El PSOE confía en frenar la caída en Castilla y León pese a asumir que no gobernará

El PSOE busca frenar su caída en Castilla y León con un resultado ajustado al PP, aunque asume que PP y Vox seguirán gobernando la comunidad.

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El secretario general del PSOE de Castilla y León y candidato a la Presidencia de la Junta, Carlos Martínez Mínguez, y el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un acto de partido en León. Fernando Otero - Europa Press

El secretario general del PSOE de Castilla y León y candidato a la Presidencia de la Junta, Carlos Martínez Mínguez, y el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un acto de partido en León. Fernando Otero - Europa Press

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El PSOE se marca como objetivo contener la cadena de malos resultados de los últimos meses, tras los desplomes históricos en Extremadura y Aragón, en las elecciones autonómicas de Castilla y León del 15 de marzo, aun asumiendo internamente que las opciones de llegar al Gobierno autonómico son muy reducidas.

En Ferraz trabajan con el escenario de un marcador muy ajustado con el Partido Popular y de una recuperación del porcentaje de voto —hundido tras dos citas consecutivas en las que encadenaron su peor dato histórico—, un retroceso especialmente doloroso al producirse en territorios donde los socialistas han gobernado durante décadas y, en el caso de Extremadura, donde habían sido hegemónicos.

La dirección federal pretende así volver a proyectar la imagen de un partido competitivo y aspira a conseguirlo en una comunidad tradicionalmente complicada para la izquierda, en la que el electorado se inclina de forma habitual por las opciones conservadoras.

En la sede socialista manejan incluso sondeos internos que les colocan como primera fuerza por delante del PP de Alfonso Fernández Mañueco, si bien nadie en el partido contempla como realista la posibilidad de sumar más escaños que PP y Vox, que, casi con total seguridad, revalidarían el poder autonómico.

La izquierda, sin socios y con poco empuje

La ausencia de un partido bisagra y la debilidad de las formaciones a la izquierda del PSOE lastran a los socialistas en Castilla y León, donde ya lograron ser la lista más votada en 2019, cuando el entonces candidato Luis Tudanca (35 escaños) se impuso al PP de Mañueco (29). Aun así, el dirigente 'popular' retuvo la Junta gracias a un pacto con Ciudadanos.

Otras voces del PSOE reconocen sin rodeos lo complicado que resulta obtener un buen resultado pese a los flancos débiles que detectan en el presidente autonómico. Mañueco salió dañado por la gestión de los incendios del pasado mes de agosto, que arrasaron amplias zonas del territorio, con especial virulencia en las provincias de León y Zamora.

En el partido llegó a cundir la idea de que aquella crisis pasaría factura al PP en las urnas, pero el tiempo ha ido diluyendo ese impacto y el desgaste de Mañueco, muy visible el pasado otoño, se ha ido atenuando.

El CIS dibuja un empate entre PP y PSOE

Este viernes, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), presidido por José Félix Tezanos, difundió una encuesta preelectoral que apunta a un empate técnico: el PP sería primera fuerza con un 33,4% de los votos y el PSOE se quedaría muy cerca, con un 33,2%.

De acuerdo con ese sondeo, las autonómicas de Castilla y León también servirían para frenar la trayectoria ascendente de Vox —tras sus excelentes resultados en Extremadura y Aragón—, que perdería algo más de un punto respecto a los comicios celebrados hace cuatro años.

Sánchez liga el repunte a las generales

En las filas socialistas se ha evitado, por ahora, un examen de fondo sobre las causas de la caída en las urnas, y el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se limitó esta semana a señalar que sus votantes se encuentran en la abstención, pero que regresarían cuando llegue el momento de las elecciones generales, previstas para 2027.

El presidente de Castilla La Mancha, Emiliano García Page, único dirigente que mantiene una crítica abierta con la dirección federal, expresó estos días su inquietud por el efecto que el desgaste del Gobierno central puede tener sobre alcaldes y líderes autonómicos y reclamó adelantar las generales. "Que se acabe hundiendo toda la infantería para que siga existiendo cuartel general", expresó.

Para Page "los proyectos políticos están por encima de los intereses personales" y una posible convocatoria de elecciones tiene que hacerse "primero pensando en España".

Sánchez, por su parte, no se da por aludido, niega que su gestión perjudique a los candidatos territoriales y reivindica las políticas del Ejecutivo como principal argumento electoral. De hecho, este domingo protagonizará su primer acto de precampaña junto al candidato Carlos Martínez en Ponferrada (León).