Verónica Martínez Barbero, ha contado con la participación de dos mujeres que sobrevivieron al Patronato, Consuelo García del Cid y Paca Blanco, así como de la historiadora Carmen Guillén, autora de “Redimir y adoctrinar. El Patronato de protección a la mujer 1941-1985”, y de la coportavoz de Equo, Mar González, que ha ejercido de moderadora.
Reclaman el reconocimiento como víctimas de la dictadura
Diversos grupos parlamentarios han registrado en la Cámara Baja iniciativas para pedir al Ejecutivo que modifique la Ley de Memoria Democrática con el fin de que se reconozca formalmente como víctimas a las jóvenes internadas en los centros que este patronato mantuvo repartidos por todo el territorio nacional y que permanecieron en funcionamiento hasta 1985, siete años después de la entrada en vigor de la Constitución.
“No podemos hablar de democracia y Transición sin que esto se reconozca, se repare y se indemnice a estas mujeres”, ha manifestado Mar González, después de que Paca Blanco insistiera en la urgencia de que se materialice ese reconocimiento, teniendo en cuenta la avanzada edad de muchas de las afectadas.
“Por un lado no tenemos tiempo y es que, además, vienen dando. Más vale que lo hagamos antes de que vengan, porque si no luego imposible”, ha advertido Blanco, aludiendo a un posible cambio de Gobierno.
Un cierre sin debate público y años de olvido
Tal y como ha explicado la historiadora Carmen Guillén, el Patronato de Protección a la Mujer se extinguió prácticamente “de tapadillo” mediante la Ley de Presupuestos de 1985, la primera que suprimió la financiación que recibía del Ministerio de Justicia. No se produjo entonces ningún debate público sobre las condiciones de vida de las internas, y su clausura llegó tras las informaciones publicadas por “El País” a raíz de la muerte, en 1983, de una de las mujeres recluidas en el reformatorio de San Fernando de Henares (Madrid).
“Durante muchísimos años no se acordó nadie de que seguíamos encerradas”, ha denunciado Paca Blanco, que logró fugarse en varias ocasiones de la institución a la que la envió su propia familia por su carácter rebelde, por “roja”. Algo similar ocurrió con Consuelo García del Cid, internada también por decisión de su familia “facha”.
Ambas acabaron casándose para evitar ser devueltas a los centros religiosos, y en los dos casos lo hicieron con hombres que resultaron ser maltratadores. “Llevábamos un cartel de vulnerables, ya veníamos maltratadas”, ha subrayado Consuelo García.
Bebés robados y persecución más allá de los muros
Blanco ha relatado, además, cómo tras abandonar el patronato las “guardianas de la moral” continuaron vigilando su domicilio y la hostigaban con el fin de arrebatarle a su hija recién nacida, del mismo modo que, según sostienen, sucedía con las internas de centros como la maternidad de Peñagrande, en el Barrio del Pilar de Madrid, donde, aseguran, operaba una trama de “robo de bebés”.
Las participantes en la jornada han reclamado también que la historia del patronato se incorpore a los planes educativos para que las generaciones más jóvenes conozcan la existencia en España de una institución semejante al Asilo de las Magdalenas en Irlanda. En estos centros se encerraba a las consideradas “descarriadas”, se las sometía a explotación laboral y se las derivaba a manicomios como el de Ciempozuelos (Madrid), donde recibían electoshock como castigo y, en ocasiones, para “curar” su supuesto “lesbianismo”.