El PSOE trabaja con sondeos internos que apuntan a un empate técnico con el PP en las elecciones de Castilla y León de este domingo 15 de marzo, aunque el reparto final de procuradores quedará en manos de unos pocos votos y de los restos en varias provincias donde se prevé un desenlace extremadamente ajustado.
En función de hacia qué partido se incline el último escaño en disputa en distintos territorios, los socialistas podrían situarse entre 29-30 representantes en el escenario más favorable --actualmente cuentan con 28-- o caer hasta los 26 en el peor de los supuestos, de acuerdo con varias fuentes del partido consultadas por Europa Press.
Hay “tres o cuatro escaños” que se están disputando PSOE, PP e incluso Vox y que condicionarán completamente la lectura del resultado: o bien una nueva derrota tras los malos datos en Extremadura y Aragón, o bien un desenlace que les permita aguantar en una comunidad tradicionalmente difícil para los socialistas tras cuatro décadas de hegemonía del PP.
En la dirección federal consideran que, si logran incrementar mínimamente su actual representación, podrá interpretarse como un desenlace aceptable para Ferraz, aunque dentro del partido reclaman prudencia. A su entender, solo serviría para “salvar la honra” y en ningún caso abriría una opción real de gobierno ante el previsible avance conjunto de PP y Vox.
Incluso si se confirmara el mejor de los panoramas que manejan en el cuartel general socialista, las fuentes consultadas insisten en que no puede calificarse de buen resultado si no permite articular una mayoría alternativa, y piden huir de discursos eufóricos como el de la Chunta Aragonesista de Jorge Pueyo en las autonómicas del 8 de febrero; que celebró por todo lo alto conseguir 6 escaños aunque no pudo evitar la mayoría de PP y Vox.
En el seno del PSOE, algunos dirigentes dan prácticamente por hecho que la formación de Santiago Abascal superará el 20% de los sufragios y reconocen que les está restando apoyo en áreas obreras y comarcas mineras, tradicional caladero socialista. Si Vox escala en apoyo, coinciden, erosionará al PP, pero si el crecimiento es muy intenso también acabará debilitando al propio PSOE.
Empate con el PP y efecto de la guerra
En Ferraz detectan este equilibrio con el PP de Alfonso Fernández Mañueco desde el pasado otoño y sostienen que el escenario apenas se ha movido desde entonces. A veces los socialistas aparecen ligeramente por delante y en otras ocasiones lo hacen los populares, pero sin diferencias significativas.
La campaña, fuertemente condicionada por la guerra de Irán, tampoco ha supuesto un giro en las tendencias, aunque los trackings internos reflejan una mayor movilización del electorado socialista y un pequeño repunte de Vox a costa del PP.
El aspirante del PSOE, Carlos Martínez, ha ganado notoriedad pública --aunque continúa por detrás de Mañueco-- y, según los datos que manejan en la sede federal, ha logrado empatar con el presidente autonómico en valoración ciudadana.
Sánchez y Zapatero, eje del mensaje pacifista
El secretario general, Pedro Sánchez, ha orientado sus intervenciones de campaña en esa clave. El pasado sábado en Soria --su primer mitin tras los ataques de Estados Unidos e Israel que desencadenaron el conflicto-- se situó ante una gran bandera de España para reivindicar el “patriotismo” del PSOE y del Gobierno con el “No a la guerra” frente al “servilismo” de PP y Vox ante Trump.
Con este planteamiento, intenta trasladar a los ciudadanos que la guerra perjudica especialmente a los trabajadores y tendrá costes económicos, y que el PSOE es la única fuerza que se enfrenta a una situación que, sostienen, no aporta nada positivo a los españoles. Además, reiteró que aprobará medidas y pondrá en marcha “todos los recursos del Estado” para proteger a los afectados.
Respecto al papel del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en la campaña, tras no participar en las de Extremadura y Aragón, en la dirección explican que han ido incorporando más actos a su agenda porque los primeros funcionaron muy bien y él mismo quería implicarse.
Subrayan que se trata de su tierra y que debía estar en el cierre junto a Sánchez, por la carga simbólica de ver a “dos hombres de paz”: uno que se opuso a la invasión de Irak promovida por George Bush en 2003 y el otro, que se presenta como némesis de Trump frente a la guerra en Irán.